Obras selectas de Sor Juana Inés de la CruzSor Juana Inés de la Cruz

CAPÍTULO 7

Comienzo · continuación 7

Pues ¿de qué cargar sirviera De riquezas temporales, Si en llegando la tormenta Era preciso alijarse?

Con que por cualquiera de estas Razones, pues es bastante Cualquiera, estoy de pediros Inhibida por dos partes.

***

[Illustration]

XVIII

_A Fílis._

(FRAGMENTOS.)

***

Pues alentar esperanzas, Alegar merecimientos, Solicitar posesiones, Sentir sospechas y celos,

Es de bellezas vulgares Indigno bajo trofeo, Que en pretender ser vencidas Quieren fundar vencimientos;

Mal se acreditan deidades Con la paga, pues es cierto Que á quien el servicio paga No se debió el rendimiento;

Que distinta adoracion Se te debe á tí, pues siendo Indignos aun del castigo, Mal aspirarán al premio.

Yo, pues, mi adorada Fílis, Que tu deidad reverencio, Que tu desden idolatro Y que tu rigor venero:

Bien así cual mariposa Amante, que en tornos ciegos Es despojo de la llama, Por tocar su lucimiento:

Como el niño que inocente Aplica incauto los dedos, A la cuchilla, engañado Del resplandor del acero,

Y herida la tierna mano, Aun sin conocer su yerro, Mas que el dolor de la herida, Siente apartarse del reo.

***

Pero ¿para qué es cansarse? Como á ti, Fílis, te quiero, Que en lo que mereces, este Es solo encarecimiento.

Ser mujer ni estar ausente No es de amante impedimento, Pues sabes tú que las almas Distancia ignoran y sexo.

***

¡Oh! quién pudiera rendirte, No las riquezas de Creso, Que materiales tesoros Son indignos de tal dueño,

Sino cuantas almas libres, Cuantos arrogantes pechos, En fe de no conocerte Viven de tu yugo exentos!

***

Si crédito no me das, Dalo á tus merecimientos, Que es, si registras la causa, Preciso hallar el efecto.

¿Puedo yo dejar de amarte, Si tan divina te advierto? ¿Hay causa que no produzca? ¿Hay potencia sin objeto?

Vuelve á ti misma los ojos, Y hallarás en ti y en ellos, No solo el amor posible, Mas preciso el rendimiento.

***

[Illustration]

XIX.

_autora á su Mecénas, enviándole unos versos._

Ilustre Mecénas mio, Cuya nobleza é ingenio Es de ascendientes tan claros Una igualdad, otro exceso;

Vos en quien de los Alfonsos Se triplica lo perfecto, Pues se hallan en vuestras partes El Casto, el Sabio y el Bueno;

Vos á quien naturaleza En tan alto nacimiento Hizo agravio, mas que halago, En haceros caballero:

Pues fué por impedir solo El que, naciendo plebeyo, Lo que os negaba la sangre Consiguiese vuestro esfuerzo;

Vos que sobre tanta gala Teneis tanto entendimiento, Que anda siempre lo galan Vencido de lo discreto;

En cuya mesura admira Quien oye vuestros conceptos Que le deje lo ingenioso Tanto lugar á lo cuerdo;

Vos en cuya autoridad Se aviene tan bien lo atento, Que ni es vulgar lo apacible, Ni cansado lo severo,

Recibid aquestos rasgos, Que en mi rústico talento Fueron de tristeza y ocio Incultos divertimientos.

Esos que en ratos perdidos Formó el discurso travieso, Porque no tomase el juicio La residencia del tiempo;

Y porque no pareciese Que era en culpable sosiego Cesar de lo operativo, Descansar de la molesto,

Pasen por descuidos mios, Pues jamas pensé ponerlos Al exámen de los doctos Ni á la censura del pueblo;

Ni el que pasasen jamas Cupiera en mi pensamiento De la bajeza de mios A la elevacion de vuestros.

Mas, pues vos lo pedis, juzgo Que no es el dároslos yerro, Pues no es don muy corto el que Os tiene de costa el ruego.

Si el ir á vuestra censura Pareciere atrevimiento, Lo que peco en lo que exhibo Subsano en lo que obedezco.

Recibid, pues, de mi pluma Este tan debido obsequio, Que no doy lo que remito, Si remito lo que debo.

XX.

_Responde á un caballero peruano que la habia elogiado, y revela su nombre._

Allá va, aunque no debiera, Incógnito señor mio, La respuesta de portante A los versos de camino.

No debiera, porque cuando Se oculta el nombre, es indicio Que no habeis querido ser Hombre de nombre conmigo;

Por lo cual fallamos que Fuera muy justo castigo, Sin perdonaros por pobre, Dejaros por escondido.

Pero el diablo del romance Tiene en su oculto artificio En cada copla una fuerza, Y en cada verso un hechizo;

Tiene un agrado tirano, Que en lo blando del estilo El que suena como ruego Apremia como dominio;

Tiene una virtud, de quien El vigor penetrativo Se introduce en las potencias Sin pasar por los sentidos;

Tiene una altiva humildad Que con estruendo sumiso Se rinde para triunfar Con las galas de rendido;

Tiene qué sé yo que yerbas, Qué conjuros, qué exorcismos, Que ni los supo Medea, Ni Tesalia los ha visto;

Tiene unos ciertos sonsaques, Instrumentos atractivos, Garfios del entendimiento, Y del ingenio gatillos,

Que el raigon mas encarnado Del dictámen mas bien fijo Que haya de callar, harán Salir la muela y el grito;

Por esto como forzada, Sin saber lo que me digo, Os respondo como quien Escribe sin albedrio.

Vi vuestro romance, y Una vez y otras mil visto, Por mi fe jurada, que Juzgo que no habla conmigo.

Porque yo bien me conozco, Y no soy por quien se dijo Aquello de haber juntado Milagros y basiliscos.

Verdad es que acá á mis solas, En unos ratos perdidos, A algunas vueltas de cartas Borradas las sobrescribo;

Y para probar las plumas, Instrumentos de mi oficio, Hice versos, como quien Hace lo que hacer no quiso.

Pero esto no pasó de Consultar acá conmigo, Si podré entrar por fregona De las madamas del Pindo,

Y si beber merecia De los cristales nativos Castalios, que con ser agua Tienen efecto de vino,

Pues luego al punto levantan Unos flatos tan nocivos, Que dando al seso vaivenes Hacen columpiar el juicio;

De donde se ocasionaron Los traspieses que dió Ovidio, Los tropezones de Homero, Los vaguidos de Virgilio,

Y de todos los demas Que, fúnebres ó festivos, Conforme los tomó el Númen, Se han mostrado en sus escritos,

Entre cuyos jarros yo Busqué, por modo de vicio, Si les sobraba algun trago Del sabroso bebedizo;

Y, si no me engaño, hallé En el asiento de un vidrio, De una mal hecha infusion Los polvos mal desleidos.

No sé sobras de quien fueron; Pero, segun imagino, Fueron de un bribon aguado, Pues hace efectos tan frios.

Versifico desde entónces, Y desde entónces poetizo, Ya en Demòcritas risadas, Ya en Eráclitos gemidos.

Consulté á las nueve hermanas, Que con sus flautas y pitos Andan de una en otra edad Alborotando los siglos;

Híceles mi invocacion, Tal cual fué Apolo servido, Con necesitadas plagas Y con clamores mendigos.

Y ellas con piedad, de verme Tan hambrienta de ejercicios, Tan sedienta de conceptos, Y tan desnuda de estilos,

Ejercitaron las obras (Que nos manda el catecismo) De misericordia, viendo Que tanto las necesito.

Dióme la madama Euterpe Un retazo de Virgilio, Que cercenó desvelado, Porque lo escribió dormido;

Talía me dió unas nesgas Que sobraron de un corpiño De una tabernaria Escena Cuando la ajustó el vestido;

Melpómene una bayeta De una elegía que hizo Séneca, y que á Héctor sirvió De funesto frontispicio;

Urania, musa estrellera, Un astrolabio en que vido Las maulas de los planetas Y las tretas de los signos;

Y así todas las demas, Que con pecho compasivo Vestir al soldado pobre Quisieron jugar conmigo.

Ya os he dicho lo que soy, Ya he contado lo que he sido; No hay mas que lo dicho, si En algo vale mi dicho.

Con que se sigue que no Puedo ser objeto digno De los tan mal empleados Versos, cuanto bien escritos.

Y esto no es humildad, porque No es mi genio tan bendito Que no tenga mas filaucia Que cuatrocientos Narcisos.

Mas no es tan desbaratado, Aunque es tan desvanecido, Que presuma que merece Lo que nadie ha merecido.

De vuestra alabanza objeto No encuentro, en cuantos he visto, Quien pueda serlo, si ya No se celebrare él mismo.

Si Dios os hiciera humilde Como tan discreto os hizo, Y os ostentáseis de claro Como campais de entendido,

Yo en mi lógica vulgar Os pusiera un silogismo, Que os hiciera confesar Que este fué solo el motivo;

Y que cuando en mí empleais Vuestro ingenio peregrino, Es manifestar el vuestro Mas que celebrar el mio.

Conque quedándose en vos Lo que es solo de vos digno, Es una accion inmanente, Como verbo intransitivo;

Así yo no os agradezco, Pues solo quedo al oiros Deudora de lo enseñado, Pero no de lo aplaudido.

Y así sabed que no estorba El curioso laberinto En que, Dédalo escribano, Vuestro nombre ocultar quiso;

Aunque se quedó encerrado, Tiene tan claros indicios, Que si no es el _Mino-Tauro_, Se conoce el _Paulo-minus_.

Pues si la combinatoria, En que á veces _kirkerizo_, En el cálculo no engaña, Y se yerra en el guarismo.

Uno de los anagramas Que salen con mas sentido De su volumosa suma Que ocupara muchos libros,

Dice... Lo diré? Mas temo Que os enojaréis conmigo, Si del título os descubro La fe, como del bautismo.

Mas ¿cómo podré callarlo, Si he comenzado á decirlo, Y un secreto ya revuelto Puede dar un tabardillo?

Así, para no tenerle, Diré lo que dice, y digo Que es el _Conde de la Granja_. _Laus Deo._ Lo dicho, dicho.

[Illustration]

XXI.

_En reconocimiento á los autores europeos que elogiaron los versos de la poetisa._

(Fragmentos.)

***

¿De dónde á mí tanto elogio? ¿De dónde á mí encomio tanto? ¿Tanto pudo la distancia Añadir á mi retrato?

¿De qué estatura me haceis? ¿Qué coloso habéis labrado, Que desconoce la altura Del original lo bajo?

No soy yo la que pensais, Sino es que allá me habeis dado Otro ser en vuestras plumas, Y otro aliento en vuestros labios;

Y diversa de mí misma Entre vuestras plumas ando, No como soy, sino como Quisísteis imaginarlo.

A regiros por informes, No me hiciera asombro tanto, Que ya sé cuanto el afecto Sabe agrandar los tamaños;

Pero si de mis borrones Vísteis los humildes rasgos, Que del tiempo mas perdido Fueron ocios descuidados,

¿Qué os pudo mover á aquellos Mal merecidos aplausos? ¿Así puede á la verdad Arrastrar lo cortesano?

A una ignorante mujer, Cuyo estudio no ha pasado De ratos á la precisa Ocupación mal hurtados,

***

¿Se dirigen los elogios De los ingenios mas claros Que en púlpitos y en escuelas El mundo venera sabios?

¿Cuál fué la ascendiente estrella Que, dominando los astros, A mí os ha inclinado, haciendo Lo violento voluntario?

¿Qué mágicas infusiones De los indios herbolarios De mi patria, entre mis letras El hechizo derramaron?

¿Qué proporcion de distancia El sonido modulando De mis versos, hacer pudo Cónsono lo destemplado?

¿Qué siniestras perspectivas Dieron aparente ornato Al cuerpo compuesto solo De unos mal distintos trazos?

¡Oh cuántas veces, oh cuántas, Entre las ondas de tantos No merecidos loores, Elogios mal empleados!

¡Oh cuántas encandilada En tanto golfo de rayos, O hubiera muerto Faetonte, O Narciso, peligrado,

A no tener en mí misma Remedio tan á la mano, Como el conocerme, siendo Lo que los pies para el pavo!

Vergüenza me ocasionais Con haberme celebrado, Porque sacan vuestras luces Mis faltas á lo mas claro.

Un respiro entre páginas.

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