CAPÍTULO 8
Comienzo · continuación 8
Vosotros me concebísteis A vuestro modo, y no estraño Lo grande, que esos conceptos Por fuerza han de ser milagros.
La imágen de vuestra idea Es la que habeis alabado, Y siendo vuestra es bien digna De vuestros mismos aplausos.
¡Celebrad ese de vuestra Propia aprension simulacro, Para que en vosotros mismos Se vuelva á quedar el lauro!
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[Illustration]
XXII.
(FRAGMENTOS.)
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Si es lícito y aun debido Este cariño que tengo, ¿Por qué me han de dar castigo Porque pago lo que debo? ¡Oh cuánta fineza! oh cuántos Cariños he visto tiernos! Que amor que se tiene en Dios Es calidad sin opuestos. De lo lícito no puede Hacer contrarios conceptos, Porque es amor que al olvido No puede vivir espuesto. Yo me acuerdo (oh nunca fuera!) Que he querido en otro tiempo, Lo que paso de locura Y lo que excedió de estremo. Mas como era amor bastardo Y de contrarios compuesto, Fué fácil desvanecerse De achaque de su ser mesmo; Mas ahora ¡ay de mí! está Tan en su natural centro, Que la virtud; razón Son quien aviva su incendio.
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¡Oh humana flaqueza nuestra A donde el mas puro afecto Aun no sabe desnudarse Del natural sentimiento!
Tan precisa es la apetencia Que á ser amados tenemos, Que aun sabiendo que es inútil Nunca dejarla sabemos.
Que corresponda á mi amor Nada añade; mas no puedo, Por mas que lo solicito, Dejar yo de apetecerlo.
Si es delito, ya lo digo; Si es culpa, ya la confieso; Mas no puedo arrepentirme Por mas que hacerlo pretendo.
Bien ha visto quien penetra Lo interior de mis secretos, Que yo misma estoy forjando Los dolores que padezco;
Bien sabe que soy yo misma Verdugo de mis deseos, Pues muertos entre mis ansias Tienen sepulcro en mi pecho.
Muero ¡quién creyera! á manos Del objeto que mas quiero, Y el motivo de matarme Es el amor que le tengo.
Así alimentando triste La vida con el veneno, La misma muerte que vivo Es la vida con que muero,
Pero valor, corazon, Porque á tan dulce tormento, En medio de cualquier suerte No dejar de amar protesto!
XXIII
_Fragmento del auto historial “El cetro de Josef”. La mujer de Putifar á Josef._
Espera, galan hebreo, Y si á obligarte no bastan Las prendas de mi belleza, Los adornos de mi gracia; Si en los rizos de mi pelo Los tesoros de la Arabia No te aprisionan, porque Son en fin cadenas blandas; Si de mis ojos los rayos, Si de mi frente la plata, Si en mi boca los rubíes, Si en mis mejillas el nácar No te mueven ni te incitan, Ni á que me enamores bastan, Porque son prendas caducas Que pagan al tiempo parias, Muévate una alma rendida, Que los tesoros del alma No pagan pension al tiempo Ni tributo á las mudanzas. No huyas, Josef, espera, Vuelve siquiera la cara; Mírame, que con la vista Tu fidelidad no manchas. Vuelve los ojos. _Josef._--No quiero, Que quien la vista no guarda, No guardará el corazon, Pues abre su puerta franca.
Lo que no le es al deseo Lícito, no es bien que haga Lícito á mis ojos yo; Que aunque el precepto no caiga Sobre el ver, como la vista Ministra especies al alma Que despierten el deseo Y que susciten su llama, Si yo una vez las recibo, Será imposible borrarlas Y difícil resistirlas; Y es muy necia confianza Que yo mismo á mi enemiga Admita dentro de casa. _Muj._ Pues ingrato, vive el cielo, Que supuesto que no bastan La terneza, ni el cariño A tu condicion ingrata, La ha de vencer la violencia, Y así de esta suerte..._Josef._--Aparta! Suéltame! _Mujer._--Cómo soltarte? Primero..._Josef._--El cielo me valga! _Profecía._ Ya te vale, porque el cielo Nunca á quien le invoca falta. Huye, Josef; porque Dios Solo á quien se guarda, guarda. _Muj._ Huyó el ingrato! y dejóme Solo en las manos la capa. Qué nuevo furor me incita? Ya todo el amor es rabia!
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XXIV.
_Lucha entre la virtud y la costumbre._
Miéntras la gracia me excita Por elevarme á la esfera, Mas me abate á lo profundo El peso de mis miserias.
La virtud y la costumbre En el corazon pelean, Y el corazon agoniza En tanto que lidian ellas.
Y aunque es la virtud tan fuerte, Temo que talvez la venza, Que es muy grande la costumbre, Y está la virtud muy tierna.
Oscurécese el discurso En tan confusas tinieblas; Pues ¿quién podrá darme luz, Si está la razon á ciegas?
De mí mesma soy verdugo Y soy cárcel de mí mesma: ¿Quién vió que pena y penante Una propia cosa sean?
Causo disgusto á lo mismo Que mas agradar quisiera, Y del disgusto que doy En mí resulta la pena.
Amo á Dios y siento en Dios, Y hace mi voluntad mesma De lo que es alivio, cruz, Del mismo puerto, tormenta.
Padezca, pues Dios lo manda; Mas de tal manera sea, Que si son las penas culpas, No sean culpas las penas.
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XXV.
_Elogio de María en el misterio de la Encarnacion._
Que hoy bajó Dios á la tierra, Es cierto: pero mas cierto Es que bajando á María Bajó Dios á mejor cielo.
Por obediencia del Padre Se vistió de carne el Verbo; Mas tal que le pudo hacer Comodidad el precepto.
Conveniencia fué de todos Este divino misterio, Pues el hombre de fortuna Mejoró, y Dios de asiento.
Su sangre le dió María A logro, porque á su tiempo La que recibe encarnando Restituya redimiendo.
Un arcángel á pedir Bajó su consentimiento, Guardándole en ser rogada De reina los privilegios.
¡Oh grandeza de María! Que cuando usa el Padre Eterno De dominio con su Hijo, Use con ella de ruego!
XXVI.
_Ave Regina cælorum._
¡Salve, Reina de los cielos, Y de los ángeles reina! ¡Salve de Jesé raiz Y de la luz clara puerta!
Gózate, Vírgen gloriosa, Sobre todas las mas bella; Vive la mas exaltada, Y por nos á Cristo ruega.
Para cantarte alabanzas Da dignidad á mi lengua, Y contra tus enemigos Dame tu virtud y fuerza.
Y tú, Señor poderoso, Concedédle por defensa El presidio de tu Madre A la fragilidad nuestra,
Para que con el auxilio De su maternal clemencia De nuestras iniquidades Levantemos la cabeza.
XXVII.
_A Cristo sacramentado, en el dia de la comunion._
Amante dulce del alma, Bien soberano á que aspiro, Tú que sabes las ofensas Castigar á beneficios;
Divino iman en que adoro, Hoy que propicio te miro, Que me influyes la osadía De poder llamarte mio;
Hoy que en union amorosa Imaginó tu cariño Que si no estabas en mí, Era poco estar conmigo;
Hoy que para examinar El amor con que te sirvo, Al corazon en persona Has penetrado tú mismo:
Pregunto ¿es amor ó celos Tan cuidadoso escrutinio? Que quien lo registra todo, Da de sospechar indicios.
Mas ¡ay bárbara ignorante! Y ¡qué de errores he dicho, Como si el estorbo humano Obstara al Lince divino!
Para ver los corazones No has menester asistirlos, Que para tí son patentes Las entrañas del abismo.
Con una intuicion presente Tienes en vuestro registro El infinito pasado Hasta el presente finito;
Luego no necesitabas Para ver el pecho mio, Si lo estás mirando sabio, Entrar á mirarlo fino.
XXVIII
_A San Pedro._
Del descuido de una culpa Un gallo, Pedro, os avisa; Que un irracional reprende A quien la razon olvida.
¡Qué poco la Providencia De instrumentos necesita, Pues á un apóstol convierte Con lo que un ave predica!
Exámen fué vuestra culpa Para vuestra prelacía, Que peligra de muy recto Quien de frágil no peligra.
Tímido mueve el impulso De la mano compasiva Quien en su castigo propio Tiene del dolor noticia.
En las agenas flaquezas Siempre la vuestra se os pinta, Y el estruendo del que cae Os recuerda la caida.
Así templan vuestros ojos Con la piedad la justicia, Cuando lloran como reos Lo que como jueces miran.
XXIX
_A Santa Catarina mártir._
(FRAGMENTOS.)
Un áspid al blanco pecho Aplicó amante Cleopatra: ¡Oh que escusado era el áspid A donde el amor estaba!
***
El pecho ofrece al veneno La valerosa gitana. Que no siente herir el cuerpo La que tiene herida el alma. Amor y valor imita, Pero mejora la causa Catarina, porque sea La imitación con ventaja: Porque no triunfase Augusto De la beldad soberana Se mata Cleopatra, y precia Mas que la vida la fama. Así Catarina heróica Tiende la ebúrnea garganta Al filo, porque el infierno No triunfe de su constancia. Infamia en Cleopatra ó muerte La dulce vida amenazan; Pero ella elige por ménos Mal la muerte que la infamia. Así mejor Catarina A las cortantes navajas Ofrece los miembros bellos, Y al triunfo aspira gallarda.
_En la profesion de una religiosa._
¿Qué puede escribir la pluma De asunto tan soberano, Si por mas que se remonte Siempre se le va por alto? Vosotros siempre felices, Celestiales cortesanos, Que de tan glorioso triunfo Gozais el eterno lauro, La piedad de vuestro Rey Celebrad con dulce canto, Que de unirse á una criatura Amoroso se ha dignado. Y vos, poderoso Rey, Que en vuestro tálamo sacro, La que esclava rescatásteis Esposa habeis coronado; Pues tanto os preciais de amante Y ostentais de tan bizarro, Que haceis gala lo rendido Y primor lo enamorado, Conservadla en tal grandeza, Sin que los viles humanos Bajos vapores se atrevan A empañar candores tantos.
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DECIMAS.
I.
_A una rosa._
(ALEGORIA.)
Cuida tu candor, que apura Al alba el primer albor; Pues tanto el riesgo es mayor, Cuanto es mayor la hermosura. No vivas de ella segura, Que si consientes errada Que te corte mano osada Por gozar beldad y olor, En perdiéndose el color Tambien serás desdichada.
¿Ves á aquel que mas indicia De seguro en su fineza? Pues no estima la belleza Mas de en cuanto la codicia. Huye su astuta caricia, Que si necia y confiada Te aseguras en lo amada, Te hallarás despues corrida; Que en llegando á poseida Tambien serás desdichada.
A ninguno tu beldad Entregues, que es sinrazon Que sirva tu perfeccion De triunfo á su vanidad; Goza la celebridad Comun, sin verte empleada En quien, despues de lograda, No te acierte á venerar; Que en siendo particular, Tambien serás desdichada.
II.
_Presto celos llorarás._
En vano tu canto suena; No adviertes en tu desdicha Que será el fin de tu dicha El principio de tu pena. El loco orgullo refrena De que tan ufano estás, Sin advertir, cuando das Cuenta al aire de tus bienes, Que si ahora dichas tienes, _Presto celos llorarás_.
En lo dulce de tu canto El justo temor te avisa, Que en un amante no hay risa Que no se alterne con llanto; No te desvanezca tanto El favor, pues te hallarás Burlado, y conocerás Cuanto es necio un confiado, Que si hoy blasonas de amado, _Presto celos llorarás_.
Advierte que el mismo estado Que al amante fervoroso Le constituye dichoso, Le amenaza desdichado; Pues le da tan alto grado Por derribarle, no mas; Y así tú que ahora estás En tal altura, no ignores Que si hoy ostentas favores, _Presto celos llorarás_.
La gloria mas elevada Que amor á tu dicha ordena, Contémplala como agena, Y tenla como prestada; No tu ambicion engañada Piense que eterno serás En las dichas, pues verás Que hay áspid entre las flores, Y que si hoy cantas favores, _Presto celos llorarás_.
III.
_El alma rendida por el amor._
(ALEGORIA.)
Cogióme sin prevencion Amor astuto y tirano; Con capa de cortesano Se me entró en el corazon: Descuidada la razon Y sin armas los sentidos, Dieron puerta inadvertidos, Y él por lograr sus antojos, Miéntras suspendió los ojos, Me saltëó los oidos.
Disfrazado entró y mañoso; Mas ya que dentro se vió, Del Paladion se salió Sin el disfraz engañoso; Pues con ánimo furioso Tomando las armas luego Se descubrió astuto griego, Que iras brotando y furores, Matando á los defensores, Puso á toda el alma fuego.
Y buscando en sus violencias En ella á Príamo fuerte, Dió al entendimiento muerte, Que era rey de las potencias; Y sin hacer diferencias De real ó plebeya grey, Haciendo general ley Murieron á sus puñales Los discursos racionales, Porque eran hijos del rey.
A Casandra su fiereza Buscó, y con modos tiranos Ató á la razon las manos, Que era del alma princesa: En prisiones su belleza, De soldados atrevidos Lamenta los no creidos Desastres, que adivinó; Pues por mas voces que dió No la oyeron los sentidos.
Todo el palacio abrasado Se ve y todo destruido; Deífobo allí mal herido Aquí Páris maltratado; Prende tambien su cuidado La modestia en Policena; Y en medio de tanta pena, Tanta muerte y confusion, A la ilícita aficion Solo reserva en Elena.
Y la ciudad, que vecina Fué al cielo, con tanto arder Solo guarda de su ser Los vestigios en la ruina. Todo el amor lo extermina, Y con ardiente furor Solo se oye entre el rumor Con que su crueldad apoya: “Aquí yace un alma Troya Vencida por el amor.”
IV.
_Con motivo de un presente._
Esta grandeza que usa Conmigo vuestra grandeza, Le está bien á mi pobreza, Pero muy mal á mi musa. Perdonádme si, confusa O sospechosa, me inquieta El juzgar que ha sido treta La que vuestro juicio trata, Pues quién me da tanta plata No me quiere ver poeta.
V.
_El error de una disculpa._
Tenazmente porfiado Intentas, Silvio, y molesto, Porque erraste lo compuesto, Componer lo que has errado. Yerro cometes doblado, Pues cuando mil tretas usas Con que confesar rehusas Y en que no hay culpa te cierras, Por escusar lo que yerras, Yerras todo lo que escusas.
VI.
_A una dama que temia el aojo._
Amarílis celestial, No el aojo te amedrente, Que tus ojos solamente Tienen poder de hacer mal: Pues si es alguna señal La con que dañan airados O matan envenenados Cuando indignados están, Los tuyos solo serán, Que son los mas señalados.
VII.
_Retrato de una belleza._
Tersa frente, oro el cabello, Cejas arcos, zafir ojos, Bruñida tez, labios rojos, Nariz recta, ebúrneo cuello, Talle airoso, cuerpo bello, Cándidas manos en que El cetro de amor se ve, Tiene Fili; en oro engasta Pié tan breve, que no gasta Ni un pié.
VIII.
_La razon contra el amor._
Dime, vencedor rapaz, Vencido de mi constancia, ¿Qué ha sacado tu arrogancia De alterar mi firme paz? Que aunque de vencer capaz Es la punta de tu arpon El mas duro corazon, ¿Qué importa el tiro violento, Si á pesar del vencimiento Queda viva la razon?
Tienes grande señorío, Pero tu jurisdiccion Domina la inclinacion, Mas no pasa al albedrío; Así librarme confio De tu loco atrevimiento, Pues aunque rendida siento Y presa la libertad, Se rinde la voluntad, Pero no el consentimiento.
En dos partes dividida Tengo el alma en confusion, Una esclava á la pasion, Y otra á la razon medida. Guerra civil encendida Aflige el pecho importuna; Quiere vencer cada üna, Y entre fortunas tan varias Morirán ambas contrarias, Mas no vencerá ninguna.
Cuando fuera, Amor, te via No merecí de ti palma, Y hoy que estás dentro del alma Es resistir valentía; Córrase, pues, tu porfía De los triunfos que te gano, Pues cuando ocupas tirano El alma sin resistillo, Tienes vencido el castillo, E invencible al castellano.
Invicta razon alienta Armas contra tu vil saña, Y el pecho es corta campaña A batalla tan sangrienta. Y así, Amor, en vano intenta Tu loco esfuerzo ofenderme, Pues podré decir al verme Espirar sin entregarme, Que conseguiste matarme, Mas no pudiste vencerme.
IX.