Obras selectas de Sor Juana Inés de la CruzSor Juana Inés de la Cruz

CAPÍTULO 14

Comienzo · continuación 14

_Muñoz._--No es aquesto bastante, Que es el delito Descomunal, y pide Mayor castigo.

_Todos cant._--Vaya de silbos, vaya!...

_Acebedo._--Pues si aquesto no basta, ¿Qué me disponen? Que como no sean silbos, Dénme garrote.

_Arias._--Pues de pena te sirva, Que lo has pedido, El que otra vez traslades Lo que has escrito.

_Acebedo._--Eso no, que es aquese Tan gran castigo, Que mas quiero atronado Morir á silbos.

_Muñoz._--Pues lo has pedido, vaya! ¡Silbad, amigos,! Que en lo hueco resuenan Muy bien los silbos.

[Illustration]

LOS EMPEÑOS DE UNA CASA.

COMEDIA FAMOSA.

_Interlocutores._

Don Cárlos. Don Juan. Don Pedro. Don Rodrigo. Doña Leonor. Doña Ana. Celia. Hernando. Castaño. Dos embozados. Dos coros de música.

JORNADA PRIMERA.

_Salen doña Ana y Celia._

_Doña Ana._--Hasta que venga mi hermano, Celia, le hemos de esperar.

_Celia._--Pues eso será velar, Porque él juzga que es temprano La una, las dos; y á mi ver, Aunque es grande ociosidad, Viene á decir la verdad, Pues viene al amanecer. Mas por ahora ¿qué te dió Esta gana de esperar, Si te entras siempre á acostar Tú, y le espero solo yo?

_Doña Ana._--Has de saber, Celia mia, Que aquesta noche ha fiado De mí todo su cuidado; Tanto de mi afecto fia. Bien sabes tú que él salió De Madrid dos años há, Y á Toledo, donde está, A una cobranza llegó, Pensando luego volver; Y así en Madrid me dejó, Donde estando sola yo Y poder ser vista y ver, Me vió don Juan y le ví, Y me solicitó amante, A cuyo pecho constante Atenta correspondí; Cuando, ó por no ser tan llano El pleito como juzgó, O, lo cierto, porque no Queria irse mi hermano; Porque vive aquí una dama De perfecciones tan sumas, Que dicen que faltan plumas Para alabarla á la fama, De la cual enamorado, Aunque no correspondido, Por conseguirla, perdido, En Toledo se ha quedado; Y porque yo no estuviese Sola en la corte sin él, O porque á su amor cruel De algun alivio le fuese, Dispuso el que venga aquí A vivir yo, y al instante Dí cuenta á don Juan, que amante Vino á Toledo tras mí; Fineza á que agradecida Toda el alma estar debiera, Si ya (¡ay de mí!) no estuviera Del empeño arrepentida; Porque el amor, que es villano En el trato y la bajeza, Se ofende de la fineza... Pero, volviendo á mi hermano, Sábete que él ha inquirido, Con obstinada porfía, Qué motivo haber podia Para no ser admitido, Y ha hallado que es otro amor, (Aunque yo no sé de quien,) Sintiendo, mas que el desden, Que otro gozase el favor: Que como este fiero engaño Es envidioso veneno, Se siente el provecho ajeno Mucho mas que el propio daño. Sobornando (¡Oh vil costumbre Que así la razon estraga, Que es tan ciego amor, que paga Porque le den pesadumbre!) Una criada que era De quien ella se fiaba, En el estado que estaba Su amor, con el fin que espera Y con lo demas que pasa, Supo de la infiel criada Que estaba determinada A salirse de su casa Esta noche con su amante; De que mi hermano furioso, Como á quien está celoso No hay peligro que le espante, Con unos hombres trató Que fingiéndose justicia (¡Mira que astuta malicia!) Prendan al que la robó, Y que al pasar por aquí Al galan y dama bella, Como en depósito á ella Me la entregasen á mí; Y que luego al apartarse, Como que acaso ellos van Descuidados del galan, Den lugar para escaparse; Con lo cual claro se arguye Que él se valdrá de los pies Huyendo, pues piensa que es La justicia de quien huye; Y mi hermano, con la traza Que su amor ha discurrido, Sin riesgo habrá conseguido Traer la dama á su casa; Y en ella es bien fácil cosa Galantearla abrasado, Sin que él parezca culpado, Ni ella pueda estar quejosa; Porque si tanto despecho Ella llegase á entender, Visto es que ha de aborrecer A quien tal daño le ha hecho, Aquesto que te he contado, Celia, tengo que esperar; Mira ¿cómo puedo entrar A acostarme sin cuidado?

_Celia._--Señora, nada me admira, Que en amor no es novedad Que se vista la verdad Del color de la mentira; Ni ¿quién habrá que se espante, Si lo que es llega á entender Temeridad de mujer Ni resolucion de amante, Ni de traidoras criadas, Que eso en todo el mundo pasa, Y quizá dentro de casa Hay algunas calderadas? Solo admirado me han, Por las acciones que han hecho, Los indicios que tu pecho Da de olvidar á don Juan. Y no sé porqué el cuidado Das en trocar en olvido, Cuando ni causa has tenido Tú, ni don Juan te la ha dado.

_Doña Ana._--Que él no me la da, es verdad; Que no la tengo, es mentira.

_Celia._--¿De qué modo?

_Doña Ana._--¿Qué te admira? Es ciega la voluntad. Tras mí, como sabes, vino Amante y fino don Juan, Quitándose de galan Lo que se añade de fino, Sin dejar á qué aspirar A la ley del albedrio; Porque si él es ya tan mio, ¿Qué tengo que desear? Pero no es aquesta sola La causa de mi despego, Sino porque ya otro fuego En mi pecho se acrisola. Suelo en esta calle ver Pasar á un galan mancebo, Que si no es el mismo Febo, Yo no sé qué pueda ser. A este, ¡ay de mí! Celia mia, No sé si es gusto ó capricho, Y... pero ya te lo he dicho, Sin saber lo que decia.

_Celia._--¿Lloras?

_Dª. Ana._--Pues ¿no he de llorar, ¡Ay de mí infelice! cuando Conozco que estoy errando Y no me puedo enmendar?

_Celia._--[_Ap._] ¡Qué buenas nuevas me dan Con esto que ahora he oido, Para tener yo escondido En su cuarto al tal don Juan! Que habiendo notado el modo Con que le trata enfadada, Quiere hacer la tarquinada Y dar al traste con todo. Y ¿quién, señora, ha logrado Tu amor?

_Dª. Ana._--Solo decir puedo Que es un don Cárlos de Olmedo El galan... Mas han llamado; Mira quién es, que despues Te hablaré, Celia.

_Celia._--¿Quién llama?

[_Dent._]--La justicia.

_Dª. Ana._--Esta es la dama; Abre, Celia.

_Celia._--Entre quien es.

(_Entran los embozados y doña Leonor._)

_Emb._--Señora, aunque yo no ignoro El decoro de esta casa, Pienso que el entrar en ella Ha sido mas venerarla Que ofenderla, y así os ruego Que me tengais esta dama Depositada, hasta tanto Que se averigue la causa Por qué le dió muerte á un hombre Otro que la acompañaba; Y perdonad, que á hacer vuelvo Diligencias no escusadas En tal caso [_Vánse_].

_Dª. Ana._--¿Qué es aquesto? Celia, á aquesos hombres llama, Que lleven esta mujer, Que no estoy acostumbrada A oir tales liviandades.

_Celia._--[_Ap._] Bien la deshecha mi ama Hace de querer tenerla.

_Dª. Leo._--Señora, en la boca el alma Tengo ¡ay de mí! Si piedad Mis tiernas lágrimas causan En tu pecho [hablar no acierto] Te suplico arrodillada, Que ya que no de mi vida, Tengas piedad de mi fama, Sin permitir, puesto que Ya una vez entré en tu casa, Que á otra me lleven, á donde Corra mayores borrascas Mi opinion; que á ser mujer, Como imaginas, liviana, Ni á tí te hiciera este ruego, Ni yo tuviera estas ansias.

_Dª. Ana._--A lástima me ha movido Tu belleza y tu desgracia.

[_Ap._]--Bien dice mi hermano, Celia.

_Cel._ [_Ap._]--Es belleza sobrehumana, Y si está así en la tormenta, ¿Cómo estará en la bonanza?

_Dª. Ana._--Alzad del suelo, señora, Y perdonad si turbada Del repentino suceso, Poco atenta y cortesana Me he mostrado, que ignorar Quien sois pudo dar la causa A la estrañeza; mas ya Vuestra persona gallarda Informa en vuestro favor De suerte que toda el alma Ofrezco para serviros.

_Dª. Leo._--Déjame besar tus plantas, Bella deidad, cuyo templo, Cuyo culto, cuyas aras De mi deshecha fortuna Son el asilo.

_Dª. Ana._--Levanta, Y cuéntame qué sucesos A tal desdicha te arrastran; Aunque si eres tan hermosa, No es mucho ser desdichada.

_Cel._ [_ap._]--De la envidia que le tiene No le arriendo la ganancia.

_Dª. Leo._--Señora, aunque la vergüenza Me pudiera ser mordaza Para callar mis desdichas La que, como yo, se halla En tan infeliz estado, No tiene porqué callarlas; Antes pienso que me abona El hacer lo que me mandas, Pues son tales los indicios Que tengo de estar culpada, Que por culpables que sean, Son mas decentes sus causas; Y así escúchame.

_Dª. Ana._--El silencio Te responda.

_Celia._--[_Ap._] ¡Cosa brava! Relacion á media noche Y con vela? ¡que no valga!

_Dª. Leo._--Si de mis sucesos quieres Escuchar los tristes casos, Con que ostentan mis desdichas Lo poderoso y lo vario, Escucha, por sí consigo Que divirtiendo tu agrado, Lo que fué trabajo propio Sirva de ajeno descanso, O porque en el desahogo Hallen mis tristes cuidados A la pena de sentirles El alivio de contarlos. Yo nací noble, este fué De mi mal el primer paso, Que no es pequeña desdicha Nacer noble un desdichado; Que aunque la nobleza sea Joya de precio tan alto, Es alhaja que en un triste Solo sirve de embarazo; Porque estando en un sujeto, Repugnan como contrarios Entre plebeyas desdichas Haber respetos honrados. Decirte que nací hermosa Presumo que es escusado, Pues lo atestiguan tus ojos, Y lo prueban mis trabajos. Solo diré... Aquí quisiera No ser yo quien lo relato, Pues en callarlo ó decirlo Dos inconvenientes hallo: Porque si digo que fuí Celebrada por milagro De discrecion, me desmiente La necedad de contarlo; Y si lo callo, no informo De mí, y en un mismo caso Me desmiento si lo afirmo, Y lo ignoras si lo callo. Pero es preciso al informe Que de mis sucesos hago [Aunque pase la modestia La vergüenza de contarlo] Para que entiendas la historia, Presuponer asentado Que mi discrecion la causa Fué principal de mi daño. Inclinéme á los estudios Desde mis primeros años, Con tan ardientes desvelos, Con tan ansiosos cuidados, Que reduje á tiempo breve Fatigas de mucho espacio. Conmuté el tiempo industriosa A lo intenso del trabajo, De modo que en breve tiempo Era el admirable blanco De todas las atenciones, De tal modo que llegaron A venerar como infuso Lo que fué adquirido lauro. Era de mi patria toda El objeto venerado De aquellas adoraciones Que forma el comun aplauso; Y como lo que decia [Fuese bueno ó fuese malo] Ni el rostro lo deslucia Ni lo desairaba el garbo, Llegó la supersticion Popular á empeño tanto, Que ya adoraban deidad El ídolo que formaron. Voló la fama parlera, Discurrió reinos estraños, Y en la distancia segura Acreditó informes fallos. La pasion se puso anteojos De tan engañosos grados, Que á mis moderadas prendas Agrandaban los tamaños. Víctima en mis aras eran, Devotamente postrados, Los corazones de todos Con tan comprehensivo lazo, Que habiendo sido el principio Aquel culto voluntario, Llegó despues la costumbre Favorecida de tantos A hacer como obligatorio El festejo cortesano, Y si alguno disentia Paradojo ó avisado, No se atrevia á proferirlo, Temiendo que por estraño Su dictámen no incurriese, Siendo de todos contrario, En la nota de grosero, O en la censura de vano. Entre estos aplausos yo, Con la atencion zozobrando Entre tanta muchedumbre, Sin hallar seguro blanco, No acertaba á amar á alguno Viéndome amada de tantos. Sin temor en los concursos Defendia mi recato, Con peligros del peligro Y con el daño del daño. Con una afable modestia Igualando el agasajo, Quitaba lo general Lo sospechoso al agrado. Mis padres en mi mesura Vanamente asegurados, Se descuidaron conmigo; ¡Qué dictámen tan errado! Pues fué quitar por defuera Las guardas y los candados A una fuerza que en sí propia Encierra tantos contrarios. Y como tan neciamente Conmigo se descuidaron, Fué preciso hallarme el riesgo Donde me perdió el cuidado. Sucedió, pues, que entre muchos Que de mi fama incitados Contestar con mi persona Intentaban mis aplausos, Llegó acaso á verme, (¡ay cielos! ¿Cómo permitis tiranos Que un afecto tan preciso Se forjase de un acaso?) Don Cárlos de Olmedo, un jóven Forastero, mas tan claro Por su orígen, que en cualquiera Lugar que llegue á hospedarlo Podrá no ser conocido, Pero no ser ignorado. Aquí que me des te pido Licencia para pintarlo, Por disculpar mis errores O divertir mis cuidados, O porque al ver de mi amor Los extremos temerarios, No te admire, que el que fué Tanto, mereciere tanto. Era su rostro un enigma Compuesto de dos contrarios, Que eran valor y hermosura, Tan felizmente hermanados, Que faltándole á lo hermoso La parte de afeminado, Hallaba lo mas perfecto En lo que estaba mas falto; Porque ajando las facciones Con un varonil desgano No consintió á la hermosura Tener imperio asentado; Tan remoto á la noticia, Tan ageno del reparo, Que aun no le debió lo bello La atencion de despreciarlo: Que como en mi nombre está Lo hermoso como sobrado, Es bueno para tenerlo Y malo para ostentarlo. Era el talle como suyo, Que aquel talle y aquel garbo, Aunque la naturaleza A otro dispusiera darlo, Solo le asentara bien Al espíritu de Cárlos; Que fué de su providencia Esmero bien acertado Dar un cuerpo tan gentil A espíritu tan gallardo. Gozaba un entendimiento Tan sutíl, tan elevado, Que la edad de lo entendido Era un mentis de sus años. Alma de estas perfecciones Era el gentil desenfado De un despejo tan airoso, Un gusto tan cortesano, Un recato tan amable, Un tan atractivo agrado, Que en el mas bajo descuido Se hallaba el primor mas alto; Tan humilde en los afectos, Tan tierno en los agasajos, Tan fino en las persuaciones, Tan apacible en el trato, Y en todo, en fin, tan perfecto, Que ostentaba cortesano Despojos de lo rendido Por galas de lo alentado. En los desdenes sufrido, En los favores callado, En los peligros resuelto Y prudente en los acasos. Mira si con estas prendas, Con otras mas que te callo, Quedaría en la mas cuerda Defensa para el recato. En fin, yo le amé; no quiero Cansar tu atencion, contando De mi temerario empeño La historia caso por caso; Pues tu discrecion no ignora De empeños enamorados, Que es su ordinario principio Desasosiego y cuidado, Su medio, lances y riesgos, Su fin, tragedias ó agravios. Creció el amor en los dos Recíproco, y deseando Que nuestra feliz union Lograda en tálamo casto Confirmase de himeneo El indisoluble lazo; Y por acaso mi padre, Que ya para darme estado Andaba entre mis amantes Los méritos regulando, Atento á otras conveniencias No nos fuese un embarazo, Dispusimos esta noche La fuga, y atropellando El cariño de mi padre Y de mi honor el recato, Salí á la calle, y apénas Daba los primeros pasos, Entre

cobardes recelos De mi desdicha, fiando La una mano á las basquiñas Y á mi manto la otra mano, Cuando á nosotros resueltos Llegaron dos embozados. “¿Qué gente?” dicen, y yo Con el aliento turbado, Sin reparar lo que hacia [Porque suele en tales casos Hacer publicar secretos El cuidado de guardarlos] ¡Ay Cárlos! perdidos somos, Dije, y apénas tocaron Mis voces á sus oidos, Cuando los dos arrancando Los aceros, dijo el uno: “¡Matadlo, don Juan, matadlo! Que esa tirana que lleva Es doña Leonor de Castro Mi prima.” Sacó mi amante El acero, y alentado, Apénas la aguda punta Llegó al pecho del contrario, Cuando diciendo: ¡Ay de mí! Dió en tierra; y viendo el fracaso Dió voces el compañero, A cuyo estruendo llegaron Algunos; y aunque pudiera La fuga salvar á Cárlos, Por no dejarme en el riesgo Se detuvo temerario, De modo que la justicia, Que acaso andaba rondando, Llegó á nosotros; y aunque Segunda vez obstinado Intentaba defenderse, Persuadido de mi llanto Rindió la espada á mi ruego, Mucho mas que á sus contrarios. Prendiéronle, en fin, y á mí, Como á ocasion del estrago, Viendo que el que queda muerto Era don Diego de Castro, Mi primo, en tu noble casa, Señora, depositaron Mi persona y mis desdichas, Donde en un punto me hallo Sin crédito, sin honor, Sin consuelo, sin descanso, Sin aliento, sin alivio, Y finalmente esperando La ejecucion de mi muerte En la sentencia de Cárlos.

_Dª. Ana._--[_Ap._] ¡Cielos! que es esto que escucho! Al mismo que yo idolatro Es al que quiere Leonor. ¡Oh! que presto que ha vengado Amor á don Juan! ay triste! Señora, vuestros cuidados Siento, como es justo. Celia, Lleva esta dama á mi cuarto, Miéntras yo á mi hermano espero.

_Cel. á Leo._--Venid, señora.

_Dª. Leo._--Tus pasos Sigo (¡ay de mí!) pues es fuerza Obedecer á los hados.

(_Vánse Celia y doña Leonor._)

_Dª. Ana._--Si de Cárlos la gala y bizarría Pudo por sí mover á mi cuidado, ¿Cómo parecerá, siendo envidiado, Lo que solo por sí bien parecia? Si sin triunfo rendirle pretendia, Sabiendo ya que vive enamorado, ¿Qué victoria será verle apartado De quien ántes por suyo le tenia? Pues perdone don Juan, que aunque yo quiera Pagar su amor, que á olvido ya condeno, ¿Cómo podré, si ya en mi pena fiera Introducen los celos su veneno? Que es Cárlos, mas galan, y aunque no fuera, Tiene de mas galan el ser ageno.

(_Salen don Cárlos con la espada desnuda y Castaño._)

_D. Cár._--Señora, si en vuestro amparo Hallan piedad las desdichas, Lograd el triunfo mayor Siendo amparo de las mias. Siguiendo viene mis pasos No ménos que la justicia, Y como huir de ella es Generosa cobardía, Al asilo de esos pies Mi acosado aliento aspira, Aunque si ya perdí el alma Poco me importa la vida.

_Cast._--A mí sí me importa mucho, Y así, señora, os suplica Mi miedo que me escondais Debajo de las basquiñas.

_D. Cár._--Calla, necio!

_Cast._--Pues ¿será La primer vez, si lo miras, Esta que los sacristanes A los delincuentes libran?

_Dª. Ana._--(_Ap._) Cárlos es, válgame el cielo! La ocasion á la medida Del deseo se me viene De obligar con bizarrías Su amor, sin hacer ultrage A mi presuncion altiva; Pues amparándole aquí Con generosas caricias, Cubriré lo enamorada Con visos de compasiva; Y sin dejar la altivez Que en mi decoro es precisa, Podré, sin rendirme yo, Obligarle á que se rinda; Que aunque sé que ama á Leonor, ¿Qué voluntad hay tan fina En los hombres, que si ven Que otra ocasion los convida, La dejen por la que quieren? Pues alto, amor, ¿qué vacilas, Si de que puede mudarse Tengo el ejemplo en mi misma? Caballero, las desgracias Suelen del valor ser hijas Y cebo de las piedades, Y así, si las vuestras libran En mí su alivio, cobrad La respiracion perdida, Y en esta cuadra que cae A un jardin entrad á prisa, Antes que venga un hermano Que tengo, y con la malicia De veros conmigo solo, Otro riesgo os aperciba.

_D. Cár._--No quisiera yo, señora, Que el amparo de mi vida A vos os costara un susto.

_Cast._--¿Ahora en aquesto miras? ¡Cuerpo de quien me parió!

_Dª. Ana._--Nada á mí me desanima; Venid, que aquí hay una pieza Que nunca mi hermano pisa, Por ser en la que se guardan Alhajas que en las visitas De cumplimiento me sirven, Como son alfombras, sillas Y otras cosas; y ademas De aquesto, tiene salida A un jardin, por sí algo hubiere; Y porque nada os aflija, Venid y os lo mostraré; Pero ántes será precisa Diligencia el que yo cierre La puerta, porque advertida Salga en llamando mi hermano.

_Cast._--Señor qué cosa tan rica, Y qué dama tan bizarra; ¿No hubieras (pese á mis tripas, Que claro es que ha de pesarlas, Pues se han de quedar vacias) Enamorado tú á aquesta, Y no á aquella pobrecita De Leonor, cuyo caudal Son cuatro bachillerías?

_D. Cár._--Vive Dios, villano!...

_Dª. Ana._--Vamos. (_Ap._) Amor, pues que tú me brindas Con la dicha, no le niegues Despues el logro á la dicha.

(_Vánse. Salen don Rodrigo y Hernando._)

_D. Rod._--¿Qué me dices, Hernando?

_Her._--Lo que pasa, Que mi señora se salió de casa.

_D. Rod._--¿Y con quién no has sabido?

_Her._--¿Cómo puedo Si, como sabes tú, todo Toledo, Y cuantos á él llegaban Su belleza é ingenio celebraban? Con lo cual conocerse no podia Cual festejo era amor, cual cortesía, En que no sé si tú culpado has sido, Pues festejarla tanto has permitido, Sin advertir que aunque era recatada, Es fuerte la ocasion y el verse amada, Y que es fácil que amante é importuno Entre los otros le agradase alguno.

_D. Rod._--Hernando, no me apures la paciencia, Que aqueste ya no es tiempo de advertencia. ¡Oh fiera! ¿quién diria De aquella mesurada hipocresía, De aquel punto y recato que mostraba Que liviandad tan grande se encerraba En su pecho alevoso? ¡Oh mujeres! ¡Oh monstruo venenoso! Quién en vosotras fia, Si con igual locura y osadía, Con la misma medida Se pierde la ignorante y la entendida! Pensaba yo, hija vil, que tu belleza, Por la incomodidad de mi pobreza, Con tu ingenio seria Lo que mas alto dote te daria, Y ahora en lo que has hecho Conozco que es mas daño que provecho; Pues el ser conocida y celebrada Y por nuevo milagro festejada, Me sirve, hecha la cuenta, Solo de que se sepa mas tu afrenta. Pero ¿cómo á la queja se abalanza Primero mi valor, que á la venganza? Pero ¿cómo (ay de mí!) si en lo que lloro La afrenta sé y el agresor ignoro? Y así ofendido, sin saber me quedo Ni cómo ni de quién vengarme puedo.

_Her._--Señor, aunque no sé con evidencia Quien pudo de Leonor causar la ausencia, Por el rumor que habia De los muchos festejos que le hacia, Tengo por caso llano Que la llevó don Pedro de Arellano.

_D. Rod._--Pues si don Pedro fuera, Dí ¿qué dificultad hallar pudiera En que yo por mujer se la entregara, Sin que tan grande afrenta me causara?

_Her._--Señor, como eran tantos los que amaban A Leonor y su mano deseaban, Y á tí te la han pedido, Temeria no ser el elegido; Que todo enamorado es temeroso Y nunca juzga que será el dichoso; Y aunque usando tal medio Le alabo yo el temor y no el remedio, Sin duda por quitar la contingencia Se quiso asegurar con el ausencia; Y así, señor, si tomas mi consejo, Tú estás cansado y viejo, Don Pedro es mozo, rico y alentado, Y, sobre todo, el mal ya está causado, Pórtate con él cuerdo, cual conviene, Y ofrécele lo mismo que él se tiene. Díle que vuelva á casa á Leonor bella, Y luego al punto cásale con ella; Él vendrá en ello, pues no habrá quien huya Lo que ha de resultar en honra suya; Y con lo que te ordeno Vendrás á hacer antídoto el veneno.

_D. Rod._--Oh Hernando! qué tesoro es tan preciado Un fiel amigo ó un leal criado! Buscar á mi ofensor al punto elijo, Por convertirlo de enemigo en hijo.

_Her._--Si, señor, el remedio es bien se aplique, Antes que el mal, que pasa, se publique.

_Vánse. Sale doña Leonor retirándose de don Juan._

_D. Juan._--Espera, hermosa homicida; ¿De quién huyes? ¿quién te agravia? ¿Qué harás de quien te aborrece, Si así á quien te adora tratas? Mira que ultrajas huyendo Los mismos triunfos que alcanzas; Pues siendo el vencido yo, Tú me vuelves las espaldas, Y que haces que se ejerciten Dos acciones encontradas, Tú huyendo de quien te quiere, Yo siguiendo á quien me mata.

_Dª. Leo._--Caballero, ó lo que sois, Si apénas en esta casa (Que aun su dueño ignoro) acabo De poner la infeliz planta, ¿Cómo quereis que yo pueda Escuchar vuestras palabras, Si de ellas entiendo solo El asombro que me causan? Y así si, como sospecho, Me juzgais otra, os engaña Vuestra pasion; deteneos, Y conoced, mas cobrada La atencion, que no soy yo La que vos buscais.

_D. Juan._--¡Oh ingrata! Solo eso falta, que finjas, Para no escuchar mis ansias, Como que mi amor tuviera Condicion tan poco hidalga, Que en escuchar mis lamentos Tu decoro peligrara; Pues bien para asegurarte Las esperiencias pasadas Bastaban de nuestro amor, En que viste veces tantas Que las olas de mi llanto, Cuando mas crespas llegaban A querer con los deseos. De amor anegar las playas, Era márgen tu respeto Al mar de mis esperanzas.

_Dª. Leo._--Ya he dicho que no soy yo, Caballero, y esto basta. Idos ó yo llamaré A quien oyendo esas ansias, Las premie por verdaderas, O las castigue por falsas.

_D. Juan._--Escucha.

_Dª. Leo._--No tengo qué.

_D. Juan._--Pues, vive el cielo, tirana, Que forzada me has de oir, Si no quieres voluntaria, Y ha de escucharme grosero Quien de lo atento se cansa.

(_Cógela el brazo_)

_Dª. Leo._--¿Qué es esto? ¡Cielos, valedme!

_D. Juan._--En vano á los cielos llamas, Que mal puede hallar piedad Quien siempre piedad le falta.

_Dª. Leo._--¡Ay de mí! ¿no hay quién socorra Mi inocencia?....

(_Salen Cárlos y doña Ana deteniéndole_).

_Dª. Ana._--Tente, aguarda; (_á don Cárlos_) Que yo veré lo que ha sido Sin que tú al peligro salgas, Si es que mi hermano ha venido.

_D. Car._--Señora, esa voz el alma Me a atravesado, perdona....

_Dª. Ana._--La puerta tengo cerrada, Y así de no ser mi hermano Segura estoy; mas me causa Inquietud el que no sea,

(_Ap._)--Y Cárlos halle á su dama. Pero si ella está en mi cuarto Y Celia fué á acompañarla, ¿Qué ruido puede ser este? Y á oscuras toda la cuadra Está....¿Quien vá?

_D. Cár._--Yo, señora; ¿Qué me preguntas?

_D. Juan._--Doña Ana, Mi bien, señora, ¿por qué Con tanto rigor me tratas? ¿Estas eran las promesas? ¿Estas eran las palabras Que me distes en Madrid Para alentar mi esperanza? ¿Si obediente á tus preceptos, De tus rayos salamandra, Girasol de tu semblante, Clicie de tus luces claras, Dejé solo por servirte El regalo de mi casa, El respeto de mi padre, Y el cariño de mi patria? Si tú, sino de amorosa, De atenta y de cortesana, Diste con tácito agrado A entender lo que bastaba Para que supiese yo Que era ofrenda mi esperanza Admitida en el sagrado Sacrificio de tus aras, ¿Cómo ahora tan esquiva Con tanto rigor me tratas?

_Dª. Ana._--¿Qué es esto que escucho, cielos? ¿No es este don Juan de Várgas Que mi ingratitud condena Y sus finezas ensalza? Pues ¿quién aquí le ha traido?

_D. Cár._--Señora, escucha....

_Dª. Leo._--[_Desconociéndole_] Hombre, aparta, Yo te he dicho que me dejes.

_D. Cár._--Escucha, hermosa doña Ana, Mira que don Cárlos soy A quien tu piedad ampara.

_Dª. Leo._--Don Cárlos ha dicho, ¡cielos! Y hasta en el habla jurara Que es don Cárlos, y es que como Tengo á Cárlos en el alma, Todos Cárlos me parecen, Cuando él (¡ay prenda adorada!) En la prision estará.

_D. Cár._--Señora....

_Dª. Leo._ Apartad, que basta Deciros que me dejeis.

_D. Cár._--Si acaso estais enojada, Porque hasta aquí os he seguido, Perdonad, pues fué la causa Solamente el evitar Si algun daño os amenaza.

_Dª. Leo._--¡Válgame Dios! lo que á Cárlos Se parece!

_D. Juan._--En fin, ingrata ¿Con tal rigor me desprecias?

(_Sale Celia con luz._)

_Celia._--A ver si está aquí mi Ama; Para sacar á don Juan Que oculto dejé en su cuadra Vengo; mas ¿qué es lo que veo?

_Dª. Leo._--¿Qué es esto? ¡el cielo me valga! ¿Cárlos no es este que miro?

_D. Cár._--Esta es Leonor, ó me engaña La aprension....

_Dª. Ana._--¿Don Juan aquí? ¡Aliento y vida me faltan!

_D. Juan_--¿Aquí don Cárlos de Olmedo? Sin duda que de doña Ana Es amante, y que por él, Aleve, inconstante y falsa Me trata á mí con desden.

_Dª. Leo._--¡Cielos! en aquesta casa Cárlos, cuando amante yo En la prision le lloraba! En una cuadra escondido, Y á mí, pensando que hablaba Con otra, decirme amores! Sin duda que de esta dama Es amante; pero ¿cómo (Si es ilusion lo que pasa Por mí) si á él llevaron preso, Y quedé depositada? Yo toda soy un abismo De penas.

_Don Juan á doña Ana._--¡Fácil, liviana! ¿Estos eran los desdenes, Tener dentro de tu casa Oculto un hombre? (¡Ay de mí!) ¿Por esto me desdeñabas? Pues ¡vive el cielo, traidora! Que pues no puede mi saña Vengar en tí mi desprecio, Porque aquella ley tirana Del respeto á las mujeres De mis rigores te salva, Me he de vengar en tu amante.

_Dª. Ana._--Detente, don Juan, aguarda.

_D. Cár._--Son tantas las confusiones En que mi pecho batalla, Que en su varia confusion El discurso se embaraza, Y por discurrirlo todo, No acierto á discurrir nada. ¿Aquí Leonor? ¡cielos! ¿cómo?

_Dª. Ana._--¡Detente!

_D. Juan._--¡Aparta, tirana! Que á tu amante he de dar muerte.

_Celia._--Señora, mi señor llama.

_Dª. Ana._--¿Qué dices, Celia? ¡Ay de mi! Caballeros si mi fama Os mueve, debaos aquí El ver que no soy culpada Aquí en la entrada de alguno A esconderos, que palabra Os doy de daros lugar De que averigüeis mañana La causa de vuestras dudas; Pues si aquí mi hermano os halla Mi vida y mi honor peligran.

_D. Cár._--En mí bien asegurada Está la obediencia, puesto Que debo estar á tus plantas, Como á amparo de mi vida.

_D. Juan._--Y en mí que no quiero, ingrata, Aunque ofendido me tienes, Cuando eres tú quien lo mandas, Que á otro, porque te obedece, Le quedes mas obligada.

_Dª. Ana._--Yo os estimo la atencion. Celia, tú en distintas cuadras Oculta á los dos, supuesto Que no es posible que salga Hasta la mañana alguno.

_Celia._--Ya poco término falta. Don Juan, conmigo venid. Tú, señora, á esa fantasma Entrala donde quisieres.

Un respiro entre páginas.

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