CAPÍTULO 10
Comienzo · continuación 10
Que la mitad me ha entregado, Dice con malicia y arte, Que no tengo ni aun la parte, Pues no me dan el traslado:
Y á tanta malicia llega, Malicia tan conocida, Que me niega la partida Y la venida me niega.
¡Oh cuánta justicia fuera Si se viera á buena luz, Si ántes le daba la cruz, Que ahora se la pusiera!
Mas porque de mí no infiera Que á negar tambien me atrevo, Ahí va el romance que debo, Y dóilo, aunque no debiera.
Que es fácil de discurrir, Cuando lo llegue á entregar, Pues, no me queda qué dar, Que me queda qué pedir.
VII.
_Escusándose de un silencio._
Pedirte, señora, quiero De mi silencio perdon, Si lo que ha sido atencion Le hace parecer grosero.
Y no me podrás culpar Si hasta aquí mi proceder, Por ocuparse en querer, Se ha olvidado de esplicar;
Que en mi amorosa pasion No fué descuido ni mengua Quitar el uso á la lengua Por dárselo al corazon.
Ni de explicarme dejaba, Que como la pasion mia Acá en el alma te via, Acá en el alma te hablaba;
Y en esta idea notable Dichosamente vivia, Porque en mi mano tenia El fingirte favorable.
Con traza tan peregrina Vivió mi esperanza vana, Pues te pudo hacer humana Concibiéndote divina.
¡Oh cuán loca llegué á verme En tus dichosos amores! Que aun fingidos tus favores Pudieron enloquecerme.
¡Oh còmo en tu sol hermoso Mi ardiente afecto encendido, Por cebarse en lo lucido, Olvidó lo peligroso!
Perdona si atrevimiento Fué acercarme á tu ardor puro, Que no hay sagrado seguro De culpas de pensamiento.
De esta manera engañaba La loca esperanza mia, Y dentro de mí tenia Todo el bien que deseaba.
Mas ya tu precepto grave Rompe mi silencio mudo; Que él solamente ser pudo De mi respeto la llave.
Y aunque el amar tu belleza Sea delito sin disculpa, Castígueseme la culpa Primero que la tibieza.
No quieras pues rigurosa, Que estando ya declarada, Sea devéras desdichada Quien fué de burlas dichosa.
Si culpas mi desacato, Culpa tambien tu licencia, Que si es mala mi obediencia, No fué justo tu mandato.
Y si es culpable mi intento, Será mi afecto precito, Porque es amarte un delito De que nunca me arrepiento.
Esto en mis afectos hallo, Y más que esplicar no sé; Mas tú de lo que callé Inferirás lo que callo.
VIII.
_Del retrato de una bella._
(FRAGMENTOS.)
Accion, Lisi, fué acertada El permitir retratarte, Pues ¿quién pudiera mirarte Si no es estando pintada?
Como de Febo el reflejo Es tu hermoso rosicler, Que para poderlo ver Lo miran en un espejo.
***
Pues la fuerza superior Que se emplea en un rendido, Es disculpa del vencido Y afrenta del vencedor.
No es la malla ni el escudo Señal de valor subido, Porque un pecho bien vestido Muestra un corazon desnudo;
Y del muy armado infiero Que con recelo y temor Se desnuda del valor Cuando se viste de acero;
Así era hacer injusticia A tu decoro y grandeza, Si triunfara tu belleza Donde basta tu noticia.
Amor hecho tierno Apéles, En tan divina pintura, Para pintar tu hermosura Hizo las flechas pinceles.
***
Y no fué de Amor locura Cuando te intentó copiar, Pues quererte eternizar No fué agraviar tu hermosura.
***
Pues es rigor, si se advierte, Que en tu copia singular Estes capaz de matar E incapaz de condolerte.
***
¡Oh tú, bella copia dura Que ostentas tanta crueldad! Concédete á la piedad, O niégate á la hermosura.
¿Cómo, divino imposible, Siempre te muestras airada, Para dar muerte, animada, Para dar vida, insensible?
¿Porqué, hermosa pesadumbre De una humilde voluntad, Ni dejas la libertad, Ni aceptas la servidumbre?
Pues porque en mi pena entiendas Que no es amarte servicio, Violentas el sacrificio Y no agradeces la ofrenda.
Desprecia siquiera, dado Que aun eso tendré por gloria, Porque el desden ya es memoria, Y el desprecio ya es cuidado.
Mas ¿cómo piedad espero, Si descubro en tus rigores Que con un velo de flores Cubres un alma de acero?
De Lisi imitas las raras Facciones, y en el desden ¿Quién pensara que tambien Su condicion imitaras?
¡Oh Lisi! de tu belleza Contempla la copia dura, Mucho mas que en la hermosura Parecida en la dureza!
***
IX.
_En la profesion de una religiosa._
Hoy una niña, que abrasa Un amoroso volcan, Sin mirar el qué dirán, Por el vicario se casa.
Su recato comedido Paró en empeño amoroso, Porque dice que su esposo Entre puertas la ha cogido.
Hoy logra su fino intento, Que ha sido tan deseado, Pues un año há que le ha dado Palabra de casamiento.
No digo yo que esta es cosa Con que su virtud se impida, Que ántes pasará una vida Como de una religiosa;
Porque es el con quien se casa Da condicion tan precisa, Que ni aun para que oiga misa La deja salir de casa.
Pero causa novedad, Aunque es tan santo el intento, Ver que pare en casamiento Su voto de castidad.
De su esposo los primores Su corazon abrasaron, Y por mas que la encerraron, Se nos casa por amores.
X.
_Sobre ti Santísimo Sacramento._
En el Sacramento ve A Dios mi fe sin antojos, Porque no hacen fe los ojos, Pero se hace ojos la fe.
En esta divina ofrenda Fué del amor mas victoria Dar la prenda de la gloria Con la gloria de la prenda.
Del alma es solo alimento, Y así guia mi fervor El sustento del amor, Y no el amor del sustento.
Aquí crece la aficion, Y es, si en posesion la veo, La posesion del deseo Deseo de posesion.
Pues tal delito á dar viene Que por mas que la posea, Quien tiene lo que desea Desea aquello que tiene.
Llegad, pues en su favor Todos los bienes se ven; Que el amor del Sumo Bien Es sumo bien del amor.
Llegó el hombre á la grandeza Que no alcanza el serafin, Y en la fineza del fin Vido el fin de la fineza.
ORACION
DEL PAPA URBANO VIII, TRADUCIDA DEL LATIN.
Ante tus ojos benditos Las culpas manifestamos, Y las heridas mostramos Que hicieron nuestros delitos.
Si el mal que hemos cometido Viene á ser considerado, Menor es lo tolerado, Mayor es lo merecido.
La conciencia nos condena No hallando en ella disculpa, Que respecto de la culpa Es muy liviana la pena.
Del pecado el duro azar Sentimos que padecemos, Y nunca enmendar queremos La costumbre del pecar.
Cuando en tus azotes suda Sangre la naturaleza, Se rinde nuestra flaqueza Y la maldad no se muda.
Cuando el pecado amancilla Con fiera herida la mente, Padece el alma doliente Y la cerviz no se humilla.
La vida, suelta la rienda En su acostumbrado error, Suspira con el dolor Y en el obrar no se enmienda.
Pues entre los dos estremos, En cualquiera peligramos: Si esperas, no la enmendamos; Si te vengas, nos perdemos.
De la afliccion el quebranto Nos obliga á contricion, Y en pasando la afliccion Se olvida tambien el llanto.
Cuando tu castigo empieza, Promete el temor humano; Y en suspendiendo la mano, No se cumple la promesa.
Cuando nos hieres, clamamos Que el perdon nos des que puedes; Y así que nos lo concedes, Otra vez te provocamos.
Tienes á la humana gente Convicta en su confesion, Que si no la das perdon, La acabarás justamente.
Concede el humilde ruego Sin mérito á quien criaste, Tú que de nada formaste A quien te rogara luego.
[Illustration]
GLOSAS.
I.
Luego que te ví te amé, Porque amarte y ver tu cielo, Bien pudieran ser dos cosas, Pero ninguna primero.
De mi vida la conquista Tuvo término en quererte, Y porque jamas resista, Celia, hasta llegar á verte Solamente tuve vista;
Pero aunque luego te amé, Como para que te amara Necesario el verte fué, Porque vista no faltara, _Luego que te ví te amé_.
Pero viendo mi ardimiento, Señora, tu tiranía Quiso con rigor sangriento Castigar como asadía Lo que en mí fué rendimiento.
Ofendióte mi desvelo, Mas no porque mi destino Incitado de mi anhelo Ofenderte quiso, sino _Por amarte y ver tu cielo_.
Y el no querer estimar Fué por no dar á entender Que yo te pude obligar, Como si el agradecer Fuera lo mismo que amar;
Que el mostrarse las hermosas. En ocasion oportuna Ya obligadas, ya amorosas, Aunque casi siempre es una, _Bien pudieran ser dos cosas_.
Mas con razon estás dura, Pues para tenerme atado En mi amorosa locura, Era superfluo tu agrado, Sobrándome tu hermosura;
Y así justamente espero En tu servicio finezas, Pues que tiene el mundo infiero Despues de ti mil bellezas, _Pero ninguna primero_.
II.
Si de mis mayores gustos Mis disgustos han nacido, Gustos al cielo le pido, Aunque me cuesten disgustos.
¡Oh qué mal, Fabio, resiste Mi amor mi suerte penosa! Pues la estrella que me asiste, De una causa muy gustosa Produce un efecto triste:
Porque los pesados sustos Que padezco desiguales En mis pesares injustos, No nacieron de mis males, _Sí de mis mayores gustos_.
Y de manera me ordena Los sucesos mi desdicha, Que, segun los encadena, Lo futuro de una dicha Es posesion de una pena.
Todo lo debo á Cupido; Pues de un favor que me dá, Que es siempre de prometido, Aun no está engendrado, y ya _Mis disgustos han nacido_.
Y aun han hecho efectos tales De mi estrella los desdenes Con efectos desiguales, Que aborrezco ya los bienes Como á causas de mis males.
Y así no llora el sentido El ver que carezco aquí De las dichas que he tenido, Porque solo para tí _Gustos al cielo le pido_.
Pues te quiero de manera Y el bien amí me limito, Que al cielo le agradeciera, Si el gusto que à mí me quito A tí, Fabio, te le diera.
Estimo tanto tus gustos, Que sin mirar mi pesar, O sean justos, ò injustos, Tus gustos he de comprar _Aunque me cuesten disgustos_.
[Illustration]
QUINTILLAS.
_A San Pedro._
Cual sumulista pretendo Iros, Pedro, replicando; Y pues vos, á lo que entiendo, Hicisteis juicio negando, Yo haré discurso infiriendo. ¿Quién os trajo á tanto mal, Que al mismo que ántes altivo Con ánimo sin igual Confesasteis por Dios vivo, Negais por hombre mortal? Dejadme, pues, que me asombre Que al Hijo del hombre allí Le deis de Dios el renombre, Y al Hijo de Dios aquí Le negueis conocer hombre. Mirad que en otra ocasion, Como es Dios-hombre compuesto Por ipostática union, Para negar el supuesto No os vale la distincion. Mal lógico, Pedro, estais, Pues cuando á Dios conoceis Y por tal le confesais, Antes se lo concedeis Y ahora se lo negais. Dicen que las señas son Las que os hacen mas patente, Y, sin mirar la ilacion, Dejando el antecedente, Le negais la conclusion. Si de una muger la ciencia Tiene razones precisas, Mirad, Pedro, que es violencia, Concedidas las premisas, Negarle la consecuencia. ¿Quién de vos, Pedro, dijera Siendo de ciencia un abismo, Que el argumento temiera, Pues el Evangelio mismo Dice qué os hicisteis fuera? Mejor las razones hila Vuestro acero, sin misterio, Pues cuando su corte afila Contra Malco, arguye en _ferio_ Y en _cœlarem_ con la _ancilla_. Vuestros brios arrogantes Negaron con juramento El que le servísteis ántes; Pues, Pedro, no hay argumento Contra _principia negantes_. Mas ya veo que advertido, Viendo el caso sin remedio, Llorais como arrepentido; Que es el arte de hallar medio De no quedar concluido.
[Illustration]
SONETOS.
I.
_Satisfaccion cumplida._
Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba, Como en tu rostro y tus acciones via Que con palabras no te convencia, Que el corazon me vieses deseaba;
Y amor, que mis intentos ayudaba, Venció lo que imposible parecía, Pues entre el llanto que el dolor vertia El corazon deshecho destilaba.
Baste ya de rigores, mi bien, baste; No te atormenten mas celos tiranos, Ni vil sospecha tu quietud contraste
Con sombras necias, son indicios vanos, Pues ya en líquido humor viste y tocaste Mi corazon deshecho entre tus manos.
II.
_En el dia de dias de un hermano de la poetisa._
¡Oh quien, amado Anfriso, te ciñera Del mundo las coronas poderosas! Que á coronar tus prendas generosas El círculo del orbe corto fuera.
¡Quién para eternizarte hacer supiera Mágicas confecciones poderosas, O tuviera las yerbas milagrosas Que feliz gustó Glauco en la ribera!
Mas aunque no halla medio mi cuidado Para que goces de inmortal la palma, Otro mas propio mi cariño ha hallado