Obras selectas de Sor Juana Inés de la CruzSor Juana Inés de la Cruz

CAPÍTULO 13

Comienzo · continuación 13

¿No bastan cuán vivas Se me representan De mi ausente cielo Las divinas prendas?

¿No basta acordarme Sus caricias tiernas, Sus dulces palabras, Sus nobles finezas?

Y ¿no basta que Industriosa crezcas Con pasadas glorias Mis presentes penas,

Sino que (¡ay de mí! Mi bien, quién pudiera No hacerte este agravio De temer mi ofensa!)

Sino que villana Persuadirme intentas Que mi agravio es Posible que sea?

Y para formarlo Con necia agudeza, Con cuerdas palabras Acciones contestas.

Sus proposiciones Me las interpretas, Y lo que en paz digo Me sirve de guerra.

¿Para qué examinas Si habrá quien merezca De sus bellos ojos Atenciones tiernas?

¿Si de otra hermosura Acaso le llevan Méritos mas altos, Mas dulces ternezas?

¿Si de obligaciones La carga molesta Le obliga en mi agravio A pagar la deuda?

¿Para qué ventilas La cuestion superflua De si es la mudanza Hija de la ausencia?

Ya yo sé que es frágil La naturaleza, Y que su constancia Solo es no tenerla;

Sé que la mudanza Por puntos en ella Es, de su ser propio, Caduca dolencia.

Pero tambien sé Que ha habido firmeza, Que ha habido escepciones De la comun regla.

Pues ¿por qué la suya, Quieres tú que sea, Siendo ambas posibles, De aquella y no de esta?

Mas ¡ay! que ya escucho, Que das por respuesta, Que son mas seguras Las cosas adversas.

Con estos temores En confusa guerra, Entre muerte y vida Me tienes suspensa.

Ven á algún partido De una vez, y acepta Permitir que viva O dejar que muera.

VII.

(FRAGMENTOS.)

Sabrás, querido Fabio, Si ignoras que te quiero, Que ignorar lo dichoso Es muy de lo discreto;

Que apénas fuiste blanco En que el rapaz archero Del tiro indefectible Logró el mejor acierto,

Cuando en mi pecho amante Brotaron al incendio De recíprocas llamas Conformes ardimientos.

¿No has visto, Fabio mio, Cuando el señor de Délos Hiere con armas de oro La luna de un espejo,

Que haciendo en el cristal Reflejo el rayo bello, Hiere repercusivo El mas cercano objeto?

Pues así del amor Las flechas, que en mi pecho Tu resistente nieve Les diò mayor esfuerzo,

Vueltas á mí las puntas, Dispuso amor soberbio, Solo con un impulso Dos alcanzar trofeos. Díganlo las ruinas De mi valor deshecho,

***

Las cercenadas voces Que en balbucientes ecos, Si el amor las impele, Las retiene el respeto;

Las niñas de mis ojos Que con mirar travieso Sinceramente parlan Del alma los secretos;

El turbado semblante Y el impedido aliento, En cuya muda calma Da voces el afecto;

Aquel decirte mas Cuando me esplico ménos, Queriendo en negaciones Espresar los conceptos;

Y en fin, dígaslo tú Que de mis pensamientos, Lince sutíl, penetras Los mas ocultos senos.

***

VIII.

(FRAGMENTOS.)

Si acaso, Fabio mio, Despues de penas tantas Quedan para las quejas Alientos en el alma; Si acaso en las cenizas De mi muerta esperanza Se libró por pequeña Alguna débil rama, En donde entretenerse Con fuerza limitada, El rato que me escuchas, Pueda la vital aura, Oye en tristes endechas Las tiernas consonancias Qué al moribundo cisne Sirven de exequias blandas.

***

Dame el postrer abrazo Cuyas tiernas lazadas, Siendo union de los cuerpos, Ydentifican almas. Oiga tus dulces ecos, Y en cadencias turbadas No permita el ahogo Enteras las palabras. De tu rostro en el mio Haz amorosa estampa Y mis mejillas frías De ardiente llanto baña.

***

Recibe de mis labios El que en mortales ansias El exánime pecho Ultimo aliento exhala; Y el espíritu ardiente

***

Recibe, y de tu pecho En la dulce morada Padron eterno sea De mi fineza rara. Y á Dios, Fabio querido, Que ya el aliento falta, Y de vivir se aleja La que de tí se aparta.

[Illustration]

ODAS, LIRAS Y LETRILLAS.

I.

_En la profesion de una religiosa._

Celebrad, criaturas, Las dichas que logro, Aunque á mis venturas Todo viene corto. Sabed que mis bienes Llegan á tal colmo, Que aun á la esperanza Exceden mis gozos. Del Señor un ángel Me asiste animoso, Y con nimio celo Guarda mi decoro. Soy esclava humilde Del Señor que adoro, Y por eso ostento Serviles despojos. Con su santo sello Señaló mi rostro, Para que no admita Mas que su amor solo. Del que ángeles sirven Esposa me nombro, A quien sol y luna Admiran hermoso. Desprecia por Cristo Mi pecho amoroso El reino del mundo Con su fausto todo. Ahora que sigo Con paso amoroso Al que ha deseado Mi corazon todo, ¡Ay! no me confundas, Señor, con tu enojo, Sino obra conmigo Cual siempre piadoso! Dióme en fe su anillo De su desposorio, Y de ricas joyas Compuso mi adorno. Vistióme con ropas Tejidas con oro, Y con su corona Me honró como esposo. Lo que he deseado Ya lo ven mis ojos, Y lo que esperaba Ya felice gozo.

II.

_A la Asuncion._

A la que triunfante Bella emperatriz Huella de los aires La region feliz; A la que ilumina Su vago confin De arreboles de oro, Nácar y carmin; A cuyo pié hermoso Espera servir El trono estrellado En campo turquí; A la que confiesan Cien mil veces mil Por Señora el ángel, Reina el serafin; Cuyo pelo airoso Desprende sutíl En garzotas de oro Bandera de Ofir; De quién aprendió El sol á lucir, La estrella á brillar, La aurora á reir, Cantemos la gloria Diciendo al subir: Pues vivió sin mancha, ¡Que viva sin fin!

III.

_Al mismo asunto._

De tu ligera planta El curso, Fénix rara, Pára, pára; Mira que se adelanta En tan ligero ensayo A la nave, á la cierva, al ave, al rayo. ¿Por qué surcas ligera El viento trasparente? Tente, tente; Consuélanos siquiera, No nos lleves contigo El consuelo, el amparo, el bien y abrigo. Todos los elementos Lamentan tu partida; Mida, mida Tu piedad sus lamentos: Oye el humilde ruego A la tierra, á la mar, al aire, al fuego. Las criaturas sensibles Y las que vida ignoran, Lloran, lloran Con llantos indecibles, Invocando tu nombre El peñasco, la planta, el bruto, el hombre. A llantos repetidos Entre los troncos secos, Ecos, ecos Dan á nuestros gemidos Por llorosa respuesta El monte, el llano, el bosque, la floresta. Si las lumbres atenta Hácia el suelo volvieras, Vieras, vieras Cuán triste se lamenta Con ansia lastimosa El pájaro, el reptil, el pez, la rosa. Mas con ardor divino Ya rompiendo las nubes Subes, subes, Y en solio cristalino Besan tus plantas bellas El cielo, el sol, la luna, las estrellas. Ya espíritus dichosos Que el Olimpo componen Ponen, ponen A tus pies, generosos, Con ardientes deseos Coronas, cetros, palmas y trofeos. No olvides, pues, gloriosa, Al que triste suspira; Mira, mira Que ofreciste piadosa Ser de clemencia armada Ausilio, amparo, madre y abogada.

IV.

_A San Pedro._

¡Oh Pastor que has perdido Al que tu pecho adora! Llora, llora, Y deja dolorido En lágrimas deshecho El rostro, el corazon, el alma, el pecho.

Si el arrepentimiento Tu corazon oprime, Gime, gime; Lastime tu lamento Y doloroso anhelo A la tierra, á la mar, al aire, al cielo.

Si de suerte mejoras, Las lágrimas te valgan: Salgan, salgan Todas las que atesoras; Aneguen tus pesares Los rios, los arroyos, fuentes, mares,

Y pues tu pena rara Lágrimas solo borran, Corran, corran, Y dejen en tu cara Y en todas tus facciones Señales, rayas, surcos, impresiones.

Y si á dar tiernas voces El duro mal te excita, Grita, grita, Y tus penas atroces Oigan, y tus querellas, Los luceros, el sol, luna y estrellas.

El curso ya empezado Tus lágrimas no acaben: Laven, laven La mancha del pecado, Hasta que estés glorioso Limpio, resplandeciente, puro, hermoso.

V.

_De Santa Catarina Mártir._

Sosiega, Nilo undoso, Tu líquida corriente; Tente, tente, Párate á ver gozoso La que fecundas bella De la tierra, del cielo, rosa, estrella.

Tu corriente oportuna Que piadoso moviste Viste, viste Que de Moises fué cuna, Siendo arrullo á su oido La onda, la espuma, el tumbo y el sonido.

Mas venturoso ahora De abundancia de bienes Tienes, tienes La que tu márgen dora Belleza mas lozana Que Abigail, Ester, Raquel, Susana:

La hermosa Catarina Que la gloria gitana Vana, vana Elevó á ser divina, Y en las virtudes trueca De Débora, Jael, Judit, Rebeca.

No en frágil hermosura Que aprecia el loco abuso Puso, puso Esperanza segura, Bien que excedió su cara La de Ruth, Bersabé, Thamar y Sara.

A esta, Nilo sagrado, Tu corriente sonante Cante, cante, Y en concierto acordado Tus ondas sean veloces Sílabas, lenguas, nùmeros y voces.

VI.

_Al mismo asunto._

(LETRILLA.)

Erase una niña Como digo á usté, Cuyos años eran Ocho sobre diez. Esperen, aguarden, Que yo lo diré. Esta (qué sé yo Cómo pudo ser?) Dizque supo mucho, Aunque era mujer. Esperen, aguarden, Que yo lo diré. Porque como dizque Dice no sé quien, Ellas solo saben Hilar y coser. Esperen, aguarden, Que yo lo diré. Pues esta á hombres grandes Pudo convencer; Que á un chico, cualquiera Lo puede envolver. Esperen, aguarden, Que yo lo diré. Y aun una santita Dizque era tambien, Sin que la estorbase Para eso el saber. Esperen, aguarden, Que yo lo diré. Mas como Patillas No duerme, al saber Que era santa y docta Se hizo un Lucifer. Esperen, aguarden, Que yo lo diré. Porque teme el diablo Esto de saber Que hay mujer que sepa Mas que supo él. Esperen, aguarden, Que yo lo diré. Pues con esto ¿qué hace? Viene y tienta á un rey Que á ella la tentara A dejar su ley. Esperen, aguarden, Que yo lo diré. Tentóle de recio; Mas ella, par diez, Se dejó matar Antes que vencer. Esperen, aguarden, Que yó lo diré. No pescudan mas, Porque mas no sé, De que es Catarina Para siempre, amen. Esperen, aguarden, Que yo lo diré.

VII.

_En la dedicacion de un templo._

Aunque ningun lugar es Lugar de ofender á Dios, Pues para alabarle en todos Su Magestad los crió, Atencion, atencion, Que aquesta es casa solo de oracion.

Como nuestra gran flaqueza Su Magestad conoció, Separó algunos lugares Para nuestra devocion. Atencion, atencion, Que aquesta es casa solo de oracion.

Con especial asistencia En ellos determinó Habitar, para que en ellos Le demos adoracion. Atencion, atencion, Que aquesta es casa solo de oracion.

Pues ¿qué disculpa tendrá De atreverse nuestro error Al determinado sitio Que para sí destinó? Atencion, atencion, Que aquesta es casa solo de oracion.

Los que al templo venis, sea Solo á dar gracias á Dios; No hagais la casa del Padre Casa de negociacion. Atencion, atencion, Que aquesta es casa solo de oracion.

Plazas y lonjas teneis Si buscais conversacion, Que el templo Dios solamente A su culto reservò. Atencion, atencion, Que aquesta es casa solo de oracion.

VIII.

_Juguetillo á María._

Como entre espinas la rosa, Como entre nubes la luna, Unica y como ninguna Luce la divina Esposa. Toda pura y toda hermosa, Púrpura y viso vestida, Ciudad de Dios defendida, Arca de su testamento, De la Trinidad asiento, Iris hermoso de paz, Y trescientas cosas mas.

Como lirio descollado En el márgen cristalino; Como vaso de oro fino De mil piedras adornado; Como bálsamo quemado, Como fuego reluciente, Como Apolo refulgente. Como poma de olor llena, A quien no tocó la pena Que tuvieron los demas, Y trescientas cosas mas.

Como varita olorosa Que asciende desde el desierto; Como bien ballado huerto De la fruta mas sabrosa; Como palma victoriosa, Como escuadron ordenado, Como paso bien sellado, Como pacífica oliva Que fué del mundo la paz, Y trescientas cosas mas.

Trono de Dios soberano, Archivo de todo bien, Gloria de Jerusalen Y alegria del crístiano; Ester que al género humano De la miseria libró; La muger que en Pátmos vió Juan, triunfante del dragon; El trono de Salomon Y la señal dada á Acaz, Y trescientas cosas mas.

IX.

_Villancicos en la fiesta de San José._

Quedito, airecillos, No, no susurreis; Mirad que descansa Un rato José. No, no os movais, Oh no, no voleis; Quedito, pasito, Que duerme José. Para no ver el preñado, José, que le daba enojos, De María, los dos ojos Ha cerrado. Centra su vista severo Dijo airado, porque vía Testigos contra María, “No los quiero. Si dicen que en el empleo De mi esposa falta fe, Nunca estoy mas ciego que Cuando veo. Y á que en llanto no se aneguen Porque á tanto se atrevieron, Ojos que contra ella fueron Luego cieguen.” Viendo Dios que eran despojos Sus ojos de su sentir, Hízole dormido abrir Tantos ojos. Hablóle un ángel glorioso, Porque solo él pudo ser Bastante á satisfacer A un celoso. Ay qué prodigio! Ay qué portento! Vengan á verlo todos, Vengan á verlo! Que si á todos los celos Quitan el sueño, A mi Josef el sueño Quita los celos. Celos con sueño, Sueño con celos, En Josef solamente No son opuestos. Vengan á verlo todos Vengan á verlo!

[Illustration]

SILVA.

_Retrato de una belleza._

POESIA BURLESCA, IMITADA DE JACINTO POLO.

El pintar de Lizarda la belleza En que á sí se excedió naturaleza, Con un estilo llano, Se me viene á la pluma y á la mano. Y cierto que es locura El querer retratar yo su hermosura, Sin haber en mi vida dibujado, Ni saber qué es azul ó colorado, Qué es regla, qué es pincel, oscuro ó claro, Aparejo, retoque ni reparo. El diablo me ha metido en ser pintora! Dejémoslo, mi Musa, por ahora A quien sepa el oficio... Mas esta tentacion me quita el juicio! Y sin dejarme pizca, Ya no solo me tienta, me pellizca, Me casca, me hormiguea, Me punza, me rempuja, me aporrea. Y tengo de pintar dé donde diere, Salga como saliere; Aunque saque un retrato Tal que despues le ponga, _aqueste es gato_. Pues no soy la primera Que con hurtos de sol y primavera Echo, con mil primores, Una mujer en infusion de flores; Y despues que muy bien alambicada Resulta una belleza destilada, Cuando el hervor se entibia, Si rosa la creyeron, sale endibia. Mas no pienso robar yo sus colores: Descansen por aquesta vez las flores; Que no quiere mi Musa ni se mete En hacer su hermosura ramillete, Mas ¿con qué he de pintar si ya la vena No se tiene por buena, Si no forma, hortelana en sus colores, Un gran cuadro de flores? ¡Oh siglo desdichado y desvalido, En que todo lo hallamos ya servido! Pues que no hay voz, equívoco ni frase Que por comun no pase, Y digan los censores: “¿Eso? ya lo pensaron los mayores.” ¡Dichosos los antiguos que tuvieron Paño de qué cortar, y así vistieron Sus conceptos de albores, De luces, de reflejos y de flores! Que entónces era el sol nuevo y flamante, Y andaba tan valido lo brillante Que el decir que el cabello era un tesoro, Valia otro tanto oro; Y las estrellas con sus rayos rojos Que aun no estaban cansadas de ser ojos, Cuando eran celebradas ¡_Oh dulces luces por mi mal halladas,_ _Dulces y alegres cuando Dios queria_!, Ya no las puede usar la Musa mia Sin que diga severo algun letrado Que Garcilaso está muy maltratado Y en lugar indecente. Mas si no es á su Musa competente Y le ha de dar enojo semejante, Quite aquellos dos versos, y ¡adelante! Digo, pues, que el coral, entre los sabios, Se andaba con la grana aun en los labios, Y las perlas de nítidos orientes Andaban enseñándose á ser dientes, Y alegaba la concha, no muy loca, Que si ellas dientes son, ella es la boca; Desde entónces, no hay duda, Empezó la belleza á ser conchuda. Pues ¿las piedras? ¡ay Dios! y qué riqueza! Era una platería una belleza, Que llevaba por dote en sus facciones Mas de treinta millones. Eso sí era hacer versos descansado, Y no en aqueste siglo desdichado Y de tal desventura, Que está ya tan cansada la hermosura De verse en los planteles De azucenas, de rosas y claveles, Ya del tiempo marchitos, Recojiendo humedades y mosquitos, Que con enfado estraño Quisiera mas un saco de hermitaño. Y así andan los poetas desvalidos Achicando antiguallas de vestidos, Y talvez sin mancilla lo que es jubon ajustan á ropilla, O hacen de unos centones De remiendos diversos los calzones, Y nos quieren vender por estremada Una belleza rota y remendada. Pues ¿qué es ver las metáforas cansadas En que han dado las Musas alcanzadas? No hay ciencia, arte ni oficio Que con estraño vicio Los poetas, con vana sutileza, No anden acomodando á la belleza, Y pensando que pintan de los cielos Hacen unos retablos de sus duelos. Pero diránme ahora Que ¿quién á mí me mete á ser censora? Pues de lo que no entiendo es grave exceso; Pero yo les respondo, que por eso: Pues siempre el que censura y contradice, Es quién ménos entiende lo que dice. Mas si alguno se irrita, Murmúreme tambien; ¿quién se lo quita? No haya miedo que en eso me fatigue, Ni que á ninguno obligue A que encargue su alma: Téngasela en su palma Y haga lo que quisiere, Pues su sudor le cuesta al que leyere; Y si ha de disgustarse con leello, Vénguese del trabajo con mordello, Y allí me las dén todas, Pues yo no me he de hallar en esas bodas. Miren, esto de bodas es constante Que lo dije por solo el consonante; Si alguno halla otra voz que mas espresa, Yo le doy mi poder, y quíteme esa. Mas volviendo á mi arenga comenzada, Válgame por Lizarda retratada, Y ¡qué difícil eres! No es mala propiedad de las mujeres. Mas ya lo prometí, cumplirlo es fuerza, Aunque las manos tuerza: A acabarlo me obligo Pues tomo bien la pluma, y Dios conmigo. Vaya, pues, de retrato! Denme un Dios que socorra de barato. ¡Ay¡ con toda la trampa, Que una musa de _la ampa_, A quien ayuda tan propicio Apolo, Se haya rozado con Jacinto Polo En aquel conceptillo desdichado! ¡Y pensarán que es robo muy pensado! Es, pues, Lizarda... es pues... ¡Ay Dios, qué aprieto No sé quién es Lizarda, les prometo; Que mi atencion sencilla Pintarla prometió, no definilla. Digo, pues... ¡oh que _pueses_ tan soeces! ¿Todo el papel he de llenar de _pueses_? ¡Jesus! qué mal empiezo!.... Principio iba á decir, ya lo confieso, Y acordéme al instante Que _principio_ no tiene consonante. Perdonen, que esta mengua Es porque no me ayuda bien la lengua. ¡Jesus! y ¡qué cansados Estarán de esperar desesperados Los tales mis oyentes; Mas si esperar no gustan, impacientes, Y juzgaren que es largo y que es pesado, Vayan con Dios, que ya esto se ha acabado; Pues quedándome sola y retirada Mi borrador haré mas descansada. Por el cabello empiezo, estense quedos, Que hay aquí que pintar muchos enredos; No hallo comparacion que bien le cuadre; Qué para poco me parió mi madre! ¿Rayos de sol? Ya aqueso se ha pasado; La pragmática nueva lo ha quitado. ¿Cuerdas de arco de amor en dulce trance? Eso es llamarlo cerda en buen romance. ¡Qué linda cosa fuera El tomar la ocasion por la mollera! Pero aquesta ocasion ya se ha pasado, Y calva está de haberla repelado. Y así en su calva lisa La cabellera irá tambien postiza, Y el que llegue á cogerla Se queda con el pelo y no con ella, Y, en fin, despues de tanto dar en ello, ¿Qué tenemos, mi Musa, de cabello? El de Absalon viniera aquí nacido, Por tener mi discurso suspendido; Mas no quiero meterme yo en

honduras Mostrándome entendida en Escrituras. En ser cabello de Lizarda quede. Que es lo que mas encarecerse puede, Y bájese á la frente mi reparo: ¡Gracias á Dios que salgo hácia lo claro! Que me pude perder en la espesura Sino saliera por la comisura. Tendrá, pues, la tal frente Una caballería largamente, Segun está de limpia y despejada; Y si temen por esto verla arada, Pierdan este recelo, Que estas caballerías son del cielo. ¿Qué apostamos que ahora piensan todos Que he perdido los modos Del estilo burlesco, Pues que ya por los cielos me encarezco? Pues no fué este mi intento, Que yo no me acordé del firmamento, Porque mi estilo llano Se tiene acá otros cielos mas á mano; Que á ninguna belleza se le veda El que tener dos cielos juntos pueda; Y ¿cómo? Uno en la boca, otro en la frente. ¡Por Dios, que lo he enmendado lindamente! Las cejas son agora, ¿diré arcos? No, que su consonante es luego zarcos, Y si yo pinto zarca su hermosura, Dará Lizarda al diablo la pintura, Y me dirá que solo algun demonio Levantara tan falso testimonio. Pues yo lo he de decir, y en esto ahora Conozco que devéras soy pintora, Que mentir de un retrato en los primores Es el último exámen de pintores. En fin, ya con ser arcos se han salido; Pero ¿piensan que son los de Cupido? ¿O que son paz del dia? Pues no son sino de una cañería Por donde encaña el agua á sus enojos, Por mas señas, que tiene allí dos ojos. Esto ¿quién lo ha pensado? ¿Me dirán que esto es viejo y es trillado? Mas ya que los nombré, fuerza es pintallos, Aunque no tope verso en qué colgallos. ¡Nunca yo los mentara! Que quizas al lector se le olvidara. Empiezo á pintar, pues: nadie se ria De ver que titubea mi Talia; Que no es hacer buñuelos, Pues tienen su pimienta los ojuelos, Y no hallo en mi conciencia Comparacion que tenga conveniencia Con tantos arreboles... ¡Jesus! no estuve un tris de decir soles! ¡Qué grande barbarismo! Apolo me defienda de sí mismo; Que á los que son de luces sus pecados, Los veo condenar de alucinados, Y temerosa yo, viendo su enojo, Trato de echar mis luces en remojo. Tentacion solariega en mí es estraña... Que se vaya á tentar á la montaña. En fin, yo no hallo símil competente Por mas que doy palmadas en mi frente, Y las uñas me como. ¿Dónde el _viste_ estará y el _así como_, Que siempre tan activos Se andan á principiar comparativos? Mas ¡ay! que donde _vistes_ hubo antaño, No hay _así como_ ogaño; Pues váyanse sin ellos muy serenos, Que no por eso dejan de ser buenos, Ni de ser manantial de perfecciones, Que no todo ha de ser comparaciones; Y ojos de una beldad tan peregrina Razon es ya que salgan de madrina, Pues á sus niñas fuera hacer ultrage Quererlas tener siempre en pupilage. En fin, nada les cuadra, que es locura Al círculo buscar la cuadratura. Síguese la nariz, y es tan seguida Que ya quedó con esto definida; Y nariz torticera tan tremenda No hay geómetra alguno que la entienda. Pásame á las mejillas; Y aunque es su consonante maravillas, No las quiero yo hacer predicadores Que digan: Aprended de mí, á las flores. Mas si he de confesarles mi pecado, Algo el carmin y grana me han tentado. Mas agora ponérselos no quiero: Si ella lo quiere, gaste su dinero; Que es grande bobería El quererla afeitar á costa mia. Ellas, en fin, aunque parecen rosa, Lo cierto es que son carne, y no otra cosa. ¡Válgame Dios! lo que se sigue ahora. Haciéndome está cocos el aurora Por ver si la comparo con su boca; Y el oriente con perlas me provoca; Pero no hay que admirarme, Que ni una sed de oriente ha de costarme. Es, en efecto, de color tan fina Que parece bocado de cecina; Y no he dicho muy mal, pues de salada Dicen que se le ha puesto colorada. Miren cómo sé hacer comparaciones Muy propias en algunas ocasiones. Y es que donde no piensa el que es mas vivo, Falta el comparativo; Y si alguno dijere que es grosera Una comparacion de esta manera, Respóndame la Musa mas ufana, ¿Es mejor el gusano que la grana? ¿O el clavel, que si el gusto los apura Hará echar las entrañas su amargura? Con todo, númen mio, Aquesto de la boca va muy frio; Yo digo mi pecado, Ya está el pincel cansado; Pero, pues tengo ya frialdad tanta, Gastemos esta nieve en la garganta, Que la tiene tan blanca y tan helada Que le sale la voz garapiñada. Mas por sus pasos, yendo á paso llano, Se me vienen las manos á la mano. Aquí habrá menester grande cuidado, Pues ya toda la nieve se ha gastado, Y para la blancura que atesora No me ha quedado ni una cantimplora; Y fué la causa de esto Que, como iba sin sal, se gastó presto. Mas puesto que pintarla solicito, Por la Vírgen, que esperen un tantito, Miéntras la pluma tajo Y me alivio un poquito del trabajo, Y, por decir verdad, miéntras suspensa Mi imaginacion piensa Algun concepto que á sus manos venga. ¡Oh! si Lizarda se llamara Menga! Qué equívoco tan lindo me ocurría, Que solo por el nombre se me enfría! Ello fuí desgraciada En estar ya Lizarda bautizada. Acabemos, que el tiempo nunca sobra: A las manos, y manos á la obra. Empiezo por la diestra, Que aunque no es ménos bella la siniestra, A la pintura es llano Que se le ha de asentar la primer mano. Es, pues, blanca y hermosa con exceso, Porque es de carne y hueso, No de marfil ni plata, que es quimera Y á una estatua servir solo pudiera; Y con esto, aunque es bella, Sabe su dueño bien servirse de ella, Y la estima bizarra, Mas que no porque luce, porque agarra. Pues no le queda en zaga la siniestra, Porque aunque no es tan diestra, Y es algo ménos en la lijereza, No tiene un dedo ménos de belleza. Aquí viene rodada Una comparacion acomodada: Porque, no hay duda, es llano Que es la una mano como la otra mano. Y si alguno dijere que es friolera El querer comparar de esta manera, Respondo á su censura, Que el tal no sabe lo que se murmura, Pues pudiera muy bien naturaleza Haber sacado manca esta belleza; Que yo he visto bellezas muy ramplonas Que, si mancas no son, son macarronas. Ora falta á mi Musa la estrechura De pintar la cintura. En ella he de gastar poco

capricho, Pues con decirla breve, se está dicho; Porque ella es tan delgada, Que en una línea queda ya pintada. El pié yo no lo he visto, y fuera engaño Retratar el tamaño, Ni mi Musa sus puntos considera, Porque no es zapatera; Pero segun airoso el cuerpo mueve, Debe el pié de ser breve, Porque es, nadie ha ignorado, El pié de arte mayor largo y pesado. Y si en cuenta ha de entrar la vestidura, Que ya es el traje parte en la hermosura, El hasta aquí del garbo y de la gala A la suya no iguala, De fiesta ò de revuelta, Porque está bien prendida, y mas bien suelta. Un adorno garboso y no afectado, Que parece descuido y es cuidado; Un aire con que arrastra la tal niña Con aseado desprecio la basquiña, En que se van pegando Las almas entre el polvo que va hollando; Un arrojar el pelo por un lado, Como que la acongoja por copado; Y al arrojar el pelo, Descubrir un... Por poco digo cielo, Quebrantando la ley; mas ¿qué importara Que yo la quebrantara? A nadie cause escándalo ni espanto, Pues no es la ley de Dios la que quebranto; Y con todo, si á ustedes les parece, Será razon que ya el retrato cese, Que no quiero cansarme, Pues ni aun el coste de él han de pagarme. Veinte años de cumplir en mayo acaba. _Juana Ines de la Cruz la retrataba._

EPIGRAMAS.

I.

Que te dan en la hermosura La palma, dices, Leonor; La de vírgen es mejor Que tu cara te asegura. No te precies con descoco Que á todos robas el alma, Pues si te han dado la palma Es, Leonor, porque eres coco.

II.

Porque tu sangre se sepa Cuentas á todos, Alfeo, Que eres de reyes; yo creo Que eres de muy buena zepa; Y que, pues á cuantos topas Con esos reyes enfadas, Que mas que reyes de espadas, Debieron de ser de copas.

III.

El no ser de padre honrado Fuera defecto, á mi ver, Si como recibí el ser De él, se lo hubiera yo dado. Mas piadosa fué tu madre Que hizo que á muchos sucedas, Para que entre tantos puedas Tomar el que mas te cuadre.

IV.

Capitan es ya don Juan; Mas quisiera mi cuidado Hallarle lo reformado Antes de lo capitan; Porque cierto que me inquieta En accion tan atrevida, Ver que no sepa la brida Y se atreva á la gineta.

LOS SILBOS.

DIALOGO.

(_Tomado del final de un sainete._)

_Muñoz._--Silbadito del alma, No te me ahorques, Que los silbos se hicieron Para los hombres.

_Acebedo._--Silbadores del diablo, Morir dispongo, Que los silbos se hicieron Para los toros.

_Comp. 1º._--Pues que ahorcar te quieres, Toma la soga, Que aqueste cordelejo No es otra cosa.

_Acebedo._--No me silveis, demonios, Que mi cabeza No recibe los silvos, Aunque está hueca.

_Arias._--Vaya de silbos, vaya! ¡Silbad, amigos! Que en lo hueco resuenan Muy bien los silbos.

_Acebedo._--Gachupines parecen Recien venidos, Porque todo el teatro Se hunde á silbos.

_Muñoz._--Vaya de silbos, vaya!...

_Comp. 2º._--Y los malos poetas Tengan sabido, Que si vítores quieren, Este es el vítor.

_Todos cant._--Vaya de silbos, vaya!...

_Acebedo._--Baste ya, por Dios, baste; No me den soga, Que ya les doy palabra De no hacer otra.

Un respiro entre páginas.

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