CAPÍTULO 6
Comienzo · continuación 6
La que se queja oprimida Del natural mas estrecho, Hace ostentacion de amada El que parece lamento.
De la triunfante hermosura Tiran el carro soberbio El desdichado con quejas, El celoso con despechos.
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XIII
_Al marques de la Laguna._
(FRAGMENTOS.)
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Vivid, y vivid discreto, Que es solo vivir felice; Pues dura y no vive quien No sabe apreciar que vive.
Si no sabe lo que tiene Ni goza lo que recibe, En vano blasona el jaspe El don de lo incorruptible.
No en lo diuturno del tiempo La larga vida consiste: Talvez del seso las canas Honran años juveniles.
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Las canas se han de buscar Antes que el tiempo las pinte, Que al que las pretende, alegran, Y al que las espera, afligen.
Quien para ser viejo espera Que los años se deslicen, Ni conserva lo que tiene, Ni lo que espera consigue;
Con lo cual casi al no ser Viene el necio á reducirse, Pues ni la vejez le llega, Ni la juventud le asiste.
Quien vive por vivir solo, Sin buscar mas altos fines, De lo viviente se precia, De lo racional se exime.
Y ni aun de la vida goza, Pues si bien llega á advertirse, _El que vive lo que sabe Solo sabe lo que vive_.
Quien llega necio á pisar De la vejez los confines, Vergüenza peina y no canas, No años, afrentas repite.
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[Illustration]
XIV
_La ciencia inútil._
Finjamos que soy feliz, Triste pensamiento, un rato; Quizá podreis persuadirme, Aunque yo sé lo contrario.
Que, pues solo en la aprension Dicen que estriban los daños, Si os imaginais dichoso No sereis tan desdichado.
Sírvame el entendimiento Alguna vez de descanso, Y no siempre esté el ingenio Con el provecho encontrado.
Todo el mundo es opiniones Y pareceres tan varios, Que lo que los unos negro, Los otros prueban que es blanco.
A unos sirve de atractivo Lo que otros conciben malo, Y lo que este por alivio Aquel tiene por trabajo.
El que está triste censura Al alegre de liviano, Y el que está alegre se enoja De ver al triste penando.
Los dos filósofos griegos Bien esta verdad probaron, Pues lo que en el uno risa Causaba en el otro llanto.
Célebre su oposicion Ha sido por siglos tantos, Sin que cual acertó este Hasta agora averiguado;
Antes en sus dos banderas El mundo todo alistado, Conforme el humor le dicta Sigue cada cual su bando.
Uno dice que de risa Solo es digno el mundo vario, Y otro que sus infortunios Solo son para llorados.
Para todo se halla prueba Y razon en qué fundarlo, Y no hay razon para nada, De haber razon para tanto.
Todos son iguales jueces, Y siendo iguales y varios, No hay quien pueda decidir Cuál es lo mas acertado.
Pues si no hay quien lo sentencie, ¿Porqué pensais vos errado Que os cometió Dios á vos La decision de los casos?
O ¿porqué contra vos mismo Severamente inhumano, Entre lo amargo y lo dulce Quereis elegir lo amargo?
Si es mio el entendimiento, ¿Porqué siempre he de encontrarlo Tan torpe para el alivio, Tan agudo para el daño?
El discurso es un acero Que sirve por ambos cabos: Para dar muerte la punta, El pomo para resguardo.
Si vos, sabiendo el peligro, Quereis por la punta usarlo, ¿Qué culpa tiene el acero Del mal uso de la mano?
No es saber, saber formar Discursos sutiles, vanos, Que el saber consiste solo En elegir lo mas sano.
Especular las desdichas Y examinar los presagios, Solo sirve de que el mal Crezca con anticiparlo.
En los trabajos futuros La atencion sutilizando, Mas formidable que el riesgo Suele fingir el amago.
¡Qué feliz es la ignorancia Del que indoctamente sabio Halla de lo que padece En lo que ignora sagrado!
También es vicio el saber; Que si no se va atajando, Cuando ménos se conoce Es mas nocivo el estrago;
Y si el vuelo no le abaten, En sutilezas cebado, Por cuidar de lo curioso Olvida lo necesario.
Si culta mano no impide Crecer al árbol copada, Quita la sustancia al fruto La locura de los ramos.
Si andar á nave ligera No estorba lastre pesado, El vuelo sirve á que sea El precipicio mas alto.
En amenidad inútil, ¿Qué importa al florido campo, Si no halla fruto el otoño, Que ostente flores el mayo?
¿De qué le sirve al ingenio El producir muchos partos, Si á la multitud se sigue El malogro de abortarlos?
Y á esta desdicha, por fuerza, Ha de seguirse el fracaso De quedar el que produce, Si no muerto, lastimado.
El ingenio es como el fuego, Que con la materia ingrato Tanto la consume mas Cuanto se ostenta mas claro.
Es de su propio señor Tan revelado vasallo, Que convierte en sus ofensas Las armas de su resguardo.
Este pésimo ejercicio, Este duro afan pesado, A los hijos de los hombres Dios dió para ejercitarlos.
¿Qué loca ambicion nos lleva De nosotros olvidados? Si es para vivir tan poco, ¿De qué sirve saber tanto?
¡Oh! si como hay de saber Hubiera algun seminario O escuela donde á ignorar Se enseñaran los trabajos!
¡Qué felizmente viviera El que flojamente cauto Burlara las amenazas Del influjo de los astros!
Aprendamos á ignorar, Pensamiento, pues hallamos Que cuanto añado al discurso, Tanto le usurpo á los años.
[Illustration]
XV.
_Dando las pascuas á la condesa de Paredes._
(FRAGMENTO.)
Allá van para que pases Gustosas pascuas, señora, Con aquestos _bobos_ versos Aquesas gallinas coplas.
Como quien soy te regalo, Como quien eres perdona, Y ambas habremos cumplido Con todo lo que nos toca.
Tú eres reina, yo tu hechura; Tú deidad, yo quien te adora; Tú eres dueño, yo tu esclava; Tú eres mi luz, yo tu sombra.
Yo no tengo que ofrecerte, Pues de mi misma persona, Por mas antiguo derecho Es tu hermosura acreedora.
Y si ahora quiero darme En retorno de tus honras, Será cometer un robo Por hacer una lisonja.
Y querer satisfacer La deuda á su propia costa, No es cumplir con la conciencia, Sino con la ceremonia.
Pero quien á las deidades Pone víctimas devotas, De los mismos beneficios Los beneficios retorna.
¿No es de las deidades todo? ¿A su influjo no se adornan De vida y sentido el bruto, Las plantas de frutas y hojas?
Con su beneficio el campo Doradas espigas brota, Pace el cordero y las plantas Destilan fragantes gomas.
Y no obstante vemos que Sobre sus aras se corta A aquel el cuello, y que el ámbar Es exhalado en aromas.
Pues así yo nuevamente A tus plantas generosas Mi esclavitud ratifico Con reiteradas memorias.
Recibe, divina Lisi, De una alma que se te postra El deseo de ser muchas, Porque de muchas dispongas.
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[Illustration]
XVI.
_Con ocasion de haberse sacado por suerte, en una diversion de año nuevo, un galan para cada dama._
(FRAGMENTO.)
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Empezó á sacar la suerte Con tal ajuste y destreza, Que hizo entónces el acaso Mas que la eleccion pudiera.
A don Juan salió Matilde, Cuyas dulces niñas bellas Son acreedoras de amor De las mas doradas flechas;
A don Miguel, Amarílis, Beldad en cuyas cadenas En dulce esclavitud gimen Tantas libertades presas;
A don Cárlos salió Julia, Para que en mejor esfera Sepa nueva astrologia, Que se incluye en dos estrella;
Silvia á Guevara, con cuya Belleza, donaire y prendas Es un desairado garbo La discrecion de una necia;
A don Luis le cupo Lisi, A don Adolfo, Marcela, A don Teobaldo, Felicha, Y á don Manuel salió Celia.
A vos, por sor mas galan, (Dicho en paz de todos sea, Pues no es bien llegue á los hombres La mujeril competencia)
Os cupo, claro se estaba, Lo peor, que es cosa cierta Que no se aviene Fortuna Jamas con naturaleza;
Antes enemiga siempre Y á su dictámen opuesta, Lo que ella desdeña, ampara, Lo que ella ampara, desdeña.
Yo juzgo que lo hace adrede Y no acaso, como piensan, Y que tiene en hacer mal Su poquito de advertencia;
Pues, al uso de las lindas, Anda forjando soberbia De méritos ultrajados Los triunfos de su grandeza.
Ella es Fálaris de gustos, Ella es Nerona de haciendas, Y hace de abrasadas Romas Luminarias en sus fiestas.
Mas no quiero murmurarla, Que no es razon que se entienda Que á quien debo un beneficio Le pago con una ofensa.
En la suerte, en fin, señor, Ella, como siempre ciega, Por serme á mí favorable, Anduvo con vos adversa:
Saliéronnos parecidas Las suertes, de esta manera, La vuestra como mi cara, La mia como la vuestra.
No os ofendió en esto nada, Pues ántes dispuso cuerda Que á vista de un mal empleo Resalten mas vuestras prendas:
No fuera el sol tan lucido Si á su dorada madeja Talvez por negras lazadas No adornaran nubes densas;
No ostentara el monte altivo Su robusta corpulencia, Si la bajeza del valle No exaltara su grandeza;
No saliera tan hermosa La aurora vertiendo perlas, Si no avivaran sus luces Los lejos de las tinieblas;
No campara de florida Lozana la Primavera, Si no viniera el Estio Pisando sus verdes huellas;
No presumiera en el prado De cándida la azucena, Si no la hiciera lucir Lo oscuro de la violeta.
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[Illustration]
XVII
_A doña María de Guadalupe Alencastre._
(FRAGMENTOS.)
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Desde la América enciendo Aromas á vuestra imágen,
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Desinteresada os busco, Que el afecto que os oplaude, Es aplauso á lo entendido Y no lisonja á lo grande;
Porque ¿para qué, señora, En distancia tan notable Habrán vuestras altiveces Menester mis humildades?
Y no he menester de vos Que vuestro favor me alcance Favores en el consejo, Amparo en los tribunales;
Ni que acomodeis mis deudos, Ni que ampareis mi linage, Ni que mi alimento sean Vuestras liberalidades:
Que yo, señora, nací En la América abundante, Compatrïota del oro, Paisana de otros metales;
A donde el comun sustento Se da casi tan de balde, Que en ninguna parte mas Se ostenta la tierra madre.
De la comun maldicion Libres parece que nacen Sus hijos, segun el pan No cuesta sudor y afanes.
Europa mejor lo diga, Pues há tanto que insaciable De sus abundantes venas Desangra los minerales.
Y cuantos el dulce lotos De sus riquezas les hace Olvidar los propios nidos, Despreciar los patrios lares;
Pues entre cuantos la han visto Se vé con claras señales Voluntad en los que quedan Y violencia en los que parten.
Demas de que en el estado Que Dios fué servido darme, Las riquezas solamente Sirven para despreciarse:
Que para volar segura De la religion la nave, Ha de ser la carga poca Y muy crecido el velamen;
Porque si algun contrapeso Pide para asegurarse, De humildad, no de riqueza, Ha menester hacer lastre.