CAPÍTULO 19
Comienzo · continuación 19
_Cast._--Daca, que es el dedo malo, Pues es él con quien encuentro. Y aquí, altísimos señores, Aquí, senado discreto “Los empeños de una casa” Dan fin. Perdonad sus yerros.
FIN DE LA COMEDIA.
_Carta de la muy ilustre señora Sor Filotea de la Cruz, que se imprimió con licencia del Ilmo. y Exmo. señor don Manuel Fernández de Santa Cruz, dignísimo obispo de los Angeles en la Puebla, año de 1690, en que aplaude á la poetisa la honesta é hidalga habilidad de hacer versos, mandándole dar á la estampa la Crísis sobre un sermon, con el título de “Carta atenagórica.”_
_Señora mia_:
He visto la carta de V. md. en que impugna las Finezas que de Cristo discurrió el R. P. Antonio de Vieira en el sermon del Mandato, con tanta sutileza que á los mas eruditos ha parecido que como otra águila de Ezequiel habia remontado á este singular talento sobre sí mismo, siguiendo la planta que formó ántes el Ilmo. César Menéses, ingenio de los primeros de Portugal; pero á mi juicio, quien leyere su Apología de V. md. no podrá negar que cortó la pluma mas delgada que ambos, y que pudieran gloriarse de verse impugnados por una mujer, que es honra de su sexo. Yo á lo ménos he admirado la viveza de los conceptos, la discrecion de sus pruebas y la enérgica claridad con que convence el asunto, compañera inseparable de la sabiduría: que por eso la primera voz que pronunció la Divina fué _luz_, porque sin claridad no hay voz de sabiduría. Aun la de Cristo, cuando hablaba altísimos misterios entre los velos de las parábolas, no se tuvo por admirable en el mundo; solo cuando habló claro mereció la aclamacion de saberlo todo. Este es uno de los muchos beneficios que debe V. md. á Dios, porque la claridad no se adquiere con el trabajo é industria; es don que se infunde con el alma.
Para que V. md. se vea en este papel de mejor letra, le he impreso, y para que reconozca los tesoros que Dios depositó en su alma y le sea, como mas entendida, mas agradecida; que la gratitud y el entendimiento nacieron siempre de un mismo parto. Y si, como V. md. dice en su carta, quien mas ha recibido de Dios está mas obligado á la correspondencia, temo se halle V. md. alcanzada en la cuenta; pues pocas criaturas deben á su Magestad mayores talentos en lo natural con que ejecuta el agradecimiento, para que si hasta aquí los ha empleado bien [que así lo debe creer de quien profesa tal religion] en adelante sea mejor.
No es mi juicio tan austero censor que esté mal con los versos, en que V. md. se ha visto tan celebrada, despues que Santa Teresa, el Nacianceno y otros santos canonizaron con los suyos esta habilidad; pero deseara que los imitara así como en el metro tambien en la eleccion de los asuntos. No apruebo la vulgaridad de los que reprueban en las mujeres el uso de las letras, pues tantas se aplicaron á este estudio, no sin alabanza de San Gerónimo. Es verdad que dice San Pablo que las mujeres no enseñen; pero no manda que las mujeres no estudien para saber; porque solo quiso prevenir el riesgo de la elacion en nuestro sexo, propenso siempre á la vanidad.
A Sarai le quitó una letra la Sabiduria divina, y puso una mas al nombre de Abrahan, no porque el varon ha de tener mas letras que la mujer, como sienten muchos, sino porque la i añadida al nombre de Sara, esplicaba temor y dominacion. _Señora mia_ se interpreta _Sarai_, y no convenia que fuese en la casa de Abrahan _señora_, la que tenia empleo de súbdita. Letras que engendran elacion, no las quiere Dios en la mujer; pero no las reprueba el Apóstol, cuando no sacan á la mujer del estado de obediente. Notorio es á todos que el estudio y saber han contenido á V. md. en el estado de súbdita, y la han servido de perfeccionar primores de obediente, pues si las demas religiosas por la obediencia sacrifican la voluntad, V. md. cautiva el entendimiento, que es el mas arduo y agradable holocausto que puede ofrecerse en las aras de la religion.
No pretendo segun este dictámen, que V. md. mude el genio, renunciando los libros, sino que le mejore leyendo alguna vez el de Jesucristo. Ninguno de los Evangelistas llamó libro á la genealogía de Cristo, sino es San Mateo, porque en su conversion no quiso este Señor mudarle de inclinacion sino mejorarla, para que si ántes, cuando publicano, se ocupaba en libros de sus tratos é intereses, cuando apóstol mejorase el genio, mudando los libros de su ruina en el libro de Jesucristo. Mucho tiempo ha gastado V. md. en el estudio de filósofos y poetas; ya será razon que se perfeccionen los empleos y se mejoren los libros. ¿Qué pueblo hubo mas erudito que el egipcio? En él empezaron las primeras letras del mundo, y se admiraron los geroglíficos. Por grande ponderacion de la sabiduría de Josef le llama la Santa Escritura consumado en la erudicion de los egipcios; y con todo esto, el Espíritu Santo dice abiertamente que el pueblo de los egipcios es bárbaro, porque toda su sabiduría, cuando mas, penetraba los movimientos de las estrellas y cielos; pero no servia para enfrenar los desórdenes de las pasiones. Toda su ciencia tenia por empleo perfeccionar al hombre en la vida política, mas no ilustraba para conseguir la eterna; y ciencia que no alumbra para salvarse, Dios que todo lo sabe la califica por necedad. Así lo sintió Justo Lipsio, pasmo de la erudicion, [estando vecino á la muerte, y á la cuenta, cuando el entendimiento está ilustrado] que consolándole sus amigos con los muchos libros que habia escrito de erudicion, dijo, señalando un Santo Cristo: _Ciencia que no es del Crucificado, es necedad y solo vanidad_.
No repruebo por esto la leccion de estos autores; pero digo á V. md. lo que aconsejaba Gerson: préstese V. md. no se venda ni se deje robar de estos estudios; esclavas son las letras humanas, y suelen aprovechar á las divinas; pero deben reprobarse cuando roban la posesion del entendimiento humano á la Sabiduría divina, haciéndose señoras las que se destinaron á la servidumbre. Comendables son cuando el motivo de la curiosidad, que es vicio, se pasa á la estudiosidad, que es verdad. A San Jerónimo le azotaron los ángeles, porque leia en Ciceron, arrastrado y casi no libre, prefiriendo el deleite de su elocuencia á la solidez de la Sagrada Escritura; pero loablemente se aprovechó este santo doctor de sus noticias y de la erudicion profana que adquirió en semejantes autores.
No es poco el tiempo que ha empleado V. md. en estas ciencias curiosas; pase ya como el gran Boecio á las provechosas, juntando á las sutilezas de la natural la utilidad de una filosofía moral. Lástima es que un tan grande entendimiento de tal manera se abata á las rateras noticias de la tierra, que no desee penetrar lo que pasa en el cielo; y ya que se humilla al suelo, que no baje mas abajo considerando lo que pasa en el infierno; y si gustare algunas veces de inteligencias dulces y tiernas, aplíquese su entendimiento al monte Calvario, donde viendo finezas del Redentor é ingratitudes del redimido, hallará gran campo para ponderar excesos de un amor infinito, y para formar apologías, no sin lágrimas, contra la ingratitud que llegó á lo sumo. ¡Oh qué útilmente otras veces se engolfará este rico galeon de su ingenio en la alta mar de las perfecciones divinas! No dudo que le sucedería á V. md. lo que á Apéles, que copiando el retrato de Campaspe, cuantas líneas corría con el pincel en el lienzo, tantas heridas hacía en su corazon la saeta del amor, quedando al mismo tiempo perfeccionado el retrato y herido mortalmente de amor del original el corazon del pintor.
Estoy muy cierta y segura que si Vmd. con los discursos vivos de su entendimiento formase y pintase una idea de las perfecciones divinas [cual se permite entre las tinieblas de la fe] al mismo tiempo se veria ilustrada de luces su alma, y abrasada su voluntad, y dulcemente herida del amor de su Dios, para que este Señor, que ha llovido tan abundantemente beneficios positivos en lo natural sobre Vmd. no se vea obligado á concederla beneficios solamente negativos en lo sobrenatural, que por mas que la discrecion de Vmd. los llame finezas, yo los tengo por castigos; porque solo es beneficio el que Dios hace al corazon humano, previniéndole con su gracia, para que le corresponda agradecido, disponiéndole con su beneficio reconocido, para que no represada la liberalidad divina, se los haga mayores. Esto desea á Vmd. quien desde que la besó, muchos dias ha, la mano, vive enamorada de su alma, sin que se haya entibiado este amor por la distancia ni el tiempo, porque el amor espiritual no padece achaques de mudanzas, ni le reconoce el que es puro sino es hácia el crecimiento. Su Majestad oiga mis sùplicas y haga á Vmd. muy santa, y me la guarde en toda prosperidad. Deste convento de la Santísima Trinidad de la Puebla de los Angeles, y noviembre 25 de 1690.
B. L. M. de Vmd. su afecta servidora. _Filotea de la Cruz._
_Respuesta de la poetisa á la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz._
Muy ilustre señora, mi señora:
No mi voluntad, mi poca salud y mi justo temor han suspendido tantos dias mi respuesta. ¿Qué mucho si al primer paso encontraba para tropezar mi torpe pluma dos imposibles? El primero [y para mí el mas rigoroso] es saber responder á vuestra doctísima, discretísima, santísima y amoresíma carta. Y si veo que si preguntado el Angel de las escuelas Santo Tomas de su silencio con Alberto Magno, su maestro, respondió: _Que callaba, porque nada sabia decir digno de Alberto_; ¿Con cuanta mayor razon callaría yo, no como el Santo, de humildad, sino que en realidad es no saber algo digno de vos? El segundo imposible es saber agradeceros tan excesivo como no esperado favor de dar á las prensas mis borrones; merced tan sin medida, que aun se le pasara por alto á la esperanza más ambiciosa y al deseo más fantástico, y que ni aun, como ente de razon, pudiera caber en mis pensamientos, y en fin, de tal magnitud que no solo no se puede estrechar á lo limitado de las voces, pero excede á la capacidad del agradecimiento, tanto por grande como por no esperado, que es lo que dijo Quintiliano: _Minorem spei, majorem benefacti gloriam per eunt._ Y tal que enmudecen al beneficio.
Cuando la felizmente estéril para ser milagrosamente fecunda madre del Bautista, vió en su casa tan desproporcionada visita, como la Madre de el Verbo, se le entorpeció el entendimiento y se le suspendió el discurso, y así, en vez de los agradecimientos, prorrumpió en dudas y preguntas: _Et unde hoc mihi?_ ¿De dónde á mí viene tal cosa? Lo mismo sucedió á Saul cuando se viò electo y ungido rey de Israel: _Numquid non filius ego sum de minima Tribu Israel &. cognatio mea inter omnes de Tribu Benjamin? Quare igitur locutus es mihi sermonem istum?_ Así yo diré: ¿De dónde, venerable señora, de dónde á mí tanto favor? ¿Por ventura soy más que una pobre monja, la más mínima criatura del mundo y la más indigna de ocupar vuestra atencion? Pues _Quare locutus es mihi sermonem istum? Et unde hoc mihi?_ Ni al primer imposible tengo más que responder, que no ser nada digno de vuestros ojos, ni al segundo más que admiraciones en vez de gracias, diciendo que no soy capaz de agradeceros la más mínima parte de lo que os debo. No es afectada modestia, señora, sino ingenua verdad de toda mi alma, que al llegar á mis manos impresa la carta, que vuestra propiedad llamó _Atenagórica_, prorumpí [con no ser esto en mí muy fácil] en lágrimas de confusion, porque me pareció que vuestro favor no era más que una reconvencion que Dios hace á lo mal que le correspondo, y que como á otros corrige con castigos, á mí me quiere reducir á fuerza de beneficios, especial favor de que conozco ser su deudora, como de otros infinitos de su inmensa bondad; pero tambien especial modo de avergonzarme y confundirme, que es más primoroso medio de castigar, hacer que yo mesma, con mi conocimiento, sea el juez que me sentencie y condene mi ingratitud. Y así, cuando esto considero, acá á mis salos suelo decir: _Bendito seais vos, Señor, que no solo no quisisteis en manos de otra criatura el juzgarme, y que ni aun en la mia lo pusisteis, sino que le reservasteis á la vuestra, y me librásteis á mí de mí y de la sentencia que yo misma me daria; que forzada de mi propio conocimiento, no pudiera ser ménos que de condenacion, y vos la reservásteis á vuestra misericordia porgue me amais más de lo que yo me puedo amar._
Perdonad, señora mia, la digresion, que me arrebató la fuerza de la verdad; y si la he de confesar toda, tambien es buscar efugios para huir la dificultad de responder, y cuasi me he determinado á dejarlo al silencio; pero como este es cosa negativa, aunque esplica mucho con el énfasis de no esplicar, es necesario ponerle algun breve rótulo para que se entienda lo que se pretende que el silencio diga; y si no, dirá nada el silencio, porque este es su propio oficio, _decir nada_. Fué arrebatado el Sagrado Vaso de Eleccion al tercer cielo, y habiendo visto los arcanos secretos de Dios, dice: _Audivi arcana Dei, quæ non licet homini loqui._ No dice lo que vió; pero dice que no lo puede decir; de manera que aquellas cosas que no se pueden decir, es menester decir siquiera _que no se pueden decir_, para que se entienda que el callar no es no haber que decir, sino es no caber en las voces lo mucho que hay que decir. Dice San Juan (_Cap. 21 v. 25_) que si hubiera de escribir todas las maravillas que obró nuestro Señor Jesucristo, no cupieran en todo el mundo los libros; y dice Vieira sobre este lugar que en solo esta cláusula dijo mas el Evangelista, que en todo cuanto escribiò; y dice muy bien el Fénix lucitano (pero cuándo no dice bien, aun cuando no dice bien?), porque aquí dice San Juan todo lo que dejó de decir, y expresó lo que dejó de expresar. Así yo, señora mia, solo responderé que no sé responder, solo agradeceré diciendo que no sé agradeceros, y diré [por breve rótulo de lo que dejo al silencio] que solo con la confianza de favorecida y con los valimientos de honrada me puedo atrever á hablar con vuestra grandeza. Si fuere necedad, perdonadla; pues es alhaja de la dicha, y en ella ministraré yo mas materia á vuestra benignidad, y vos dareis mayor forma á mi reconocimiento.
No se hallaba digno Moises, por balbuciente, para hablar con Faraon, y despues el verse tan favorecido de Dios le infunde tales alientos, que no solo habla con el mismo Dios, sino que se atreve á pedirle imposibles: _Ostende mihi faciem tuam_ (_Exod. Cap. 33. v. 13._) Pues así yo, señora mia, ya no me parecen imposibles los que puse al principio, á vista de lo que me favoreceis; porque quien hizo imprimir la carta tan sin noticia mia, quien la intituló, quien la costeó, quien la honró tanto, siendo del todo indigna por sí y por su autora, ¿qué no hará? ¿qué no perdonará? ¿qué dejará de hacer, y qué dejará de perdonar? Y así debajo del supuesto de que hablo con el salvoconducto de vuestros favores, y debajo del seguro de vuestra benignidad, y de que me habeis, como otro Asuero, dado á besar la punta del cetro de oro de vuestro cariño, en señal de concederme benévola licencia para hablar y proponer en vuestra venerable presencia; digo que recibo en mi alma vuestra santísima amonestacion de aplicar el estudio á libros sagrados, que aunque viene en trage de consejo, tendrá para mí sustancia de precepto, con no pequeño consuelo de que aun ántes parece que prevenia mi obediencia vuestra pastoral insinuacion, como á vuestra direccion, inferido en el asunto y pruebas de la misma carta. Bien conozco que no cae sobre ella vuestra cuerdísima advertencia, sino sobre lo mucho que habreis visto, de asuntos humanos que he escrito; y así lo que he dicho no es mas que satisfaceros con ella á la falta de aplicacion que habreis inferido [con mucha razon] de otros escritos mios; y hablando con mas especialidad, os confieso con la ingenuidad que ante vos es debida, y con la verdad y claridad que en mí siempre es natural y costumbre, que el no haber escrito mucho de asuntos sagrados no ha sido desaficion, ni de aplicacion la falta, sino sobra de temor, y reverencia debida á aquellas Sagradas Letras, para cuya inteligencia yo me conozco tan incapaz, y para cuyo manejo soy tan indigna; resonándome siempre en los oidos, con no pequeño horror, aquella amenaza y prohibicion del Señor á los pecadores como yo: _Quare tu enarras justitias meas, &. assumis testamentum meum per os tuum?_ [_Ps. 49. v. 16._]
Esta pregunta y el ver que aun á los varones doctos se prohibia el leer los Cantares hasta que pasaban de treinta años, y aun el Génesis, este por la obscuridad, y aquellos porque de la dulzura de aquellos epitalamios no tomase ocasion la imprudente juventud de mudar el sentido en carnales afectos, compruébalo mi gran padre San Gerónimo mandando que sea esto lo último que se estudie, por la misma razon: _Ad ultimun fine periculo discat Canticum Canticorum, ne si in exordio legerit sub carnabilus verbis spiritualium nuptiarum Epithalamium, non intelligens, vulneretur._ (_S. Hic. Ep. ad Let. ante finem._) Y Séneca dice: _Feneris in annis haut clara est fides_. (_Sen. de Benefic._) Pues ¿cómo me atrevería yo á tomarlo en mis indignas manos, repugnándolo el sexo, la edad y sobre todo las costumbres? Y así confieso que muchas veces este temor me ha quitado la pluma de la mano, y ha hecho retroceder los asuntos hácia el mesmo entendimiento de quien querian brotar; el cual inconveniente no topaba en los asuntos profanos, pues una heregía contra el arte no la castiga el Santo Oficio, sino los discretos con risa y los críticos con censura; y esta, _justa, vel injusta, timenda nos est_, pues deja comulgar y oir misa, por lo cual me da poco ó ningun cuidado, porque segun la mesma decision de los que lo calumnian, ni tengo obligacion de saber, ni aptitud para acertar: luego si lo yerro, ni es culpa ni es descrédito, pues no tengo posibilidad de acertar _y ad impossibilia nemo tenetur_. Y á la verdad, yo nunca he escrito sino violentada y forzada, y solo por dar gusto á otros, no solo sin complacencia, sino con positiva repugnancia, porque nunca he juzgado de mi que tenga el caudal de letras é ingenio que pide la obligacion de quien escribe, y así es la ordinaria respuesta á los que me instan (y mas si es asunto sagrado): ¿Qué entendimiento tengo yo? ¿qué estudio? ¿qué materiales? ¿ni qué noticias para eso, sino cuatro bachillerías superficiales? Dejen eso para quien lo entienda, que yo no quiero ruido con el Santo Oficio, que soy ignorante y tiemblo de decir alguna proposicion mal sonante, ó torcer la genuina inteligencia de algun lugar. Yo no estudio para escribir ni ménos para enseñar, que fuera en mí desmedida soberbia, sino solo por ver si con estudiar ignoro ménos. Así lo respondo, y así lo siento.
El escribir nunca ha sido dictámen propio, sino fuerza agena, que les pudiera decir con verdad: _Vos me coegistis_. Lo que sí es verdad, que no negaré (lo uno porque es notorio á todos, y lo otro aunque sea contra mí, me ha hecho Dios la merced de darme grandísimo amor á la verdad) que desde que me rayó la luz de la razon, fué tan vehemente y poderosa la inclinacion á las letras, que ni agenas reprehensiones (que he tenido muchas) ni propias reflexas (que he tenido no pocas) han bastado á que deje de seguir este natural impulso que Dios puso en mí; su Majestad sabe porqué y para qué, y sabe que le he pedido que apague la luz de mi entendimiento, dejando solo la que baste para guardar su ley, pues lo demas sobra (segun algunos) en una mujer; y aun hay quien diga que daña. Sabe tambien su Majestad que no consiguiendo esto, he intentado sepultar con mi nombre mi entendimiento, y sacrificarle solo á quien me le dió, y que no otro motivo me entró en religion, no obstante que al desembarazo y quietud que pedia mi estudiosa intencion, eran repugnantes los ejercicios y compañía de una comunidad; y despues en ella, sabe el Señor, y lo sabe en el mundo quien solo lo debió saber, lo que intenté en órden de esconder mi nombre, y que no me lo permitió, diciendo que era tentacion; y así seria. Si yo pudiera pagaros algo de lo que os debo, señora mia, creo que solo os pagara en contaros esto, pues no ha salido de mi boca jamás, excepto para quien debió salir. Pero quiero que con haberos franqueado de par en par las puertas de mi corazon, haciéndoos patentes sus mas sellados secretos, conozcais que no desdice mi confianza lo que debo á vuestra venerable persona y excesivos favores.
Prosiguiendo en la narracion de mi inclinacion (de que os quiero dar entera noticia) digo que no habia cumplido los tres años de mi edad, cuando enviando mi madre á una hermana mia, mayor que yo, á que se le enseñase á leer en una de las que llaman _Amigas_, me llevó á mí tras ella el cariño y la travesura; y viendo que la daban leccion, me encendí yo de manera en el deseo de saber leer, que engañando, á mi parecer, á la maestra le dije: _Que mi madre ordenaba me diese leccion_. Ella no lo creyó, porque no era creible; pero por complacer al donaire me la dió. Proseguí yo en ir y ella prosiguió en enseñarme, ya no de burlas, porque la desengañò la esperiencia, y supe leer en tan breve tiempo, que ya sabia, cuando lo supo mi madre, á quien la maestra lo ocultó por darle el gusto por entero y recibir el galardon por junta; y yo lo callé creyendo que me azotarian por haberlo hecho sin órden. Aun vive la que me enseñó, Dios la guarde, y puede testificarlo. Acuérdome que en estos tiempos, siendo mi golocina la que es ordinaria en aquella edad, me abstenia de comer queso, porque oi decir que hacia rudos, y podia conmigo mas el deseo de saber que el de comer, siendo este tan poderoso en los niños. Teniendo yo despues como seis años ó siete, y sabiendo ya leer y escribir, con todas las otras habilidades de labores y costuras que deprenden las mujeres, oi decir que habia Universidad y escuelas en que se estudiaban las ciencias, en Méjico; y apénas lo oi cuando empecé á matar á mi madre con instantes é importunos ruegos sobre que, mudándome el trage, me enviase á Méjico, en casa de unos deudos que tenia para estudiar y cursar la Universidad. Ella no lo quiso hacer (é hizo muy bien); pero yo despiqué el deseo en leer muchos libros varios que tenia mi abuelo, sin que bastasen castigos ni reprensiones á estorbarlo; de manera que cuando vine á Méjico se admiraban, no tanto del ingenio, cuanto de la memoria y noticias que tenia, en edad que parecia que apénas habia tenido tiempo para aprender á hablar. Empecé á deprender gramática, en que creo no llegaron á veinte las lecciones que tomé; y era tan intenso mi cuidado, que siendo así que en las mujeres (y más en tan florida juventud) es tan apreciable el adorno natural del cabello, yo me cortaba de él cuatro y seis dedos, midiendo hasta dónde llegaba ántes, é imponiéndome ley de que si cuando volviese á crecer hasta allí no sabia tal ó tal cosa, que me habia propuesto deprender en tanto que crecia, me lo habia de volver á cortar, en pena de rudeza. Sucedia así que él crecia y yo no sabia lo propuesto, porque el pelo crecia á priesa y yo aprendia de espacio, y con efecto le cortaba en pena de la rudeza; que no me parecia razon que estuviese vestida de cabellos cabeza que estaba tan desnuda de noticias, que era mas apetecible adorno. Entréme religiosa, porque aunque conocia que tenia el estado cosas (de las accesorias hablo, no de las formales) muchas de las repugnantes á mi genio, con todo, para la total negacion que tenia al matrimonio, era lo ménos desproporcionado y lo más decente que podia elegir, en materia de la seguridad que deseaba de mi salvacion; á cuyo primer respecto (como al fin más importante) cedieron y sujetaron la cerviz todas las impertinencillas de mi genio, que eran de querer vivir sola, de no querer tener ocupacion obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros. Esto me hizo vacilar algo en la determinacion, hasta que alumbrándome personas doctas de que era tentacion, la vencí con el favor Divino, y tomé el estado que tan indignamente tengo. Pensé yo que huia de mi misma; pero ¡miserable de mí! trájeme á mí conmigo, y traje mi mayor enemigo en esta inclinacion que no sé determinar si por prenda ó castigo me dió el Cielo, pues de apagarse ó embarazarse con tanto ejercicio que la religion tiene, reventaba como pólvora, y se verificaba en mí el _privatio es causa appetitus_.
Volví (mal dije, pues nunca cesé), proseguí, digo, en la estudiosa tarea (que para mí era descanso en todos los ratos que sobraban á mi obligacion) de leer y más leer, de estudiar y más estudiar, sin mas maestro que los mismos libros. Ya se ve cuan duro es estudiar en aquellos caracteres sin alma, careciendo de la voz viva y esplicacion del maestro; pues todo este trabajo sufria yo muy gustosa por amor á las letras; si hubiese sido por amor de Dios, que era lo acertado, cuánto hubiera merecido! Bien que yo procuraba elevarlo, cuanto podia, y dirigirlo á su servicio, porque el fin á que aspiraba era á estudiar Teología, pareciéndome menguada inhabilidad, siendo catòlica, no saber todo lo que en esta vida se puede alcanzar, por medios naturales, de los divinos misterios, y que siendo monja y no seglar debia, por el estado eclesiástico, profesar letras; y mas siendo hija de un San Jerónimo y de una Santa Paula, que era degenerar de tan doctos padres ser idiota la hija. Esto me proponia yo de mi misma, y me parecia razon; si no es que era (y esto es lo más cierto) lisonjear y aplaudir mi propia inclinacion, proponiéndola como obligatorio su propio gusto; con esto proseguí dirigiendo siempre, como he dicho, los pasos de mi estudio á la cumbre de la sagrada teología; pareciéndome preciso, para llegar á ella, subir por los escalones de las ciencias y artes humanas, porque ¿cómo entenderá el estilo de la reina de las ciencias, quien aun no sabe el de las ancillas?
¿Cómo sin lógica sabria yo los métodos generales y particulares con que está escrita la Sagrada Escritura? ¿Cómo sin retórica entenderia sus figuras, tropos y locuciones? ¿Cómo sin física tantas cuestiones naturales de las naturalezas de los animales, de los sacrificios, donde se simbolizan tantas cosas ya declaradas, y otras muchas que hay? ¿Cómo si el sanar Saul al sonido del arpa de David fué virtud y fuerza natural de la música, ó sobrenatural que Dios quiso poner en David? ¿Cómo sin aritmética se podrán entender tantos cómputos de años, de dias, de meses, de horas, de hebdómadas tan misteriosas como las de Daniel, y otras para cuya inteligencia es necesario saber las naturalezas, concordancias y propiedades de los números? ¿Cómo sin geometría se podrá medir el Arca Santa del Testamento y la ciudad de Jerusalen, cuyas misteriosas mensuras hacen un cubo con todas sus dimensiones, y aquel repartimiento proporcional de todas sus partes, tan maravilloso? ¿Cómo sin arquitectura el gran templo de Salomon, donde fué el mismo Dios el artífice que dió la disposicion y la traza, y el sabio rey solo fué sobrestante que la ejecutó, donde no habia basa sin misterio, columna sin símbolo, cornisa sin alusion, arquitrave sin significado; y así de otras sus partes, sin que el mas mínimo filete estuviese solo por el servicio y complemento el arte, sino simbolizando cosas mayores? ¿Cómo sin grande conocimiento de reglas y partes de que consta la historia se entenderán los libros historiales? ¿Aquellas recapitulaciones en que muchas veces se pospone en la narracion lo que en el hecho sucedió primero? ¿Cómo sin grande noticia de ambos derechos podrán entenderse los libros legales? ¿Cómo sin grande erudicion tantas cosas de historias profanas de que hace mencion la Sagrada historia? ¿Tantas costumbres de gentiles? tantos ritos? tantas maneras de hablar? ¿Cómo sin muchas reglas y lecciones de Santos Padres se podrá entender la oscura locucion de los profetas? Pues sin ser perito en la música ¿cómo se entenderán aquellas proporciones musicales y sus primores que hay en tantos lugares, especialmente en aquellas peticiones que hizo á Dios Abrahan por las ciudades, de que si perdonaria habiendo cincuenta justos? y de este número bajó á cuarenta y cinco que es _sesquinona_, y es de _mi_ á _re_; de aquí á cuarenta, es _sesquioctava_, y es como de _re_ á _mi_; de aquí á treinta, que es _sesquitercia_, que es la del _diatessaron_; de aquí á veinte, que es la proporcion _sesquialtera_, que es la del _diapente_; de aquí á diez que es la _dupla_, que es el diapason; y como no hay mas proporciones armónicas, no pasó de ahí. Pues ¿cómo se podia entender esto sin la música? Allá en el libro de Job le dice Dios: _Nunquid conjungere valebis micantes stellas pleyades, aut gyrum Areturi poteris dissipare? Nunquid producis Luciferum in tempore suo, &. Vesperum super filios Terce consurgere facis?_ Cuyos términos, sin noticia de astrología, será imposible entender. Y no solo estas nobles ciencias, pero no hay arte mecánica que no se mencione. Y en fin, como el libro que comprende tonos los libros, y la ciencia en que se incluyen todas las ciencias, para cuya inteligencia todas sirven; y despues de saberlas todas (que ya se ve que no es fácil, ni aun posible) pide otra circunstancia mas que todo lo dicho, que es una continua oracion y pureza de vida, para impetrar de Dios aquella purgacion de ánimo é ilustracion de mente que es menester para la inteligencia de cosas tan altas; y si esto falta, de nada sirve lo demas.
Del Angélico Doctor Santo Tomas dice la Iglesia estas palabras: _In difficultatibus locorum Sacrae Scripturœ ad orationem jejunium adhibebat. Quin etiam sodali suo Fratri Reginaldo dicere solebat, quidquid sciret, non tam studio, aut labore suo peperisse, quam divinitus traditum accepisse._ Pues yo tan distante de la virtud y las letras ¿cómo habia de tener ánimo para escribir? Y así por tener algunos principios grangeados, estudiaba continuamente diversas cosas, sin tener para alguna particular inclinacion, sino para todas en general; por lo cual el haber estudiado en unas mas que en otras, no ha sido en mi eleccion, sino que el acaso de haber topado mas á mano libros de aquellas facultades, les ha dado (sin arbitrio mio) la preferencia; y como no tenia interes que me moviese, ni límite de tiempo que me estrechase el continuado estudio de una cosa, por la necesidad de los grados, casi á un tiempo estudiaba diversas cosas, ó dejaba unas por otras; bien que en eso observaba órden, porque á unas llamaba estudio y á otras diversion; y en estas descansaba de las otras; de donde se sigue que he estudiado muchas cosas y nada sé, porque las unas han embarazado á las otras. Es verdad que esto digo de la parte práctica en las que la tienen, porque claro está que miéntras se mueve la pluma, descansa el compas, y miéntras se toca el arpa sosiega el órgano, _&. sic de cœteris_: porque como es menester mucho uso corporal para adquirir hábito, nunca le puede tener perfecto quien se reparte en varios ejercicios; pero en lo formal y especulativo sucede lo contrario, y quisiera yo persuadir á todos con mi esperiencia, á que no solo no estorban, pero se ayudan, dando luz y abriendo camino las unas para las otras, por variados y ocultos engaces que para esta cadena universal les puso la sabiduría de su Autor; de manera que parece se corresponden y están unidas con admirable trabazon y concierto. Es la cadena que siguieron los antiguos, que salia de la boca de Júpiter, de donde pendian todas las cosas eslabonadas unas con otras. Así lo demuestra el R. P. Atanasio Quirquerio en su curioso libro de _Magnete_. Todas las cosas salen de Dios, que es el centro á un tiempo y la circunferencia de donde salen y donde paran todas las líneas criadas.
Yo de mí puedo asegurar que lo que no entiendo en un autor de una facultad, lo suelo entender en otro de otra que parece muy distante; y esos propios, al esplicarse, abren ejemplos metafóricos de otras artes; como cuando dicen los lógicos que el medio se ha con los términos, como se ha una medida con dos cuerpos distantes, para conferir si son iguales ó no; y que la oracion del lógico anda como la línea recta por el camino mas breve, y la del retórico se mueve como la curva por el mas largo, pero van á un mismo punto los dos. Y cuando dicen que los expositores son como la mano abierta y los escolásticos como el puño cerrado; y así no es disculpa, ni por tal la doy, el haber estudiado diversas cosas, pues estas ántes se ayudan; sino que el no haber aprovechado ha sido ineptitud mia y debilidad de mi entendimiento, no culpa de la variedad; lo que si pudiera ser descargo mio, es el sumo trabajo, no en carecer de maestros, sino de condiscípulos con quienes conferir y ejercitar lo estudiado, teniendo solo por maestro un libro mudo, por condiscípulo un tintero insensible; y en vez de explicacion y ejercicio, muchos estorbos, no solo los de mis religiosas obligaciones (que estas ya se sabe cuan útil y provechosamente gastan el tiempo) sino de aquellas cosas accesorias de una comunidad, como estar yo leyendo, y antojárseles en la celda vecina tocar y cantar; estar yo estudiando, y pelear dos criadas y venirme á constituir juez de su pendencia; estar yo escribiendo, y venir una amiga á visitarme, haciéndome muy mala obra con muy buena voluntad; de donde es preciso no solo admitir el embarazo, pero quedar agradecida del perjuicio; y esto es continuamente, porque como los ratos que destino á mi estudio son los que sobran de lo regular de la comunidad, esos mismos les sobran á las otras para venirme á estorbar; y solo saben cuanta verdad es esta los que tienen esperiencia de la vida comun, donde solo la fuerza de la vocacion puede hacer que mi natural esté gustoso, y el mucho amor que hay entre mí y mis amadas hermanas, que como el amor es union, no hay para él estremos distantes.
En esto sí confieso que ha sido inesplicable mi trabajo, y así no puedo decir lo que con envidia oigo á otros, que no les ha costado afan el saber: ¡dichosos ellos! A mí no el saber (que aun no sé) solo el desear saber, me le ha costado tan grande que pudiera decir con mi padre San Gerónimo (aunque no con su aprovechamiento:) _Quid ibi laboris insumserim: quid sustinuerim difficultatis: quoties desperaverim: quotiesque cessaverim, &. contentione dicendi rursus incœperim; testis est conscientia tan mea, qui passus sum, quam corum, qui mecum duxerunt vitam._ Ménos los compañeros y testigos (que aun de ese alivio he carecido), lo demas bien puedo asegurar con verdad. Y ¡qué haya sido tal esta mi negra inclinacion, que todo lo haya vencido!
Solia sucederme que como, entre otros beneficios, debo á Dios un natural tan blando y tan afable, y las religiosas me aman mucho por él (sin reparar, como buenas, en mis faltas) y con esto gustan mucho de mi compañía; conociendo esto y movida del grande amor que las tengo, con mayor motivo que ellas á mi, gusto mas de la suya; así me solia ir, los ratos que á unas y á otras nos sobraban á consolarlas y recrearme con su conversacion. Reparé que este tiempo hacia falta á mi estudio, y hacia voto de no entrar en celda alguna, si no me obligase á ello la obediencia ó la caridad; porque sin este freno tan duro, al de solo propósito le rompiera el amor; y este voto (conociendo mi fragilidad) le hacia por un mes ó por quince dias; y dando, cuando se cumplia, un dia ó dos de treguas, lo volvia á renovar, sirviendo este dia no tanto á mi descanso (pues nunca lo ha sido para mí el no estudiar) cuanto á que no me tuviesen por áspera, retirada é ingrata al no merecido cariño de mis carísimas hermanas.
Bien se deja en esto conocer cual es la fuerza de mi inclinacion. Bendito sea Dios, que quiso fuese hácia las letras, y no hácia otro vicio, que fuera en mí casi insuperable; y bien se infiere tambien cuan contra la corriente han navegado (ó por mejor decir, han naufragado) mis pobres estudios. Pues aun falta por referir lo mas arduo de las dificultades, que las de hasta aquí solo han sido estorbos obligatorios y casuales, que indirectamente lo son; y faltan los positivos que directamente han tirado á estorbar y prohibir el ejercicio. ¿Quién no creerá, viendo tan generales aplausos, que he navegado viento en popa y mar en leche, sobre las palmas de las aclamaciones comunes? Pues Dios sabe que no ha sido muy así; porque entre las flores de esas mismas aclamaciones se han levantado y despertado tales áspides de emulaciones y persecuciones, cuantas no podré contar; y los que mas nocivos y sensibles me han sido, no son aquellos que con declarado odio y malevolencia me han perseguido, sino los que amándome y deseando mi bien (y por ventura mereciendo mucho con Dios por la buena intencion) me han mortificado y atormentado más que los otros con aquel: _No conviene á la santa ignorancia, que deben, este estudio; se ha de perder, se ha de desvanecer en tanta altura con su mesma perspicacia y agudeza._ ¿Qué me habrá costado resistir esto? ¡Rara especie de martirio, donde yo era el mártir y me era el verdugo! Pues por la (en mi dos veces infeliz) habilidad de hacer versos, aunque fuesen sagrados, ¿qué pesadumbres no me han dado? O ¿cuáles no me han dejado de dar? Cierto, señora mia, que algunas veces me pongo á considerar, que el que se señala, ó le señala Dios, que es quien solo lo puede hacer, es recibido como enemigo comun, porque parece á algunos que usurpa los aplausos que ellos merecen ó que hace estanque de las admiraciones á que aspiraban, y así le persiguen. Aquella ley políticamente bárbara de Aténas, por la cual salia desterrado de su república el que se señalaba en prendas y virtudes, porque no tiranizase con ellas la libertad pública, todavía dura, todavía se observa en nuestros tiempos, aunque no hay ya aquel motivo de los atenienses; pero hay otro no ménos eficaz, aunque no tan bien fundado, pues parece máxima del impío Maquiavelo, que es, aborrecer al que se señala, porque desluce á otros. Así sucede, y así sucedió siempre.
Y si no ¿cuál fué la causa de aquel rabioso odio de los Fariseos contra Cristo, habiendo tantas razones para lo contrario? Porque si miramos su presencia, ¿cuál prenda mas amable que aquella divina hermosura? ¿cuál mas poderosa para arrebatar los corazones? Si cualquiera belleza humana tiene jurisdiccion sobre los albedríos, y con blanda y apetecida violencia los sabe sugetar, ¿qué haria aquella con tantas prerogativas y dotes soberanos? ¿Qué haria? ¿qué moveria? Y ¿qué no moveria aquello incomprensible beldad, por cuyo hermoso rostro, como por un terso cristal, se estaban trasparentando los rayos de la Divinidad? ¿Qué no moveria aquel semblante, que sobre incomparables perfecciones en lo humano, señalaba iluminaciones de divino? Si el de Moises, de solo la conversacion con Dios, era intolerable á la flaqueza de la vista humana, ¿qué seria el del mismo Dios humanado? Pues si vamos á las demas prendas, ¿cuál mas amable que aquella celestial modestia, que aquella suavidad y blandura derramando misericordias en todos sus movimientos? ¿Aquella profunda humildad y mansedumbre? ¿Aquellas palabras de vida eterna y eterna sabiduría? Pues ¿cómo es posible que esto no les arrebatara las almas, que no fuesen enamorados y elevados tras él? Dice la Santa Madre, y madre mia Teresa, que despues que vió la hermosura de Cristo, quedó libre de poderse inclinar á criatura alguna, porque ninguna cosa veia que no fuese fealdad, comparada con aquella hermosura. Pues ¿Cómo en los hombres hizo tan contrario efecto? Y ya que como toscos y viles no tuvieran conocimiento ni estimacion de sus perfecciones, siquiera como interesables ¿no les moviera sus propias conveniencias y utilidades en tantos beneficios como les hacia, sanando los enfermos, resucitando los muertos, curando los endemoniados? Pues ¿cómo no le amaban? ¡Ay Dios, que por eso mismo le aborrecian! Así lo testificaron ellos mismos.
Júntanse en su concilio y dicen: _Quid facimus, quia hic homo multa signa facit?_ (_Juan. cap. 11. v. 47.)_ ¿Hay tal causa? Si dijeran: Este es un malhechor, un transgresor de la ley, un alborotador, que con engaños alborota al pueblo, mintieran, como mintieron cuando lo decian; pero eran causales mas congruentes á lo que solicitaban, que era quitarle la vida; mas dar por causal que hace cosas señaladas, no parece de hombres doctos, cuales eran los Fariseos. Pues así es que cuando se apasionan los hombres doctos prorumpen en semejantes inconsecuencias. En verdad, que solo por eso salió determinado que Cristo muriese. Hombres si es que así se os puede llamar, siendo tan brutos, ¿porqué es esa tan cruel determinacion? No responden más, sino que _multa signa facit_. ¡Válgame Dios! que el hacer cosas señaladas ¿es causa para que uno muera? Haciendo reclamo, á este: _multa signa facit_; á aquel: _O radix lesse, qui stas in signum populorum_; y al otro: _In signum cui contradicetur._ (_Isai. Cap. 11. v. 10._ _Luc. Cap. 2. v. 43._) ¿Por signo? Pues muera. ¿Señalado? Pues padezca, que ese es el premio de quien se señala. Suelen en la eminencia de los templos colocarse por adorno unas figuras de los vientos y de la fama, y por defenderlas de las aves, las llenan todas de puas; defensa parece, y no es sino propiedad forzada: no puede estar sin puas que la puncen quien está en alto: allí está la ojeriza del ave, allí el rigor de los elementos, allí despican la cólera los rayos, allí es el blanco de las piedras y flechas: ¡Oh infeliz altura, espuesta á tantos riesgos! ¡Oh signo que te ponen por blanco de la envidia y por objeto de la contradicion! Cualquiera eminencia, ya sea de dignidad, ya de nobleza, ya de riqueza, ya de hermosura, ya de ciencia, padece esta pension; pero la que con mas rigor experimenta es la del entendimiento, lo primero porque es el mas indefenso, pues la riqúeza y el poder castigan á quien se les atreve, y el entendimiento no, pues miéntras mayor es, es mas modesto y sufrido, y se defiende menos. Lo segundo es porque, como lo dijo doctamente Gracian, las ventajas del entendimiento, lo son en el ser. No por otra razon es el ángel mas que el hombre, que porque entiende mas; no es otro el exceso que el hombre hace al bruto, sino solo entender; y así como ninguno quiere ser menos que otro, así ninguno confiesa que otro entiende mas, porque es consecuencia del ser mas. Sufrirá uno y confesará que otro es mas noble que él, que es mas rico, que es mas hermoso, y aun que es mas docto; pero que es mas entendido, apénas habrá quien lo confiese: _Rarus est, qui velit cedere ingenio._ Por eso es tan eficaz la batería contra esta prenda.
Cuando los soldados hicieron burla, entretenimiento y diversion de nuestro Señor Jecristo, trajeron una púrpura vieja y una caña hueca y una corona de espinas para coronarle por rey de burlas. Pues ahora, la caña y la pùrpura eran afrentosas, pero no dolorosas; pues ¿por qué solo la corona es dolorosa? ¿No basta que, como las demas insignias, fuese de escarnio é ignomia, pues ese era el fin? No, porque la sagrada cabeza de Cristo, y aquel divino cerebro, eran depósito de sabiduría; y cerebro sabio en el mundo, no basta que esté escarnecido, ha de estar tambien lastimado y maltratado; cabeza que es erario de sabiduría, no espere otra corona que de espinas. ¿Cuál guirnalda espera la sabiduría humana, si ve la que obtuvo la divina? Coronaba la soberbia Roma las diversas hazañas de sus capitanes tambien con diversas coronas: ya con la cívica al que defendia al ciudadano, ya con la castrense al que entraba en los reales enemigos, ya con la mural al que escalaba el muro, ya con la obsidional al que libraba la ciudad cercada ó el ejército sitiado, ó el campo en los reales, ya con la naval, ya con la oval, ya con la triunfal otras hazañas, segun refieren Plinio y Aulo Gelio; mas viendo yo tantas diferencias de coronas, dudaba de cual especie seria la de Cristo; y me parece que fué la obsidional, que (como sabeis, señora), era la más honrosa, y se llamaba obsidional, de _obsidio_, que quiere decir cerco; la cual no se hacia de oro ni plata sino de la misma grama ó yerba que cria el campo en que se hacia la empresa; y como la hazaña de Cristo fué hacer levantar el cerco al príncipe de las tinieblas, el cual tenia sitiada toda la tierra, como lo dice en el libro de Job: _Circuivi terram, & ambulavi per eam_ (_Job. cap. 1. v. 7._) Y de él dice San Pedro: _Circuit quœrens, quem devoret_; (_Ep. Petri, Cap. 5. v. 8_), y vino nuestro caudillo y le hizo levantar el cerco: _Nunc Princeps huius mundi ejicietur foras_: así los soldados le coronaron, no con oro ni plata, sino con el fruto natural que producia el mundo, que fué el campo de la lid; el cual despues de la maldicion, _spinas, & tribulos germinavit tibi_, (_Joan Cap. 12, v. 30._ _Gen. Cap. 3, v. 18._) no producia otra cosa que espinas; y así fué propísima corona de ellas, en el valeroso y sabio vencedor, con que le coronó su madre la Sinagoga. Saliendo á ver el doloroso triunfo, como al del otro Salomon festivas, á este llorosas las hijas de Sion, porque es triunfo de sabio obtenido con dolor y celebrado con llanto, que es el modo de triunfar la sabiduría; siendo Cristo, como rey de ella, quien estrenó la corona, porque santificada en sus sienes se quite el horror á los otros sabios y entiendan que no han de aspirar á otro honor.
Quiso la misma vida ir á dar la vida á Lázaro difunto; ignoraban los discípulos el intento y le replicaron: _Rabbi, nune quærebant te Judæi lapidare: & iterum vadis illuc?_ (_Joan, Cap. 1, v. 8._) Satisfizo el Redentor el temor: _Nonne duodecim sunt horæ diei?_ Hasta aquí parece que temian, porque tenian el antecedente de quererle apedrear, porque les habia reprendido, llamándoles ladrones y no pastores de las ovejas. Y así temian que si iba á lo mesmo [como las reprensiones, aunque sean justas, suelen ser mal reconocidas] corriese peligro su vida; pero ya desengañados, y enterados de que va á dar vida á Lázaro, ¿cuál es la razon que pudo mover á Tomas para que tomando aquí los alientos, que en el Huerto Pedro: (_Eamus & nos ut moriamur cum eo?_) ¿Qué dices, Apóstol santo? á morir no va el Señor ¿de qué es el recelo? Porque á lo que Cristo va, no es á reprender, sino á hacer una obra de piedad, y por esto no le pueden hacer mal. Los mismos judios os podian haber asegurado, pues cuando los reconvino, queriéndole apedrear: _Multa bona opera ostendi robis ese Patre meo, propter quod eorum opus me lapidastis? le respondieron: De bono opere non lapidamus te, sed de blasphemia_ (_Joan c. 10, v. 32. 33._) Pues si ellos dicen que no le quieren apedrear por las buenas obras, y ahora va á hacer una tan buena, como dar vida á Lázaro, ¿de qué es el recelo? ó por qué? ¿No fuera mejor decir: Vamos á gozar el fruto del agradecimiento de la buena obra que va á hacer nuestro Maestro? ¿á verle aplaudir y rendir gracias al beneficio? ¿á ver las admiraciones que hacen del milagro? Y no decir, al parecer, una cosa tan fuera del caso, como es: _Eamus cum eo._ Mas ¡ay! que el Santo temió como discreto y habló como apóstol. ¿No va Cristo á hacer un milagro? Pues ¿qué mayor peligro? Ménos intolerable es para la soberbia oir las reprensiones, que para la envidia ver los milagros. En todo lo dicho, venerable señora, no quiero (ni tal desatino cupiera en mí) decir que me han perseguido por saber, sino solo porque he tenido amor á la sabiduría y á las letras, no porque haya conseguido ni uno ni otro.
Hallábase el Príncipe de los apóstoles en un tiempo tan distante de la sabiduría, como pondera aquel enfático _Petrus vero sequebatur eum á longe_. Tan léjos de los aplausos de docto, quien tenia el título de indiscreto: _Nesciens quid diceret._ Y aun examinado del conocimiento de la sabiduría, dijo él mesmo que no habia alcanzado la menor noticia: _Mulier nescio quid dicis: mulier, non novi illum._ Y ¿qué les sucede? Que teniendo estos créditos de ignorante, no tuvo la fortuna, si las aflicciones de sabio. ¿Por qué? No se dió otra causal sino: _Et hic cum illo erat._ Era afecto á la sabiduría, llevábale el corazon, andábase tras ella, preciábase de seguidor y amoroso de la sabiduría; y aunque era tan _longé_ que no le comprendia ni alcanzaba, bastó para incurrir en sus tormentos. Ni faltó soldado de fuera que no le afligiese, ni mujer doméstica que no le aquejase. Yo confieso que me hallo muy distante de los términos de la sabiduría y que la he dejado seguir, aunque á _longé_; pero todo ha sido acercarme mas al fuego de la perfeccion, al crisol del tormento; y ha sido con tal estremo, que han llegado á solicitar que se me prohiba el estudio.
Una vez lo consiguieron con una prelada muy santa y muy cándida, que creyó que el estudio era cosa de inquisicion, y me mandó que no estudiase. Yo la obedecí [unos tres meses que duró el poder ella mandar] en cuanto á no tomar libro, que en cuanto á no estudiar absolutamente, como no cae debajo de mi potestad, no lo pude hacer, porque aunque no estudiaba en los libros, estudiaba en todas las cosas que Dios crió, sirviéndome ellas de letras, y de libro toda la máquina universal. Nada veia sin reflexa, nada oia sin consideracion, aun en las cosas mas menudas y materiales; porque como no hay criatura, por baja que sea, en que no se conozca el _me fecit Deus_, no hay alguna que no pasme el entendimiento, si se considera como se debe. Así yo [vuelvo á decir] las miraba y admiraba todas; de tal manera que de las mismas personas con quienes hablaba, y de lo que me decian, me estaban resultando mil consideraciones: ¿de dónde emanaria aquella variedad de genios é ingenios, siendo todos de una especie? ¿Cuáles serian los temperamentos y ocultas cualidades que lo ocasionaban? Si veia una figura, estaba combinando la proporcion de sus líneas, y midiéndola con el entendimiento, y reduciéndola á otras diferentes. Paseábame algunas veces en el testero de un dormitorio nuestro [que es una pieza muy capaz] y estaba observando que siendo las líneas de sus dos lados paralelas y su techo á nivel, la vista fingia que sus líneas se inclinaban una á otra, y que su techo estaba mas bajo en lo distante que en lo próximo; de donde inferia que las líneas visuales corren rectas, pero no paralelas, sino que van á formar una figura piramidal. Y discurria ¿si seria esta la razon que obligò á los antiguos á dudar si el mundo era esférico ó no? Porque aunque lo parece, podia ser engaño de la vista, demostrando concavidades donde pudiera no haberlas.
Este modo de reparos en todo me sucedia y sucede siempre, sin tener yo arbitrio en ello, que ántes me suelo enfadar, porque me cansa la cabeza; y yo creia que á todos les sucedia esto mismo, y el hacer versos, hasta que la esperiencia me ha mostrado lo contrario; y es de tal manera esta naturaleza ó costumbre, que nada veo sin segunda consideracion. Estaban en mi presencia dos niñas jugando con un trompo, y apénas yo ví el movimiento y la figura, cuando empecé con esta mi locura á considerar el fácil motu de la forma esférica; y como duraba el impulso, ya impreso é independiente de su causa, pues distante la mano de la niña, que era la causa motiva, bailaba el trompillo; y no contenta con esto hice traer harina y cernerla, para que en bailando el trompo encima se conociese si eran círculos perfectos ó no los que describia con su movimiento; y hallé que no eran sino unas líneas espirales que iban perdiendo lo circular cuando se iba remitiendo el impulso. Jugaban otras los alfileres [que es el mas frívolo juego que usa la puerilidad] y yo me llegaba á contemplar las figuras que formaban; y viendo que acaso se ponian tres en triángulo, me ponia á enlazar uno en otro, acordándome de que aquella era la figura que dicen tenia el misterioso anillo de Salomon, en que habia unas lejanas luces y representaciones de la Santísima Trinidad, en virtud de lo cual obraba tantos prodigios y maravillas; y la misma que dicen tuvo el arpa de David, y que por eso sanaba Saul á su sonido; y casi la misma conservan las arpas en nuestros tiempos.
Pues ¿qué os pudiera contar, señora, de los secretos naturales que he descubierto estando guisando? Ver que un huevo se une y frie en la manteca ó aceite; y por contrario se despedaza en el almíbar; ver que para que el azúcar se conserve fluido, basta echarle un muy mínima parte de agua, en que haya estado membrillo ú otra fruta agria; ver que la yema y clara de un mismo huevo son tan contrarias, que en los unos que sirven para el azúcar, sirve cada una de por sí, y juntas no. Por no cansaros con tales frialdades, que solo refiero por daros entera noticia de mi natural, y creo que os causarán risa... Pero, señora, ¿qué podemos saber las mujeres, sino filosofías de cocina? Bien dijo Supercio Leonardo: _Que bien se puede filosofar y aderezar la cena_. Y yo suelo decir, viendo estas cosillas: _Si Aristóteles hubiera guisado, mucho mas hubiera escrito_. Y prosiguiendo en mi modo de cogitaciones, digo, que esto es tan continuo en mí, que no necesito de libros; y en una ocasion que por un grave accidente de estómago me prohibieron los médicos el estudio, pasé así algunos dias; y luego les propuse que era ménos dañoso el concedérmelos, porque eran tan fuertes y vehementes mis cogitaciones, que consumian mas espíritus en un cuarto de hora, que el estudio de los libros en cuatro dias; y así se redujeron á concederme que leyese; y mas, señora mia, que ni aun el sueño se libró de este continuo movimiento de mi imaginativa, ántes suele obrar en él mas libre y desembarazada, confiriendo con mayor claridad y sosiego las especies que ha conservado del dia; arguyendo, haciendo versos, de que os pudiera hacer un catálogo muy grande, y de algunas razones y delgadezas que he alcanzado dormida mejor que despierta; y las dejo por no cansaros, pues basta lo dicho para que vuestra discrecion y trascendencia penetre y se entere perfectamente en toda mi natural, y del principio, medios y estado de mis estudios.
Si estos, señora, fueran méritos (como los veo por tales celebrar en los hombres) no lo hubieran sido en mí, porque obra necesariamente; si son culpa, por la misma razon creo que no la he tenido; mas con todo, vivo siempre tan desconfiada de mí, que ni en esto ni en otra cosa me fio de mi juicio; y así remito la decision á ese soberano talento, somefiéndome luego á lo que sentenciare, sin contradiccion ni repugnancia, pues este no ha sido mas de una simple narracion de mi inclinacion á las letras. Confieso tambien que con ser esto verdad tal, que (como he dicho) no necesitaba de ejemplares, con todo, no me han dejado de ayudar los muchos que he leido, así en divinas como en humanas letras. Porque veo á una Débora dando leyes, así en lo militar como en lo político, y gobernando el pueblo donde habia tantos varones doctos. Veo una sapientísima reina de Sabá, tan docta que se atreve á tentar con enigmas la sabiduría del mayor de los sabios, sin ser por ello reprendida; ántes por ello será juez de los incrédulos. Veo tantas y tan insignes mujeres; unas adornadas del don de profecía, como una Abigail; otras de persuacion, como Ester; otras de piedad, como Raab; otras de perseverancia, como Ana, madre de Samuel, y otras infinitas en otras especies de prendas y virtudes.
Si revuelvo á los gentiles, lo primero que encuentro es con las Sibilas, elegidas de Dios para profetizar los principales misterios de nuestra fe, y en tan doctos y elegantes versos, que suspenden la admiracion. Veo adorar por diosa de las ciencias á una mujer como Minerva, hija del primer Júpiter y maestra de toda la sabiduría de Aténas. Veo una Bola Argentaria que ayudó á Lucano, su marido, á escribir la gran batalla de Farsalia. Veo á la hija del divino Tiresias mas docta que su padre. Veo á una Cenobia, reina de los palmirenos, tan sabia como valerosa; á un Agete, hija de Arístipo, doctísima; á Nicóstrata, inventora de las letras latinas y eruditísima en las griegas; á una Aspasia Milesia que enseñó filosofía y retórica, y fué maestra del filósofo Perícles; á una Hipasía que enseñó astrología, y leyó mucho tiempo en Alejandría; á una Leoncia, griega, que escribió contra el filósofo Teofrasto y le convenció; á una Jucia, á una Corina, á una Cornelia; y en fin, á toda la gran turba de las que merecieron nombre ya de griegos, ya de musas, ya de pitonisas; pues todas no fueron mas que mujeres doctas, tenidas y celebradas, y tambien veneradas de la antigüedad por tales. Sin otras infinitas de que están los libros llenos, pues veo aquella egipciaca Catarina, leyendo y convenciendo todas las sabidurías de los sabios de Egipto; veo una Gertrúdis leer, escribir y enseñar; y para no buscar ejemplos fuera de casa, veo una santísima madre mia Paula, docta en las lenguas hebrea, griega y latina, y aptísima para interpretar las Escrituras. Y ¿qué mas? que siendo su coronista un máximo Gerónimo, apénas se hallaba el Santo digno de serlo, pues con aquella viva ponderacion y enérgica eficacia con que sabe esplicarse dice: _Si todos los miembros de mi cuerpo fuesen lenguas, no bastarian á publicar la sabiduría y virtud de Paula_. Las mesmas alabanzas le mereció Blesilla, viuda, y las mismas la esclarecida vírgen Eustoquia, hijas ambas de la misma Santa; y la segunda tal, que por su ciencia era llamada _Prodigio del mundo_. Faviola, romana, fué tambien doctísima en la Sagrada Escritura. Proba Falconia, mujer romana, escribiò un elegante libro con centones de Virgilio, de los misterios de nuestra Santa fe. Nuestra reina doña Isabel, mujer del décimo Alfonso, es corriente que escribió de astrología. Sin otras que omito por no trasladar lo que otros han dicho (que es vicio que siempre he abominado), pues en nuestros tiempos está floreciendo la gran Cristina Alejandra, reina de Suecia, tan docta como valerosa y magnánima, _y las Exmas. señoras duquesa de Abeiro y condesa de Villa-umbrosa_.
El venerable doctor Arce (digno profesor de Escritura por su virtud y letras) en su estudio _Bibliorum_ excita esta cuestion: _An liceat fœminis sacrorum Bibliorum studio incumbere?_ eaque interpretari? Y trae por la parte contraria muchas sentencias de Santos en especial aquello del Apóstol: _Mulieres in Eclesijs taceant, non enim permittitur eis loqui, &._ (_1. ad Cor, cap. 14. v. 344, cap. 2. v. 3. ad Titum._) Trae despues otras sentencias, y del mismo Apóstol aquel lugar _ad Titum_: _Anus similiter in habitu sancto bené docentes_, con interpretaciones de los Santos Padres; y al fin resuelve con su prudencia, y el leer publicamente en las cátedras y predicar en los púlpitos, no es lícito en las mujeres; pero que el estudiar, escribir y enseñar privadamente, no solo les es lícito, pero muy provechoso y útil: claro está que esto no se debe entender con todas, sino con aquellas á quienes hubiere Dios dotado de especial virtud y prudencia, y que fueren muy provectas y eruditas, y tuvieren el talento y requisitos necesarios para tan sagrado empleo; y esto es tan justo, que no solo á las mujeres (que por tan ineptas están tenidas) sino á los hombres (que con solo serlo piensan que son sabios) se habia de prohibir la interpretacion de las Sagradas Letras, en no siendo muy doctas y virtuosas, y de ingenios dóciles y bien inclinados; porque de lo contrario, creo yo, que han salido tantos sectarios, y que ha sido la raiz de tantas heregías; porque hay muchos que estudian para ignorar, especialmente los que son de ánimos arrogantes, inquietos y soberbios, amigos de novedades en la ley (que es quien las rehusa); y así, hasta que por decir lo que nadie ha dicho dicen una heregía, no están contentos. De estos dice el Espíritu Santo; _In malevolam animan non introibit sapientia_. A estos mas daño les hace el saber, que les hiciera el ignorar. Dijo un discreto: _Que no es necio entero el que no sabe, latin; pero el que lo sabe, está calificado_. Y añado yo, que le perfecciona (si es perfeccion la necedad) el haber estudiado su poco de filosofía y teología, y el tener alguna noticia de lenguas, que con eso es necio en muchas ciencias y lenguas; porque un necio grande no cabe en solo la lengua materna.
A estos vuelvo á decir, hace daño el estudiar, porque es poner espada en manos del furioso; que siendo instrumento nobilísimo para la defensa, en sus manos es muerte suya y de muchos. Tales fueron las divinas letras en poder del malvado Pelagio y del protervo Arrio, del malvado Lutero y de los demas heresiarcas, como lo fué nuestro doctor (nunca fué nuestro ni doctor) Cazalla; á los cuales hizo daño la sabiduría, porque aunque es el mejor alimento y vida del alma, á la manera que en el estómago mal acomplexionado y de viciado calor, miéntras mejores son los alimentos que recibe, más áridos, fermentados y perversos son los humores que cria; así estos malévolos, miéntras mas estudian peores opiniones engendran; obstrúyeseles el entendimiento con lo mismo que habia de alimentarle, y es que estudian mucho y digieren poco, sin proporcionarse al vaso limitado de sus entendimientos. A esto dice el Apóstol: _Dico enim per gratiam, quæ data est mihi, omnibus, qui sunt inter vos: Non plus sapere, quam oportet sapere, sed sapere ad sobrietatem, unicuique sicut Deus divisit mensuram fidei._ (_Ad Rom. Cap. 12, v. 3_). Y en verdad, no lo dijo el Apóstol á las mujeres sino á los hombres; y que no es solo para ellos el _taceant_, sino es para todos los que no fueren muy aptos. Querer yo saber tanto ó mas que Aristóteles ó que San Agustin, si no tengo la aptitud de San Agustin ó de Aristóteles (aunque estudie mas que los dos), no solo no lo conseguiré sino que debilitaré y entorpeceré la operacion de mi flaco entendimiento, con la desproporcion del objeto.
¡Oh, si todos (y yo la primera, que soy una ignorante) nos tomásemos la medida del talento ántes de estudiar [y lo peor es, de escribir] con ambiciosa codicia de igualar, y aun de exceder á otros, qué poco ánimo nos quedara y de cuántos errores nos escusáramos, y cuántas torcidas inteligencias que andan por ahí no anduvieran! Y pongo las mias en primer lugar, pues si conociera, como debo, esto mismo no escribiera; y protesto que solo lo hago por obedeceros, con tanto recelo, que me debeis mas en tomar la pluma con este temor, que me debiérades si os remitiera mas perfectas obras. Pero bien que va á vuestra correccion: borradlo, rompedlo y reprendedme, que eso apreciaré yo mas que todo cuanto vano aplauso me pueden otros dar: _Corripiet me justus in misericordia, & increpabit: oleum autem peccatoris non impinguet caput meum._ (_Ps. 140, v. 5._)
Y volviendo á nuestro Arce, digo que trae, en confirmacion de su sentir, aquellas palabras de mi padre San Gerónimo, _ad Lætam de institutione filiæ_, donde dice: _Adhut tenera lingua Psalmis dulcibus imbuatur. Ipsa nomina per quæ consuescit paulatim verba contexere, non sint fortuita, sed certa, & conservata de industria, Prophetarum videlicet, atque Apostulorum, & omnis ab Adam Patriarcharum series, de Mathæo, Lucaque descendat, ut dum aliud agit, futuræ memoriæ præparetur. Reddat tibi pensum quotidie de Scripturorum floribus carptum._ (_Ep. 7._) Pues si así queria el Santo que se educase una niña que apénas empezaba á hablar, ¿Qué querrá en sus monjas y en sus hijas espirituales? Bien se conoce en las referidas Eustoquia y Fabiola y en Marcela, su hermana, Pacátula y otras, á quienes el Santo honra en sus Epístolas exhortándolas á este sagrado ejercicio; como se conoce en la citada epístola donde noté yo aquel _Reddat tibi pensum_, que es reclamo y concordante del _Bené docentes_ de San Pablo; pues el _Reddat tibi_ de mi gran padre da á entender, que la maestra de la niña ha de ser la misma Leta su madre.
¡Oh cuántòs daños se escusaran en nuestra república, si las ancianas fueran doctas como Leta, y que supieran enseñar como manda San Pablo y mi padre San Gerónimo! Y no que por defecto de esto y la suma flojedad en que han dado en dejar á las pobres mujeres, si algunos padres desean doctrinar mas de lo ordinario á sus hijas, les fuerza la necesidad y falta de ancianas sabias á llevar maestros hombres á enseñar á leer, escribir y contar, á tocar y otras habilidades, de que no pocos daños resultan, como se experimentan cada dia en lastimosos ejemplos de desiguales consorcios; porque con la inmediacion del trato y la comunicacion del tiempo, suele hacerse fácil lo que no se pensó ser posible. Por lo cual muchos quieren mas dejar bárbaras é incultas á sus hijas, que no exponerlas á tan notorio peligro, como la familiaridad con los hombres, lo cual se escusara si hubiera ancianas doctas, como quiere San Pablo, y de unas en otras fuese subcediendo el magisterio, como sucede en el de hacer labores, y lo demas que es costumbre. Porque ¿qué inconveniente tiene que una mujer anciana, docta en letras y de santa conversacion y costumbres tuviese á su cargo la educacion de las doncellas? Y no que estas, ó se pierden por falta de doctrina, ó por querérsela aplicar por tan peligrosos medios, cuales son los maestros hombres, que cuando no hubiera mas riesgo que la indecencia de sentarse al lado de una mujer verecunda (que aun se sonrosea de que la mire á la cara su propio padre) un hombre tan estraño, á tratarla con casera familiaridad, y á tratarla con magistral llaneza; el pudor del trato con los hombres y de su conversacion, basta para que no se permitiese. Y no hallo yo que este modo de enseñar de hombres á mujeres pueda ser sin peligro, si no es en el severo tribunal de un confesonario, ó en la distante decencia de los púlpitos, ó en el remoto conocimiento de los libros; pero no en el manoseo de la inmediacion. Y todos conocen que esto es verdad, y con todo, se permite solo por el defecto de no haber ancianas sabias; luego es grande daño el no haberlas. Esto debian considerar las que atados al _Mulieres in Ecclesia taceant_, blasfeman de que las mujeres sepan y enseñen, como que no fuera el mismo Apóstol el que dijo: _Bené docentes_. Demas de que aquella prohibicion cayó sobre lo historial que refiere Eusebio, y es que en la Iglesia primitiva se ponian las mujeres á enseñar las doctrinas unas á otras en los templos, y este rumor confundia cuando predicaban los apóstoles; y por eso no se les mandó callar, como ahora sucede, que miéntras predica el predicador no se reza en alta voz.
No hay duda de que para la inteligencia de muchos lugares, es menester mucha historia, costumbres, ceremonias, proverbios y aun maneras de hablar de aquellos tiempos en que se escribieron, para saber qué caen y á qué aluden algunas locuciones de las divinas Letras: _Seindite corda vestra, & non vestimenta vestra._ (_Joel, Cap. 2, v. 13._) ¿No es alusion á la ceremonia que tenian los hebreos de rasgar los vestidos en señal de dolor, como lo hizo el mal pontífice cuando dijo que Cristo habia blasfemado? Muchos lugares del Apóstol sobre el socorro da las viudas, ¿no miraban tambien á las costumbres de aquellos tiempos? Aquel lugar de la mujer fuerte: _Nobilis impartis vir eius._ (_Prov. Cap. 31, v. 23_) ¿no alude á la costumbre de estar los tribunales de los jueces en las puertas de las ciudades? El _Dare terram Deo_, ¿no significaba hacer algun voto? ¿_Hyemantes_, no se llamaban los pecadores públicos, porque hacian penitencia á cielo abierto, á diferencia de los otros que la hacian en un portal? Aquella queja de Cristo al fariseo, de la falta del ósculo y lavatorio de pies, ¿no se fundó en la costumbre que de hacer estas cosas tenian los judíos? Y otros infinitos lugares, no solo de las Letras Divinas, sino tambien de las humanas, que se topan á cada paso, como el _adoratem purpuram_, que significa obedecer al rey, el _Manumittee eum_, que significa dar libertad, aludiendo á la costumbre y ceremonia de dar una bofetada al esclavo para darle libertad? Aquel _Intonui Cœlum_ de Virgilio, que alude al agüero de tronar hácia Occidente, que se tenia por bueno? Aquel _Tu nunquam leporem edisti_ de Marcial, que no solo tiene el donaire del equívoco en el _Leporem_, sino la alusion á la propiedad que decian, tener la libertad? Aquel proverbio, _Maleam legens, quæ sunt domi obliviscere_, que alude al gran promontorio de Laconia? Aquella respuesta de la casta matrona al pretensor molesto, de _por mi no se untarán los quicios ni arderán las teas_, para decir que no queria casarse, aludiendo á la ceremonia de untar las puertas con manteca y encender las teas nupciales en los matrimonios, como si ahora dijéramos: Por mí no se gastarán las arras ni echará bendiciones el cura. Y así hay tanto comento de Virgilio y Homero, y de todos los poetas y oradores. Pues fuera de esto, ¿qué dificultades no se hallan en los lugares sagrados, aun en lo gramatical de ponerse el plural por singular, de pasar de segunda á tercera persona, como aquello de los Cantares: _Osculetur me osculo oris sui: quia meliora sunt ubera tua vino?_ (_Cant. 1, Cap. 7, v. 1._) Aquel poner los adjetivos en genitivo, en vez de acusativo, como, _Calicem salutaris accipiam?_ Aquel poner el femenino por masculino; y al contrario, ¿llamar adulterio á cualquier pecado?
Todo esto pide mas leccion de lo que piensan algunos, que de meros gramáticos; ó cuando mucho con cuatro términos de súmulas quieren interpretar las Escrituras, y se aferran del _Mulieres in Ecclesia taceant_, sin saber cómo se ha de entender. Y de otro lugar, _Mulieres in silentio discat_. Siendo este lugar mas en favor que en contra de las mujeres, pues manda que aprendan; y miéntras aprenden, claro está que es necesario que callen. Y tambien está escrito: _Audi Israel, & tace._ Donde se habla con toda la coleccion de los hombres y mujeres, y á todos se manda callar; porque quien oye y aprende es mucha razon que atienda y calle. Y si no yo quisiera que estos intérpretes y expositores de San Pablo me explicaran cómo entienden aquel lugar, _Mulieres in Ecclesia taceant_; porque ó lo han de entender de lo material de los púlpitos y cátedras, ó de lo formal de la universalidad de los fieles, que es la Iglesia: si lo entienden de lo primero, que es (en mi sentir) su verdadero sentido, pues vemos que, con efecto, no se permite en la Iglesia que las mujeres lean pùblicamente ni prediquen, ¿por qué reprenden á las que privadamente estudian? Y si lo entienden de lo segundo y quieren que la prohibicion del Apóstol sea trascendentalmente, que ni en lo secreto se permita escribir ni estudiar á las mujeres, ¿cómo vemos que la Iglesia ha permitido que escriba una Gertrúdis, una Teresa, una Brígida, la monja Agreda y otras muchas? Y si me dicen que _estas eran santas_, es verdad; pero no obsta á mi argumento: lo primero, porque la proposicion de San Pablo es absoluta y comprende á todas las mujeres sin excepcion de santas; pues tambien en su tiempo lo eran Marta y María, Marcela, María madre de Jacob, y Salomé y otras muchas que habia en el fervor de la primitiva Iglesia, y no las exceptúa; y ahora vemos que la Iglesia permite escribir á las mujeres santas y no santas, pues la Agreda y María de la Antigua no están canonizadas, y corren sus escritos; y ni cuando Santa Teresa y las demas escribieron, lo estaban. Luego la prohibicion de San Pablo solo miró á la publicidad de los púlpitos, pues si el Apóstol prohibiera el escribir, no lo permitiera la Iglesia. Pues ahora yo no me atrevo á enseñar, que fuera en mí muy desmedida presuncion, y el escribir mayor talento que el mio requiere, y muy grande consideracion. Así lo dice San Cipriano: _Gravi consideratione indigent, quæ scribimus._ Lo que solo he deseado es estudiar para ignorar ménos que (segun San Agustin) unas cosas se aprenden para hacer y otras para solo saber: _Discimus quædam, ut sciamus; quædam, ut faciamus._ Pues ¿en qué ha estado el delito, si aun lo que es lícito á las mujeres, que es enseñar escribiendo, no hago yo, porque conozco que no tengo caudal para ello? Siguiendo el consejo de Quintiliano: _Noseat quisque, & non tantum ex alienis præceptis, sed ex natura sua capiat consilium._ Si el crímen está en la Carta Atenagórica, ¿fué aquella mas que referir sencillamente mi sentir, con todas las venias que debo á nuestra Santa Madre Iglesia? Pues si ella con su santísima autoridad no me lo prohibe, ¿por qué me lo han de prohibir los otros? Llevar una opinion contraria á la de Vieyra ¿fué en mí atrevimiento, y no lo que fué en su paternidad llevarla contra los tres Santos Padres de la Iglesia? Mi entendimiento tal cual, ¿no es tan libre como el suyo, pues viene de un solaz? ¿Es alguno de los principios de la Santa Fe revelados su opinion, para que la hayamos de creer á ojos cerrados? Demas que yo ni falté al decoro que á tanto varon se debe, como acá ha faltado su defensor, olvidando la sentencia de Tito Lucio: _Artes committatur decor_. Ni toqué á la sagrada compañía el pelo de la ropa, ni escribí mas que para el juicio de quien me insinuó; y segun Plinio. _Non similis est conditio publicantis, & nominatim dicentis_. Que si creyera se habia de publicar, no fuera con tanto desaliño como fué. Si es (como dice el censor) heretica, ¿por qué no la delata? y con eso él quedará vengado y yo contenta, que aprecio (como debo) mas el nombre de católica y obediente hija de mi Santa Madre Iglesia, que todos los aplausos de docta. Si está bárbara (que en eso dice bien) ríase, aunque sea con la risa que dicen del conejo; que yo no le digo que me aplauda, pues como yo fuí libre para disentir de Vieyra, lo será cualquiera para disentir de mi dictámen.
Pero ¿dónde voy, señora mia? que esto no es de aquí ni para vuestros oidos, sino que como voy tratando de mis impugnadores, me acordé de las cláusulas de uno que ha salido ahora, é insensiblemente se deslizó la pluma á quererle responder en particular, siendo mi intento hablar en general. Y así volviendo á nuestro Arce, dice que conoció en esta ciudad dos monjas, la una en el convento de Regina, que tenia el breviario de tal manera en la memoria, que aplicaba con grandísima prontitud y propiedad sus versos, salmos y sentencias de homilías de santos en las conversaciones. La otra en el convento de la Concepcion, tan acostumbrada a leer las Epístolas de mi padre San Gerónimo y locuciones del Santo de tal manera, que dice Arce: _Hieronymum ipsum Hispané loquentem audire me existimarem._ Y de esta dice que supo, despues de su muerte, habia traducido dichas Epístolas en romance; y se duele de que tales talentos no se hubieran empleado en mayores estudios, con principios científicos, sin decir los nombres de la una ni de la otra, aunque las trae para confirmacion de su sentencia; que es que no solo es lícito, pero utilísimo y necesario á las mujeres el estudio de las sagradas letras; y mucho mas á las monjas, que es lo mismo á que vuestra discrecion me exhorta, y á que concurren tantas razones.
Pues si vuelvo los ojos á la tan perseguida habilidad de hacer versos, que en mí es tan natural que aun me violento para que esta carta no lo sea, y pudiera decir aquello de _Quidquid conabar dicere versus erat_; viéndola condenar á tantos tanto y acriminar, he buscado muy de propósito cuál sea el daño que puedan tener, y no le he hallado; ántes sí los veo aplaudidos en las bocas de las Sibilas, santificados en las plumas de los profetas, especialmente de David, de quien dice el gran espositor y amado padre mio (dando razon de las mensuras de sus metros): _In more Hac, & Pindarum, nunc iambo currit, nunc calico personat, nunc saphicorum, & nunc semipede ingreditur._ Los mas de los Libros Sagrados están en metro, como el Cántico de Moises; y los de Job (dice San Isidoro en sus etimologías) que están en verso heróico. En los Epitalamios los escribió Salomon, en los Threnos Jeremías. Y así dice Casiodoro: _Omnis Poetica locutio á Divinis Scripturis sumpsit exordium._ Pues nuestra Iglesia católica, no solo no los desdeña, mas los usa en sus himnos, y recita los de San Ambrosio, Santo Tomas San Isidoro y otros. San Buenaventura les tuvo tal afecto, que apénas hay plana suya sin versos. San Pablo bien se ve que los habia estudiado, pues los cita, y traduce el de Arato: _In ipso enim vivimus, & sumus._ Y alega el otro de Parménides _Cretenses semper mendaces, malæ bestiæ, pigri_. San Gregorio Nacianceno disputa en alegantes versos las cuestiones del matrimonio y la de la virginidad. Y ¿qué me causó? La Reina de la sabiduría y Señora nuestra, con sagrados labios entonó el Cántico del Magnificat; y habiéndola traido por ejemplar, agravio fuera traer ejemplos profanos, aunque sean de varones gravísimos y doctísimos, pues esto sobra para prueba y el ver que aunque como la elegancia hebrea no se pudo estrechar á la mensura latina, á cuya causa el traductor sagrado, mas atento á lo importante del sentido, omitió el verso; con todo, retienen los Psalmos el nombre y divisiones de versos; pues ¿cuál es el daño que pueden tener ellos en sí? Porque el mal uso, no es culpa del arte, sino del mal profesor que los vicia, haciendo bellos lazos del demonio; y esto en todas las facultades y ciencias sucede. Pues si está el mal en que los use una mujer, ya se ve cuantas los han usado loablemente; pues ¿en qué está el hacerlo yo? Confieso desde luego mi ruindad y vileza; pero no juzgo que se habrá visto una copla mia indecente. Demas que yo nunca he escrito cosa alguna por mi voluntad, sino por ruegos y preceptos ajenos; de tal manera que no me acuerdo haber escrito por mi gusto sino un papelillo que llaman _Sueño_. Esa carta que vos, señora mia, honrasteis tanto, la escribí con mas repugnancia que otra cosa; y así porque era de cosas sagradas, á quienes (como he dicho) tengo reverente temor, como porque parecia querer impugnar, cosa á que tengo aversion natural; y creo que si pudiera haber prevenido el dichoso destino á que nacia, pues como á otro Moises la arrojé expósito á las aguas del Nilo del silencio, donde la halló y acarició una princesa como vos; creo (vuelvo á decir) que si yo tal pensara, la ahogara ántes entre las mismas manos en que nacia, de miedo de que pareciesen á la luz de vuestro saber los torpes borrones de mi ignorancia; de donde se conoce la grandeza de vuestra bondad, pues está aplaudiendo vuestra voluntad lo que precisamente ha de estar repugnando vuestro clarísimo entendimiento. Pero ya que su ventura la arrojó á vuestras puertas, tan expósita y huérfana que hasta el nombre le pusisteis vos, pésame que entre mis deformidades llevase tambien los defectos de la prisa; porque así por la poca salud que continuamente tengo, como por la sobra de ocupaciones en que me pone la obediencia, y carecer de quien me ayude á escribir, y estar necesitada á que todo sea de mi mano; y porque como iba contra mi genio y no queria mas que cumplir con la palabra á quien no podia desobedecer, no veia la hora de acabar; y así dejé de poner discursos enteros y muchas pruebas que se me ofrecian, y las dejé por no escribir mas; que á saber que se habia de imprimir, no las hubiera dejado, siquiera por dejar satisfechas algunas objeciones que se han excitado y pudiera remitir. Pero no seré tan desatenta que ponga tan indecentes objetos á la pureza de vuestros ojos; pues basta que los ofenda con mis ignorancias sin que los ofenda ajenos atrevimientos. Si ellos por sí volaren por allá (que son tan livianas que si harán) me ordenareis lo que debo hacer, que si no es interviniendo vuestros preceptos, lo que es por mi defensa nunca tomaré la pluma, porque me parece que no necesita de que otro le responda, quien en lo mismo que se oculta conoce su error; pues (como dice mi padre San Gerónimo) _Bonus sermo secreta non quaerit_. Y San Ambrosio: _Latere criminosae est conscientiae._
Ni yo me tengo por impugnada, pues dice una regla del derecho: _Accusatio non tenetur, si non curat de persona, quae produxerit illam._ Lo que si es de ponderar es, el trabajo que le ha costado el andar haciendo traslados; ¡rara demencia! cansarse mas en quitarse el crédito, que pudiera en grangearlo.
Yo (señora mia) no he querido responder, aunque otros lo han hecho (sin saberlo yo) hasta que he visto algunos papeles, y entre ellos uno que por docto os remito, y porque el leer os desquite parte del tiempo que os he malgastado en lo que yo escribo. Si señora, vos, gustáredes de que yo haga lo contrario de lo que tenia propuesto á vuestro juicio y sentir, al menor movimiento de vuestro gusto cederá (como es razon) mi dictámen, que, como os he dicho, era de callar, porque aunque dice San Juan Crisóstomo, _Calumniatores convincere oportet, interrogatores docere_; veo que tambien dice San Gregorio: _Victoria non minor est, hostes tolerare, quám hostes vincere_; y que la paciencia vence tolerando y triunfa sufriendo. Y si entre los gentiles romanos era costumbre en la mas alta cumbre de la gloria de sus capitanes, cuando entraban triunfando en las naciones, vestidos de púrpura y coronados de laurel, tirando el carro en vez de brutos coronadas frentes de vencidos reyes, acompañados de los despojos de las riquezas de todo el mundo, y adornada la milicia vencedora de las insignias de sus hazañas, oyendo los aplausos populares en tan honrosos títulos y renombres, como llamarlos padres de la patria, columnas del imperio, muros de Roma, amparos de la república, y otros nombren gloriosos; que en este supremo auge de la gloria y felicidad humana fuese un soldado en voz alta diciendo al vencedor (como consentimiento suyo y órden del Senado): “Mira que eres mortal; mira que tienes tal y tal defecto;” sin perdonar los mas vergonzosos, como sucedió en el triunfo de César, que voceaban los mas viles soldados á sus oidos: _Cavete Romani, adducimus vobis adulterum, calvum_; lo cual se hacia porque en medio de tanta honra, no se desvaneciese el vencedor, y porque el lastre de estas afrentas hiciese contrapeso á las velas de tantos aplausos, para que no peligrase la nave del juicio entre los vientos de las aclamaciones: si esto, digo, hacian unos gentiles con sola la luz de la ley natural, nosotros católicos, con un precepto de amor á los enemigos, ¿qué mucho haremos en tolerarlos?
Yo de mi puedo asegurar que las calumnias algunas veces me han mortificado; pero nunca me han hecho daño, porque yo tengo por muy necio al que, teniendo ocasion de merecer, pasa el trabajo y pierde el mérito; que es como los que no quieren confesarse al morir, y al fin mueren, sin servir su resistencia de escusar la muerte, sino de quitarles el mérito de la conformidad, y de hacer mala muerte, la muerte que podia ser bien. Y así (señora mia) estas cosas creo que aprovechan mas que dañan; y tengo por mayor el riesgo de los aplausos en la flaqueza humana, que suelen apropiarse lo que no es suyo; y es menester estar con mucho cuidado, y tener escritas en el corazon aquellas palabras del Apóstol: _Quid autem habes, quod non accepisti? Si autem accepisti, quid gloriaris quasi non accepisti?_ para que sirvan de escudo que resista las puntas de las alabanzas, que son lanzas; que en no atribuyéndose á Dios, cuyas son, nos quitan la vida y nos hacen ser ladrones de la honra de Dios y usurpadores de los talentos que nos entregó y de los dones que nos prestó, y de que hemos de dar estrechísima cuenta. Y así (señora) yo temo mas esto que aquello; porque aquello, con solo un acto sencillo de paciencia, está convertido en provecho; y esto, son menester muchos actos reflexos de humildad y propio conocimiento, para que no sea daño. Y así de mí lo conozco y reconozco, que es especial favor de Dios el conocerlo para saberme portar en uno y en otro con aquella sentencia de San Agustin: _Amico laudanti credendum non est sicut nec inimico detrahenti._ Aunque yo soy tal que las mas veces lo debo de echar á perder, ò mezclarlo con tales defectos é inperfecciones, que vicio lo que de suyo fuera bueno; y así en lo poco que se ha impreso mio, no solo mi nombre, pero ni el consentimiento para la impresion ha sido dictámen propio, sino libertad ajena, que no cae debajo de mi dominio, como lo fué la impresion de la Carta atenagórica; de suerte que solamente unos Ejercicios de la Encarnacion, y unos ofrecimientos de los Dolores se imprimieron con gusto mio, por la pública devocion, pero sin mí nombre; de los cuales remito algunas copias, porque (si os parece) las repartais entre nuestras hermanas las religiosas de esa santa comunidad, y demas de esa ciudad. De los Dolores va solo uno, porque se han consumido ya y no pude hallar mas. Hícelos solo por la devocion de mis hermanas, años ha, y despues se divulgaron; cuyos asuntos son tan improporcionados á mi tibieza como á mi ignorancia, y solo me ayudò en ellos ser cosas de nuestra gran Reina; que no sé qué se tiene, el que en tratando de María Santísima, se enciende el corazon mas helado. Yo quisiera (venerable señora mia) remitiros obras dignas de vuestra virtud y sabiduría, pero como dijo el Poeta:
_Ut desint vires, tamen est laudanda voluntas:_ _Hac ego contentus, auguror esse Deos._
Si algunas otras cosillas escribiere, siempre irán á buscar el sagrado de vuestras plantas y el seguro de vuestra correccion, pues no tengo otra alhaja con que pagaros; y en sentir de Séneca el que empezó á hacer beneficios, se obligó á continuarlos; y así os pagará á vos vuestra propia liberalidad, que solo así puedo yo quedar dignamente desempeñada, sin que caiga en mí aquello del mismo Séneca: _Turpe est beneficijs vinci_; que es bizarría del acreedor generoso dar al deudor pobre con qué pueda satisfacer la deuda. Así lo hizo Dios con el mundo imposibilitado de pagar: dióle á su hijo propio para que se le ofreciese por digna satisfaccion. Si el estilo de esta carta (venerable señora mia) no hubiere sido como á vos es debido, os pido perdon de la casera familiaridad, ó ménos autoridad de que tratándoos como á una religiosa de velo hermana mia se me ha olvidado la distancia de vuestra ilustrísima persona, que á veros yo sin velo, no sucediera así; pero vos con vuestra cordura y benignidad suplireis ó enmendareis los términos; y si os pareciere incongruo el vos de que yo he usado, por parecerme que para la reverencia que os debo es muy poca reverencia la Reverencia, mudadlo en el que os pareciere decente á lo que vos mereceis, que yo no me he atrevido á exceder de los límites de vuestro estilo ni romper el márgen de vuestra modestia. Y mantenedme en vuestra gracia para impetrarme la Divina, de que os conceda el Señor muchos aumentos, y os guarde, como le suplico y he menester. De este convento de N. Padre San Gerónimo de Méjico, á primero dia del mes de Marzo de mil seiscientos y noventa y un años.
B. V. M. vuestra mas favorecida,
_Juana Ines de la Cruz._
FIN.
INDICE.
Dedicatoria
Biografía de Sor Juana Ines de la PÁG. Cruz, poetisa mejicana del siglo XVII, y juicio crítico de sus obras I
Advertencias LXXXV
ROMANCES.
I A los condes de Parédes, vireyes de Méjico, con motivo de haber concurrido á una fiesta en el monasterio de San Jerónimo 1
II Dando el parabien á un doctorado 4
III A un caballero español que dirigió á la autora un romance, diciéndola haber hallado en ella el fénix 5
IV A la condesa de Parédes, escusándose de enviarla un cuaderno de música 12
V A la condesa de Galve en su cumpleaños 18
VI A la misma condesa 21
VII Desahogos del corazon 26
VIII A un caballero que decia tener el pecho de nieve 27
IX Entre la obligacion y el afecto 31
X En que ocultamente espresa ménos aversion de la que afectaba un enojo 36
XI Preludios del dolor de una ausencia 39
XII Los celos prueban amor (fragmentos) 43
XIII Al marques de la Laguna (fragmentos) 49
XIV La ciencia inútil 51
XV Dando las pascuas á la condesa de Parédes 56
XVI Con ocasion de haberse sacado por suerte, en una diversion de año nuevo, un galan para cada dama (fragmentos) 58
XVII A doña María de Guadalupe Alencastre (fragmentos) 61
XVIII A Fílis (fragmentos) 64
XIX La autora de su Mecenas, enviándole unos versos 67
XX Responde á un caballero peruano que la habia elogiado, y revela su nombre 69
XXI En reconocimiento á los autores europeos que elogiaron los versos de la poetisa (fragmentos) 76
XXII (Fragmentos) 79
XXIII Fragmentos del auto historial “El cetro de Josef. La mujer de Putifar á Josef” 81
XXIV Lucha entre la virtud y la costumbre 83
XXV Elogio de María en el misterio de la Encarnacion 85
XXVI Ave Regina coelorum 86
XXVII A Cristo sacramentado, en el dia de la comunion 87
XXVIII A San Pedro 89
XXIX A Santa Catalina mártir (fragmentos) 90
XXX En la profesion de una religiosa 91
DÉCIMAS.
I Á una rosa (alegoría) 92
II Presto celos llorarás 94
III El alma rendida por el amor (alegoría) 96
IV Con motivo de un presente 99
V El error de una disculpa Id.
VI A una dama que temia el aojo 100
VII Retrato de una belleza Id.
VIII La razon contra el amor 101
IX Enviando su imágen á una persona 103
X Excusándose de dar licencia á uno que se la pedia para ausentarse 105
XI Pidiendo á la vireina la libertad para un ingles 108
REDONDILLAS.
I A los hombres 110
II Gratitud 113
III Un justo medio 115
IV Respuesta á un caballero que dijo se ponia hermosa la mujer con solo amar 117
V Efectos del amor 119
VI Pidiendo versos á un caballero que se escusaba de hacerlos 123
VII Escusándose de un silencio 125
VIII Del retrato de una belleza (fragmentos) 128
IX En la profesion de una religiosa 131
X Sobre el Santísimo Sacramento 132
Oracion del Papa Urbano VIII, traducida del latin 133
GLOSAS.
I Luego que te ví te amé 135
II Si de mis mayores gustos 137
QUINTILLAS.
A San Pedro 139