CAPÍTULO 4
Comienzo · continuación 4
¿Nací yo acaso en las yerbas O criéme en las ortigas? ¿Fué mi ascendiente algun risco O mi cuna alguna sima?
¿No soy yo gente? ¿No es forma Racional la que me anima? ¿No desciendo, como todos, De Adan por muy recta línea?
¿No hay sindéresis en mí Con que lo mejor elija, Y ya que bien no lo entienda, Por lo ménos lo perciba?
Pues ¿porqué no he de ir á verte, Cuando todos te visitan? ¿Soy ave nocturna para No poder andar de dia?
Si porque estoy encerrada Me tienes por impedida, Para esos impedimentos Tiene el afecto sus limas.
Para el alma no hay encierro Ni prisiones que la impidan, Pues que solo la aprisionan Las que se forja ella misma.
Sutíl y ágil el deseo, No hay, cuando sus plumas gira, Solidez que no penetre Ni distancia que no mida.
Contento con mi carencia, Mi respeto sacrifica Por el culto que te doy El gusto que se me quita.
Entre el gusto y el decoro Quiere la razon que elija Lo que es adoracion tuya, Antes que la fruicion mia.
Yo me alegro de no verte, Porque fuera grosería Que te cueste una indecencia El que yo logre una dicha.
***
Allá voy á verte; pero Perdóname la mentira, Que mal puede ir á un lugar El que siempre en él habita.
Yo siempre de tu asistencia Soy la mental estantigua, Que te asisto, y no me sientes, Que te sirvo y no me miras.
Yo envidiosa de la esfera Dichosa que tu iluminas, Formo con mis pensamientos Las alfombras que tu pisas;
Y aunque invisible, allí el alma Te venera tan rendida, Que apénas logra el deseo Desperdicios de tu fimbria.
Mas cierto que del asunto Estoy mas de cuatro millas, Que leguas dijera, á no Ser el asonante en ía;
Revístome de dar años, Que aunque tan no apetecida Dádiva en las damas, es De la que tu necesitas;
Pero es tan breve el espacio De tu juventud florida, Que á otras se les darán años, Mas á tí se te dan dias.
Yo te los doy, y no pienses Que voy desapercibida De las alhajas que observa Hoy la etiqueta precisas;
Pues si de los años es Una cadena la insignia, Tengo la de ser tu esclava; Mira si hay otra mas rica.
Por joyel un corazon, Que en vez de diamantes brilla El fondo de mi fineza, El resplandor de mi dicha.
Góceslos como deseo, Como mereces los vivas, Que en lo que quiero y mereces Dos infinitos se cifran.
No quiero cansarte mas, Porque de que estés es dia Hermosa á mas no poder, Y de adrede desabrida.
VI
_A la misma condesa._
Sobre si era atrevimiento, Bella Elvira, responderte, Y sobré si tambien era Cobardía el no atreverme,
He pasado pensativa Sobre un libro y un bufete, Porque vayan otros sobres Sobre el amor que me debes,
No sé yo qué tantos dias; Porque como tu en tí tienes Reloj de sol, no hay quien mida Lo que vive ó lo que muere.
Y si no lo has por enojo, Despues que estaba el caletre Cansado asaz de pensar Y de revolver papeles,
Resuelta á escribirte ya En todos los aranceles De jardines y de luces, De estrellas y de claveles,
No hallé en luces ni en colores Comparacion conveniente, Que con mas de quince palmos A tu hermosura viniese;
Con ser que no perdoné Trasto que no revolviese En la tienda de Timántes Ni en el obrador de Apéles.
Pues á los poetas ¡cuánto Les revolví los afeites Con que hacen que una hermosura Dure, aunque al tiempo le pese!
En Petrarca hallé una copia De una Laura ó de una duende, Pues dicen que ser no tuvo Mas del que en sus versos tiene.
Cubierta como de polvo, Del griego una copia breve Hallé de Helena, de Homero Olvidada en un retrete.
Pues de Virgilio el coturno No dejó de entrenerse Con Elisa en el _quam Lae Ti te genuare parentes_.
A Proserpina en Claudiano Ni aun me diò gana de verle La su condenada faz Llena de hollines y peces.
De Lucrecia la romana, Aquella beldad valiente, Persuadiendo honor estaba A las matronas de allende.
Florinda vana decia A los moros alquiceles: “Tanto como España valgo, Pues toda por mí se pierden.”
Lavinia estaba callada, Dejando que allá se diesen Turno y el páter Enéas, Y despues, ¡viva quien vence!
En Josefo Marïamne, Al ver que sin culpa muere, Dijo: “Si me mata Heródes, Claro es que muero inocente.”
Angélica en Arïosto Andaba de hueste en hueste Alterando paladines Y descoronando reyes.
En Ovidio, como es Poeta de las mujeres, Hallé que al fin los pintores Eran como los quereses;
Y hallé á escoger como en peras Unas bellezas de á veinte, A lo de qué quereis, pluma, Que están diciendo, comedme;
En los prados mas que flores, En el campo mas que nieve, En las plantas mas que frutos, En las aguas mas que peces.
A la rubia Galatea Junto á la cándida Tétis, A la florida Pomona, Y á la chamuscada Céres;
A la gentil Aretusa, Y á la música Canente A la encantadora Circe Y á la desdichada Héles;
A la adorada Corónis, A la infelice Semele, A la agraciada Calixto Y á la jagtante Climene;
Y otra gran tropa de ninfas Acuátiles y silvestres, Sin las mondongas que á cuestas Guardaban los adherentes;
A la desdeñosa Dafne, A la infausta Nictimene, A la lijera Atalanta, Y á la celebrada Asterie;
Y en fin la casa del Mundo Que tantas pinturas tiene De bellezas vividoras Que están sin envejecerse,
Cuya dura fama el tiempo, Que todas las cosas muerde Con los bocados de siglos, No les puede entrar el diente,
Revolví, como ya digo, Sin que entre todas pudiese Hallar una que siquiera En el vestido os semeje.
Con que de comparaciones Desesperada mi mente Al _viste_ y al _así como_ Hizo ahorcar en dos cordeles;
Y sin tratar de pintarte, Sino solo de quererte, Porque esta aunque culpa, es culpa Muy fácil de cometerse;
Y esotro imposible, y culpa, Y mas que culpa, se temen De Icaro los precipicios Y de Faeton los vaivenes.
Mira ¡que vulgar ejemplo! Que hasta los niños de leche Faetonizan é icarizan La vez que se les ofrece.
Y en fin, no hallo que decirte, Sino solo que ofrecerte, Adorando tus favores, Las gracias de tus mercedes.
De ellos me conozco indigna; Mas eres sol y amaneces Por beneficio comun Para todos igualmente.
Por ellos, señora mia, Postrada beso mil veces La tierra que pisas, y Los pies, que no sé si tienes.
VII
_Desahogos del corazon._
A fuera, á fuera, ansias mias, No el respeto os embarace, Que es lisonja de la pena Perder el miedo á los males.
Salga el dolor á las voces, Si quiere mostrar lo grande, Y acredite lo insufrible Con no poder ocultarse.
Salgan signos á la boca De lo que el corazon arde, Que nadie creerá el incendio Si el humo no da señales.
No á impedir el grito sea El miramiento bastante, Que no es muy valiente el preso Que no quebranta la cárcel.
El que su cuidado estime Sus sentimientos no calle, Que es agravio del motivo No hacer del dolor alarde.
Mayor es que yo mi pena, Y esto supuesto, mas fácil Será que ella á mí me venza, Que no que yo en ella mande.
VIII
_un caballero que decia tener el pecho de nieve._
Allá va, Julio de Enero, Ese papel, no á tus manos, Sino al alma, que si es nieve, Será de mis tiros blanco.
Arma de loriga el pecho, Anima aliento bizarro, Y á puntas de mis desdenes Preven marmoreos reparos.
Dilata del corazon Los senos mas reservados, Y en inútiles defensas Dobla á mi favor el lauro.
Arma el alma de cordura, De sufrimiento el cuidado, De reflexion lo atrevido, Y de prudencia lo vano;
Que no bastará á librarte De mi desden irritado Ni las defensas del pecho, Ni los esfuerzos del brazo;
Pues llevo para rendirte Por ministros del estrago Enojo que brota furias, Desden que graniza rayos:
Yo que á la deidad montera Crezco el desdeñoso bando, A quien en desden excedo, Si en hermosura no igualo;
Yo que en diamantino pecho Guardo un corazon de mármol, Que aun en los tardos latidos Da escasas señas de humano;
Yo que en la tabla del tiempo Ejemplos mirando tantos, Hago resguardo presente Los infortunios pasados;
Yo á cuyos duros rigores, A cuyo desden helado Templa sus ardores Vénus, Afloja Cupido el arco,
A tí que de mi despego Pretendes ser el retrato, Sin advertir lo que dista Lo vivo de lo pintado,
Quizá porque así pretendes, Sagazmente temerario, Hacer á la semejanza Tercera del agasajo;
Porque talvez en el mundo Hay caprichos tan extraños, Que conceden al desprecio Lo que al amor le negaron.
¡Oh discurso irracional! ¿Que quepa en pechos humanos Lo que al exámen de un bruto Sale siempre condenado?
¿Qué fiera la mas furiosa, Terror del bosque y del campo, Si la sujeta la fuerza No la domestica el trato?
Si debí tan mal concepto, Julio, á tu sentir errado, A costa de tus desprecios Comprarás el desengaño.
Lo que es razon no es capricho, No es delito lo alentado, No es injusticia lo activo, Ni es culpa lo que es recato.
Si porque el amor se ofende Intentas disimularlo, Será doblada la ofensa Por amor y por engaño.
Que no es acertada enmienda, En términos cortesanos, Indicarse de grosero Por eximirse de honrado;
Si el amor por sí es plebeyo, No es medio proporcionado Querer que parezca noble Con un disfraz tan villano;
Y mas habiendo delitos De afectos tan encontrados; Que aunque es delito el hacerlos Es pundonor sustentarlos;
Que ya una vez proferidos Insultos de enamorados, Mejor que lo arrepentido Suele quedar lo obstinado.
Demas que si sé tu amor, ¿Qué importa que tus cuidados Los pronuncies como risa, Si los oigo como llanto?
Varias denominaciones A una misma cosa hallamos, Sin que la sustancia inmute Lo exterior de los vocablos.
Y así en tu dolor será, Cuando muestras desenfado, Mudar el nombre á la queja, Mas no mejorar el daño.
Si el fin que lleva la industria Es de conseguir mi agrado, Malograrás ofendiendo Lo que no alcanzaste amando.
Deja la imposible empresa, Si no quieres temerario Que se rematen castigos Los que avisos empezaron.
Ya, Julio, te he visto en juego; Juega limpio y habla claro, No me vistas de fineza Con apariencias de agravio;
Que ántes que amor en mi pecho El cetro empuñe tirano, Fuente me verá su fuego, Laurel me hallarán sus rayos;
Que aunque es verdad que castigo Del desden parece casto, Vencedor tronco ser quiero, Mas que vencida ser astro.
IX
_Entre la obligacion y el afecto_.
Supuesto, discurso mio, Que gozais en todo el orbe Entre aplausos de entendido De agudo veneraciones,
Mostradlo en el duro empeño En que mis ansias os ponen, Dando salida á mis ansias, Dando aliento á mis temores.
Empeño vuestro es el mio; Mirad que será desórden Ser en causa ajena agudo Y en la propia vuestra torpe;
Ved que es querer que las causas Con efectos desconformes Nieves el fuego congele, Que la nieve llamas brote.
Manda la razon de estado Que, atendiendo á obligaciones, Las partes de Fabio olvide, Las prendas de Silvio adore;
O que al ménos, si no puedo Vencer tan fuertes pasiones, Cenizas de disimulo Cubran amantes ardores;
Que vano disfraz las juzgo, Pues harán cuando mas obren Que no se mire la llama, No, que el ardor no se note.
¿Cómo podré yo mostrarme, Entre estas contradicciones, A quien no quiero, de cera, A quien adoro, de bronce?
¿Cómo el corazon podrá, Cómo sabrá el labio torpe Fingir halago, olvidando, Mentir, amando, rigores?
¿Cómo sufrir abatido Entre tan bajas acciones Que lo desmienta la boca Podrá un corazon tan noble?
¿Cómo la boca podrá, Cuando el corazon se enoje, Fingir cariños, faltando Quien le ministre razones?
¿Podrá mi noble altivez Consentir que mis acciones De nieve y de fuego sirvan A ser fábula del orbe?
Y yo doy que tanta dicha Tenga, que todos lo ignoren; Para pasar la vergüenza, ¿No basta que á mí me conste?
Que aquesto es razon me dicen Los que la razon conocen; Pues ¿cómo la razon puede Forjarse de sinrazones?
¿Qué te costaba, hado impio, Dar, al repartir tus dones, O los méritos á Fabio, O á Silvio las perfecciones?
Dicha y desdicha de entrambos, La suerte les descompone, Con que el uno su desdicha Y el otro su dicha ignore.
¿Quién ha visto que tan varia La fortuna se equivoque, Y que el dichoso padezca Porque el infelice goce?
No me conviene el ejemplo Que en el Mongibelo ponen, Que en él es natural gala, Y en mí violencia disforme;